Hablemos de libros y de cuentos, Literatura, Narración oral

Curiosidades del cuento Rapunzel

¿Seguro que conoces el cuento? Mira lo que descubrí.

El cuento de ‘Rapunzel’ es famoso gracias a la adaptación realizada por los hermanos Grimm. Fue publicado en 1812 en Alemania, en una recopilación de relatos germánicos llamada ‘Cuentos de la infancia y del hogar’. ¡Te cuento su verdadero origen y otros datos curiosos!

Una curiosidad, el origen de la historia de Rapunzel no es germánico, los hermanos pensaron que lo era al hacer la colección. Aquí te cuento otras que he descubierto sobre este cuento.

¿Sabías que Rapunzel es el nombre de una planta? Su nombre científico: ‘Campanula rapunculus. En la historia de los hermanos Grimm, una mujer embarazada tiene antojo de una flor (o planta) que se encontraba en el jardín de una bruja. El antojo era tan fuerte, que se negaba a comer cualquier otra cosa, y por eso su pareja va al jardín para tomar unas cuantas y prepara una ensalada. La mujer continúa con el antojo, por lo que el esposo vuelve al jardín para tomar más flores, pero es atrapado por la bruja. Ella le ofrece un trato:  darle las flores, a cambio de su hija. Así, la bruja obtiene a la niña cuando nace, y la llama Rapunzel, pues ese era el nombre de la flor que su madre comía de su jardín.

rapunzel

Ilustración de Arthur Rackham (1909) – Imagen: Wikimedia.-

Otra curiosidad: Rapunzel se basa en historias anteriores. Se ha encontrado un manuscrito del cuento persa ‘Shāhnāmé‘, muestra a Rudabeh ofreciéndole su cabello a Zāl (1674) En la versión de los hermanos Grimm, la bruja se lleva a Rapunzel debido a que su padre robó de su jardín unas campanillas para su esposa, pero existen versiones anteriores a este relato. La versión más temprana de esta historia es de origen persa, y trata sobre la historia del rey Zāl y Rudabeh. Es un poema épico escrito por Ferdousí en el libro Shāhnāmé, y trata sobre cómo se conocieron Zāl y Rudabeh. En el cuento, Rudabeh ofrece su largo cabello para que Zāl pueda subir a donde ella se encontraba, pero Zāl dice que no porque podría lastimarse, y que en lugar de eso podía usar una soga. De esa historia surgieron otras más, Petrosinella (1634) por Giambattista Basile; Persinette (1698) por Charlotte-Rose de Caumont de La Force; Rapunzel (1790) por Friedrich Schulz (traducción de Persinette); y por último la famosa adaptación de los hermanos Grimm, Rapunzel (1812).

¿Sabías que hay Miles de adaptaciones? La más conocida de esta historia, y que en general se encuentra en la mayoría de sus adaptaciones, es “Rapunzel, deja caer tu cabello”, y en la actualidad es considerada una expresión de cultura popular, realizada por los hermanos Grimm. Pero ha tenido un sinfín de adaptaciones, tanto literarias como películas, series animadas y live-action. Las más conocida actualmente es la adaptación de Disney llamada Enredados, que salió en 2010.

No todas las versiones tienen Final feliz. El final de Rapunzel de los hermanos Grimm es feliz, pero no sin antes haber tenido malos momentos… Cuando la bruja se entera de que Rapunzel estuvo con el príncipe y que está embarazada, le corta el cabello y la destierra a un bosque. Cuando el príncipe va a visitarla de nuevo, la bruja usa el cabello de Rapunzel para engañar al príncipe. Al darse cuenta de lo que sucedía, y luego de que la bruja le dijera que nunca vería a Rapunzel de nuevo, se lanza fuera de la torre y cae en espinos, que aunque le salvaron la vida, lo dejan ciego. El príncipe, cegado, vaga por los bosques buscando a Rapunzel, hasta que un día la escucha cantar. Al reencontrarse, se da cuenta de que Rapunzel tuvo gemelos, y ella, con sus lágrimas, le cura la ceguera. El príncipe la lleva a su reino y viven felices por siempre. La bruja, después de que el príncipe cayera de la torre, accidentalmente suelta el cabello de Rapunzel de donde estaba colgado, y queda atrapada en la torre.

Seguramente debe haber más curiosidades sobre este cuento… pero hasta aquí llego hasta que encuentre algo nuevo.

Puntuación: 1 de 5.

Hablemos de libros y de cuentos, Literatura, Narración oral

Los animales como protagonistas.

Cuentan que el zorro… es de los personajes más populares y aparece en muchos cuentos como el “pícaro”.

