Hablemos de libros y de cuentos, Literatura, Narración oral

Curiosidades del cuento Rapunzel

¿Seguro que conoces el cuento? Mira lo que descubrí.

El cuento de ‘Rapunzel’ es famoso gracias a la adaptación realizada por los hermanos Grimm. Fue publicado en 1812 en Alemania, en una recopilación de relatos germánicos llamada ‘Cuentos de la infancia y del hogar’. ¡Te cuento su verdadero origen y otros datos curiosos!

Una curiosidad, el origen de la historia de Rapunzel no es germánico, los hermanos pensaron que lo era al hacer la colección. Aquí te cuento otras que he descubierto sobre este cuento.

¿Sabías que Rapunzel es el nombre de una planta? Su nombre científico: ‘Campanula rapunculus. En la historia de los hermanos Grimm, una mujer embarazada tiene antojo de una flor (o planta) que se encontraba en el jardín de una bruja. El antojo era tan fuerte, que se negaba a comer cualquier otra cosa, y por eso su pareja va al jardín para tomar unas cuantas y prepara una ensalada. La mujer continúa con el antojo, por lo que el esposo vuelve al jardín para tomar más flores, pero es atrapado por la bruja. Ella le ofrece un trato:  darle las flores, a cambio de su hija. Así, la bruja obtiene a la niña cuando nace, y la llama Rapunzel, pues ese era el nombre de la flor que su madre comía de su jardín.

rapunzel

Ilustración de Arthur Rackham (1909) – Imagen: Wikimedia.-

Otra curiosidad: Rapunzel se basa en historias anteriores. Se ha encontrado un manuscrito del cuento persa ‘Shāhnāmé‘, muestra a Rudabeh ofreciéndole su cabello a Zāl (1674) En la versión de los hermanos Grimm, la bruja se lleva a Rapunzel debido a que su padre robó de su jardín unas campanillas para su esposa, pero existen versiones anteriores a este relato. La versión más temprana de esta historia es de origen persa, y trata sobre la historia del rey Zāl y Rudabeh. Es un poema épico escrito por Ferdousí en el libro Shāhnāmé, y trata sobre cómo se conocieron Zāl y Rudabeh. En el cuento, Rudabeh ofrece su largo cabello para que Zāl pueda subir a donde ella se encontraba, pero Zāl dice que no porque podría lastimarse, y que en lugar de eso podía usar una soga. De esa historia surgieron otras más, Petrosinella (1634) por Giambattista Basile; Persinette (1698) por Charlotte-Rose de Caumont de La Force; Rapunzel (1790) por Friedrich Schulz (traducción de Persinette); y por último la famosa adaptación de los hermanos Grimm, Rapunzel (1812).

¿Sabías que hay Miles de adaptaciones? La más conocida de esta historia, y que en general se encuentra en la mayoría de sus adaptaciones, es “Rapunzel, deja caer tu cabello”, y en la actualidad es considerada una expresión de cultura popular, realizada por los hermanos Grimm. Pero ha tenido un sinfín de adaptaciones, tanto literarias como películas, series animadas y live-action. Las más conocida actualmente es la adaptación de Disney llamada Enredados, que salió en 2010.

No todas las versiones tienen Final feliz. El final de Rapunzel de los hermanos Grimm es feliz, pero no sin antes haber tenido malos momentos… Cuando la bruja se entera de que Rapunzel estuvo con el príncipe y que está embarazada, le corta el cabello y la destierra a un bosque. Cuando el príncipe va a visitarla de nuevo, la bruja usa el cabello de Rapunzel para engañar al príncipe. Al darse cuenta de lo que sucedía, y luego de que la bruja le dijera que nunca vería a Rapunzel de nuevo, se lanza fuera de la torre y cae en espinos, que aunque le salvaron la vida, lo dejan ciego. El príncipe, cegado, vaga por los bosques buscando a Rapunzel, hasta que un día la escucha cantar. Al reencontrarse, se da cuenta de que Rapunzel tuvo gemelos, y ella, con sus lágrimas, le cura la ceguera. El príncipe la lleva a su reino y viven felices por siempre. La bruja, después de que el príncipe cayera de la torre, accidentalmente suelta el cabello de Rapunzel de donde estaba colgado, y queda atrapada en la torre.

Seguramente debe haber más curiosidades sobre este cuento… pero hasta aquí llego hasta que encuentre algo nuevo.

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Los animales como protagonistas.

Cuentan que el zorro… es de los personajes más populares y aparece en muchos cuentos como el “pícaro”.

En ciertos cuentos nos hemos acostumbrado a entregar ciertos atributos humanos a seres que, o son inanimados o no son humanos. Tal como ya lo hicimos alguna vez con los dioses, los animales han recibido por nuestra parte una serie de atributos que asociamos a la naturaleza humana. Así podemos ver asociar la lealtad a los perros, la sabiduría en los búhos, o la locura a las cabras. Desde tiempos pretéritos, los animales han formado parte de este escenario de seres a veces considerados mágicos, otras veces malévolos, y otros como anuncios de buena suerte.