En ciertos cuentos nos hemos acostumbrado a entregar ciertos atributos humanos a seres que, o son inanimados o no son humanos. Tal como ya lo hicimos alguna vez con los dioses, los animales han recibido por nuestra parte una serie de atributos que asociamos a la naturaleza humana. Así podemos ver asociar la lealtad a los perros, la sabiduría en los búhos, o la locura a las cabras. Desde tiempos pretéritos, los animales han formado parte de este escenario de seres a veces considerados mágicos, otras veces malévolos, y otros como anuncios de buena suerte.

El zorro tiene una fama ambigua. Por siglos se lo ha considerado como un animal inteligente y escurridizo y, que gracias a esa misma ágil astucia, es poco confiable. Basta recordar las fábulas de Esopo con su Zorro y las uvas o El zorro y la cigüeña para darnos cuenta de cómo identificamos a este animal desde nuestra niñez. Un zorro que es capaz de mentir y adular con tal de conseguir lo que quiere, es un verdadero estratega a la hora de lograr un objetivo. El mismo Nicolás Maquiavelo lo menciona en su afamado El Príncipe: «Hay que ser zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos», aludiendo a la astucia de este animal.

Kitsune, en Japón, significa zorro y representa a un espíritu del bosque, al igual que lo hace en la cultura celta anglosajona. Es un cuidador de ese espacio y quien mejor lo conoce por lo que es fácil entender que se mueve con agilidad entre sus recovecos, aludiendo así a su actitud huidiza y esquiva. En la mitología japonesa, el zorro es percibido como un ser inteligente y sabio, poderoso a medida que envejece y con una habilidad mágica que le permite converstirse en un anciano, emular a una persona en particular, pero por sobre todo parecer una bella y joven mujer, engañandor más que nada por diversión, como una travesura pues su labor esencial es la de cuidador.

En la mitología celta, el zorro es un guardián, un guía de los espíritus del bosque. Los zorros han simbolizado en el folclore occidenteal la astucia, el ingenio y muchas veces el engaño; esa habilidad de observar al otro y preveer sus moviemientos, siempre sin ser vistos ni advertidos. Por ejemplo, en la cultura finlandesa los zorros personificaban el triunfo de la inteligencia por sobre la maldad y la fuerzaordica, el zorro se relaciona con el mito de las auroras boreales, aia por sobre la maldad y la fuerza abruta, no considerándolos bruta, no considerándolos animales malvados, sino ingeniosos y astutos; por su parte los nórdicos ven  al zorro en relación con el mito de las auroras boreales, donde se cuenta que un zorro  al cruzar las mesetas árticas va iluminando el cielo con el destello que se desprenden de su cola, mientras se arremolina la nieve, como pequeñas chispitas como si fueran luciérnagas.

En Latinoamérica hay múltiples leyendas que tiene al zorro como animal protagonista, entre ellos la mapuche El zorro y la perdiz, donde el zorro es parte del mito de la creación, subrayando las características favorables de la astucia y prudencia.

Volviendo a la literatura, el Roman de Renart  es otro clásico libro que tiene como protagonista a un zorro. Es más, se hizo tan popular desde su creación en los siglos XII y XIII, que en francés renard -nombre del personaje- pasó a convertirse en la palabra zorro, en vez de la antigua palabra en latín goupil. Este conjunto de poemas en francés fue escrito como una epopeya por distintos autores en un largo periodo de tiempo y donde existían otros animales, y que juntos parodiaban la épica y la novela cortés, todo ambientado en una sociedad animal que imita a la humana.

Beatrix Potter (1866-1943), autora inglesa creadora de El conejo Pedro o La oca Carlota, tiene como figura al señor Tod, un zorro elegantemente vestido que, en El cuento Jemima Pata de Charco,engaña con sus encantos a la confiada Jemina. En Pinocho, del italiano Carlo Collodi (1826-1890), el zorro es un personaje que aparece tentando al pequeño niño de madera en su camino a la escuela, engañándolo y promoviendo en él una serie de malos hábitos, reforzando la personificiación de  lo embaucador del animal en la literatura.

El francés Antoine de Saint-Exupery (1900-1943) refresca la imagen del zorro en su afamado El Principito (1943), dejando de lado la mala fama y haciendo énfasis en el carácter indomable de su naturaleza, pero a la vez pidiendo en alguna medida la domesticación, es decir, la creación de un lazo afectivo que una al Principito y al zorro.

El zorro de Superzorro (Alfaguara, 2002) de Roald Dahl (1916-1990) es quizás el mejor ejemplo de un cambio en la mirada del personaje del zorro. En donde se veían características negativas, Dahl implanta su reverso positivo. Siempre elegante y audaz, el fantástico señor Fox es una nueva mirada a la figura simbólica de este animal, resignificando su legado en la literatura infantil; y de cómo percibimos a este animal colorado en su solitaria y escurridiza forma de vida y de superviviencia.