El zorro tiene una fama ambigua. Por siglos se lo ha considerado como un animal inteligente y escurridizo y, que gracias a esa misma ágil astucia, es poco confiable. Basta recordar las fábulas de Esopo con su Zorro y las uvas o El zorro y la cigüeña para darnos cuenta de cómo identificamos a este animal desde nuestra niñez. Un zorro que es capaz de mentir y adular con tal de conseguir lo que quiere, es un verdadero estratega a la hora de lograr un objetivo. El mismo Nicolás Maquiavelo lo menciona en su afamado El Príncipe: «Hay que ser zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos», aludiendo a la astucia de este animal.

Kitsune, en Japón, significa zorro y representa a un espíritu del bosque, al igual que lo hace en la cultura celta anglosajona. Es un cuidador de ese espacio y quien mejor lo conoce por lo que es fácil entender que se mueve con agilidad entre sus recovecos, aludiendo así a su actitud huidiza y esquiva. En la mitología japonesa, el zorro es percibido como un ser inteligente y sabio, poderoso a medida que envejece y con una habilidad mágica que le permite converstirse en un anciano, emular a una persona en particular, pero por sobre todo parecer una bella y joven mujer, engañandor más que nada por diversión, como una travesura pues su labor esencial es la de cuidador.

En la mitología celta, el zorro es un guardián, un guía de los espíritus del bosque. Los zorros han simbolizado en el folclore occidenteal la astucia, el ingenio y muchas veces el engaño; esa habilidad de observar al otro y preveer sus moviemientos, siempre sin ser vistos ni advertidos. Por ejemplo, en la cultura finlandesa los zorros personificaban el triunfo de la inteligencia por sobre la maldad y la fuerzaordica, el zorro se relaciona con el mito de las auroras boreales, aia por sobre la maldad y la fuerza abruta, no considerándolos bruta, no considerándolos animales malvados, sino ingeniosos y astutos; por su parte los nórdicos ven  al zorro en relación con el mito de las auroras boreales, donde se cuenta que un zorro  al cruzar las mesetas árticas va iluminando el cielo con el destello que se desprenden de su cola, mientras se arremolina la nieve, como pequeñas chispitas como si fueran luciérnagas.

En Latinoamérica hay múltiples leyendas que tiene al zorro como animal protagonista, entre ellos la mapuche El zorro y la perdiz, donde el zorro es parte del mito de la creación, subrayando las características favorables de la astucia y prudencia.

Volviendo a la literatura, el Roman de Renart  es otro clásico libro que tiene como protagonista a un zorro. Es más, se hizo tan popular desde su creación en los siglos XII y XIII, que en francés renard -nombre del personaje- pasó a convertirse en la palabra zorro, en vez de la antigua palabra en latín goupil. Este conjunto de poemas en francés fue escrito como una epopeya por distintos autores en un largo periodo de tiempo y donde existían otros animales, y que juntos parodiaban la épica y la novela cortés, todo ambientado en una sociedad animal que imita a la humana.

Beatrix Potter (1866-1943), autora inglesa creadora de El conejo Pedro o La oca Carlota, tiene como figura al señor Tod, un zorro elegantemente vestido que, en El cuento Jemima Pata de Charco,engaña con sus encantos a la confiada Jemina. En Pinocho, del italiano Carlo Collodi (1826-1890), el zorro es un personaje que aparece tentando al pequeño niño de madera en su camino a la escuela, engañándolo y promoviendo en él una serie de malos hábitos, reforzando la personificiación de  lo embaucador del animal en la literatura.

El francés Antoine de Saint-Exupery (1900-1943) refresca la imagen del zorro en su afamado El Principito (1943), dejando de lado la mala fama y haciendo énfasis en el carácter indomable de su naturaleza, pero a la vez pidiendo en alguna medida la domesticación, es decir, la creación de un lazo afectivo que una al Principito y al zorro.

El zorro de Superzorro (Alfaguara, 2002) de Roald Dahl (1916-1990) es quizás el mejor ejemplo de un cambio en la mirada del personaje del zorro. En donde se veían características negativas, Dahl implanta su reverso positivo. Siempre elegante y audaz, el fantástico señor Fox es una nueva mirada a la figura simbólica de este animal, resignificando su legado en la literatura infantil; y de cómo percibimos a este animal colorado en su solitaria y escurridiza forma de vida y de superviviencia.

El zorro, animal que provoca y subvierte el orden con sus bromas y engaños sin maldad pero con astucia y que se mueve entre las sombras, es poseedor de sabiduría y magia. Sigiloso vive en el bosque, su espacio por excelencia y que bien conoce y usa en su beneficio, siempre mutando y guiando a otros hacia nuevos encuentros. El zorro es de alguna forma entonces un recordatorio del constante cambio en que se vive en la naturaleza, inherente al ser humano con todo lo misterioso y oculto que aún habita en ella. Así como señala el antropólogo Joseph Campbell.

El zorro es uno de los animales sagrados, que como figura ha sido recurrente en la historia y aparece como un trickster, un arquetipo, cuyas travesuras son de origen divino y que ponen de cabeza todo el mundo para que este se mueva y se transforme, siempre en una dinámica de continuo movimiento, de continuo fluir, como el paso de las estaciones y como la vida misma.