El zorro, animal que provoca y subvierte el orden con sus bromas y engaños sin maldad pero con astucia y que se mueve entre las sombras, es poseedor de sabiduría y magia. Sigiloso vive en el bosque, su espacio por excelencia y que bien conoce y usa en su beneficio, siempre mutando y guiando a otros hacia nuevos encuentros. El zorro es de alguna forma entonces un recordatorio del constante cambio en que se vive en la naturaleza, inherente al ser humano con todo lo misterioso y oculto que aún habita en ella. Así como señala el antropólogo Joseph Campbell.

El zorro es uno de los animales sagrados, que como figura ha sido recurrente en la historia y aparece como un trickster, un arquetipo, cuyas travesuras son de origen divino y que ponen de cabeza todo el mundo para que este se mueva y se transforme, siempre en una dinámica de continuo movimiento, de continuo fluir, como el paso de las estaciones y como la vida misma.

Puntuación: 1 de 5.

Hablemos de libros y de cuentos, Literatura, Narración oral

Cuentos encadenados

Pensemos en una historia entera, con principio, nudo y desenlace. Cuentos que tienen por protagonista animales. Cuentos que repiten algunas frases, una y otra vez. ¿Ya saben a cuales me refiero? Entónces, comencemos el recorrido por estos cuentos, los cuentos acumulativos o de encadenamiento, de éstos quiero hablar hoy.

Los cuentos acumulativos o de encadenamiento son, cuentos populares cuyos protagonistas suelen ser animales, en los que existe una “fórmula” previa que se va repitiendo según van apareciendo nuevos personajes y a la que se va añadiendo una nueva frase o palabra con el personaje nuevo.

No debemos olvidar que los cuentos, las historias, vienen de la tradición oral, de charlas alrededor de la lumbre en las que los más mayores del lugar contaban al público, niños o adultos, historias que ya venían de lo antiguo. Y así, de boca a oreja, las historias y leyendas se iban pasando a las siguientes generaciones.

De entre esas historias había unas a las que llamamos “cuentos de fórmula”Antonio Rubio en su libro “7 llaves de cuento”  nos explica de manera muy breve y sencilla de qué trata todo esto. Nos dice que los cuentos de fórmula son “esos primeros cuentos populares, exactos, líricos y de perfecta estructura, que en ocasiones no van más allá de un sencillo pareado”. Pone como ejemplo “El cuento de la banasta”:

Éste es el cuento de la banasta,

y con esto basta.

Pero, como continua diciendo Antonio Rubio, también los hay con una historia entera, con principio, nudo y desenlace. Aquí entrarían a formar parte los cuentos acumulativos o de encadenamiento.

Se consideran cuentos-juego en los que hay que intentar recordar la lista de personajes y acciones que se va creando. De hecho, era un juego común en los pueblos que cuando se contaba uno de estos cuentos cada vez le tocara a un niño repetir la lista y, aquel que se confundiera, pagara una prenda.

Dentro de este esquema general hay muchas variantes en este tipo de cuentos. Pueden ser un simple encadenamiento de acciones como en el Cuento del Queso:

Este es el cuento del queso de la vieja y el viejo.

Vino el ratón y se quiso zampar el queso de la vieja y el viejo.

Y el gato quiso comerse al ratón que se quiso zampar el queso de la vieja y el viejo.

Vino el perro y quiso morder el rabo al gato cuando quería comerse al ratón que se quiso zampar el queso de la vieja y el viejo…

Seguramente recuerden jugar/cantar la canción Estaba la rana sentada cantando debajo del agua”. Quizá no recordemos el orden en que aparecen los animales, lo que sí, recordamos, que los animales van cantando y haciendo callar, tal vez muchos nos los inventamos. Y es que eso también forma parte del juego, porque suelen ser cuentos abiertos que se pueden alargar lo que se quiera, siendo un buen recurso para la escuela, por ejemplo.

Los hay en los que los personajes aportan, según van apareciendo, una solución para un problema, general o particular. De estos hay muchos ejemplos, podemos mencionar “El Chivato”, “Historia de un nabo”. Podemos encontrar muchos más, tanto en cuentos de tradición como en libros modernos, que siguen esta corriente narrativa.

En cuanto a publicaciones hay gran variedad de ejemplos, unos que siguen de manera más fiel la estructura de estos cuentos y otros toman esta estructura como base para montar el cuento aunque tienen variantes.

Un ejemplo conocido de este tipo de cuento es “¿A qué sabe la luna?”, de Michael Grejniec, editado por Kalandraka. Bien es verdad que no tiene todos los esquemas de los cuentos de fórmula, como por ejemplo la estructura poética o la lista de personajes que se repiten una y otra vez. Pero en realidad si lo tiene ya que el autor nos propone la acumulación de manera visual a través de la ilustración en la que vamos viendo como los animales se van subiendo unos encima de otros.