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Cuentos encadenados

Pensemos en una historia entera, con principio, nudo y desenlace. Cuentos que tienen por protagonista animales. Cuentos que repiten algunas frases, una y otra vez. ¿Ya saben a cuales me refiero? Entónces, comencemos el recorrido por estos cuentos, los cuentos acumulativos o de encadenamiento, de éstos quiero hablar hoy.

Los cuentos acumulativos o de encadenamiento son, cuentos populares cuyos protagonistas suelen ser animales, en los que existe una “fórmula” previa que se va repitiendo según van apareciendo nuevos personajes y a la que se va añadiendo una nueva frase o palabra con el personaje nuevo.

No debemos olvidar que los cuentos, las historias, vienen de la tradición oral, de charlas alrededor de la lumbre en las que los más mayores del lugar contaban al público, niños o adultos, historias que ya venían de lo antiguo. Y así, de boca a oreja, las historias y leyendas se iban pasando a las siguientes generaciones.

De entre esas historias había unas a las que llamamos “cuentos de fórmula”Antonio Rubio en su libro “7 llaves de cuento”  nos explica de manera muy breve y sencilla de qué trata todo esto. Nos dice que los cuentos de fórmula son “esos primeros cuentos populares, exactos, líricos y de perfecta estructura, que en ocasiones no van más allá de un sencillo pareado”. Pone como ejemplo “El cuento de la banasta”:

Éste es el cuento de la banasta,

y con esto basta.

Pero, como continua diciendo Antonio Rubio, también los hay con una historia entera, con principio, nudo y desenlace. Aquí entrarían a formar parte los cuentos acumulativos o de encadenamiento.

Se consideran cuentos-juego en los que hay que intentar recordar la lista de personajes y acciones que se va creando. De hecho, era un juego común en los pueblos que cuando se contaba uno de estos cuentos cada vez le tocara a un niño repetir la lista y, aquel que se confundiera, pagara una prenda.

Dentro de este esquema general hay muchas variantes en este tipo de cuentos. Pueden ser un simple encadenamiento de acciones como en el Cuento del Queso:

Este es el cuento del queso de la vieja y el viejo.

Vino el ratón y se quiso zampar el queso de la vieja y el viejo.

Y el gato quiso comerse al ratón que se quiso zampar el queso de la vieja y el viejo.

Vino el perro y quiso morder el rabo al gato cuando quería comerse al ratón que se quiso zampar el queso de la vieja y el viejo…

Seguramente recuerden jugar/cantar la canción Estaba la rana sentada cantando debajo del agua”. Quizá no recordemos el orden en que aparecen los animales, lo que sí, recordamos, que los animales van cantando y haciendo callar, tal vez muchos nos los inventamos. Y es que eso también forma parte del juego, porque suelen ser cuentos abiertos que se pueden alargar lo que se quiera, siendo un buen recurso para la escuela, por ejemplo.

Los hay en los que los personajes aportan, según van apareciendo, una solución para un problema, general o particular. De estos hay muchos ejemplos, podemos mencionar “El Chivato”, “Historia de un nabo”. Podemos encontrar muchos más, tanto en cuentos de tradición como en libros modernos, que siguen esta corriente narrativa.

En cuanto a publicaciones hay gran variedad de ejemplos, unos que siguen de manera más fiel la estructura de estos cuentos y otros toman esta estructura como base para montar el cuento aunque tienen variantes.

Un ejemplo conocido de este tipo de cuento es “¿A qué sabe la luna?”, de Michael Grejniec, editado por Kalandraka. Bien es verdad que no tiene todos los esquemas de los cuentos de fórmula, como por ejemplo la estructura poética o la lista de personajes que se repiten una y otra vez. Pero en realidad si lo tiene ya que el autor nos propone la acumulación de manera visual a través de la ilustración en la que vamos viendo como los animales se van subiendo unos encima de otros.

Los hay también de “ida y vuelta”. Son aquellos en los que se suceden los personajes uno tras otro y en un determinado momento algo sucede que les hace retroceder hasta el inicio. Un ejemplo de ellos es el cuento de “El gallo Quirico”, que viene de la tradición oral.

De uno u otro tipo, los cuentos acumulativos son cuentos que tienen un formato fijo, que hay que saberse de memoria sin dejar paso a improvisaciones. Se tienen que contar así porque en ello reside la esencia del cuento. Y esa repetición es precisamente lo que engancha y gusta a los niños. Los niños de entre 2 o 3 años hasta los 6 o 7 disfrutan mucho con esa repetición y esa seguridad que le dan estos cuentos. Saben, aunque no conozcan el cuento, qué va a pasar a continuación y eso les relaja y les ayuda a disfrutar de la historia. Además favorece la memoria y les ayuda a aumentar su vocabulario.

La tradición, por suerte, sigue muy presente, en las historias que se cuentan a los niños y en las que se publican, ya sea recuperando ese boca a boca o creando nuevas historias. No perdamos esa tradición porque en ella está la sabiduría popular de años, y nuestra responsabilidad es la de mantenerla para los que vengan.

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