Los hay también de “ida y vuelta”. Son aquellos en los que se suceden los personajes uno tras otro y en un determinado momento algo sucede que les hace retroceder hasta el inicio. Un ejemplo de ellos es el cuento de “El gallo Quirico”, que viene de la tradición oral.

De uno u otro tipo, los cuentos acumulativos son cuentos que tienen un formato fijo, que hay que saberse de memoria sin dejar paso a improvisaciones. Se tienen que contar así porque en ello reside la esencia del cuento. Y esa repetición es precisamente lo que engancha y gusta a los niños. Los niños de entre 2 o 3 años hasta los 6 o 7 disfrutan mucho con esa repetición y esa seguridad que le dan estos cuentos. Saben, aunque no conozcan el cuento, qué va a pasar a continuación y eso les relaja y les ayuda a disfrutar de la historia. Además favorece la memoria y les ayuda a aumentar su vocabulario.

La tradición, por suerte, sigue muy presente, en las historias que se cuentan a los niños y en las que se publican, ya sea recuperando ese boca a boca o creando nuevas historias. No perdamos esa tradición porque en ella está la sabiduría popular de años, y nuestra responsabilidad es la de mantenerla para los que vengan.

Puntuación: 1 de 5.

Coronavirus, COVID-19, Literatura, Narración oral

El humor en la literatura infantil

En estos tiempos de Covid- 19 donde los niños de Argentina, y el resto del mundo, están en sus casas desde el mes de febrero, con distanciamiento social preventivo obligatorio. Dicen en las noticias que algunos pequeños están manifestando trastornos de ansiedad, miedos, se observan cambios en sus conductas. Sabemos que están tomando clases a través de la virtualidad, que están aislados de otros niños y sin los abrazos sus familiares mayores, sus abuelos. No podemos cambiar esta “nueva normalidad” que no tiene con certeza fin, pero si nosotros, los narradores, podemos buscar o incorporar en nuestros repertorios los cuentos de humor. Narrar estos cuentos para provocar la risa.

Beneficios de la risa


     Todos sabemos que existen estudios médicos y científicos que demuestran las propiedades y efectos beneficiosos que ejerce la risa en nuestro organismo. 
     El humor es un mecanismo fisiológico para enfrentarse al estrés, para superar situaciones que nos producen miedo, angustia, duelo… La risa y el humor nos hace incrementar la sensación de control sobre este tipo de situaciones, generando un estado de bienestar psíquico y físico que nos sirve de terapia. Porque la risa es terapéutica: beneficia al sistema inmunológico, oxigena la sangre, libera tensiones, produce relajación muscular, y previene enfermedades cardiovasculares, hipertensión, dolencias estomacales y gastrointestinales,  cáncer, y ayuda a enfrentarse a los fracasos, a las derrotas y a disfrutar de las metas conseguidas.

¿Qué les hace reír a los niños y a las niñas?

Cuando son bebés, ríen por imitación. Más adelante, cuando tienen uno o dos años, se ríen al ver algo inesperado, poco habitual, o cuando algún adulto les hace cosquillas, gracias, sonidos raros, muecas, gestos graciosos. A partir de los tres años, cuando ya han adquirido cierto dominio del lenguaje, aparece el  sentido del humor verbal, se ríen de y con las palabras.     En general, los niños se ríen de:
-La sorpresa.-Lo insólito.-Lo disparatado.-Lo inesperado.-Las exageraciones.-El equívoco.-La inversión.-Las transgresiones a las normas lingüísticas, lógicas y sociales cotidianas.-La ambigüedad.-Las situaciones impredecibles.-Las palabras inesperadas.-Los finales sorprendentes.-Las imágenes chocantes.-Las travesuras.-Los errores o equivocaciones.-Los temas tabú, prohibidos o escatológicos.-Las críticas o burlas a la autoridad de los adultos.-El absurdo.-La ironía.-La parodia.

Humor y Literatura Infantil


     Todos sabemos bien que para que un cuento enganche a los niños y niñas debe combinar varios ingredientes:      -Personajes y conflictos con los que se sientan identificados.     -Aventuras, misterio…     -Humor.
     Y es que el humor, a través de la Literatura, también ejerce sus beneficios: favorece el buen desarrollo de los niños y niñas, facilita su socialización, estimula el lado cognitivo, sensorial, emocional y expresivo, les ayuda a madurar y crecer, a ser lectores capaces de interpretar los textos de una manera crítica, desde sus múltiples sentidos… Y les proporciona bienestar y ganas de reírse con el lenguaje y de disfrutar, que es de lo que se trata. El humor y la ironía son recursos presentes en muchos libros infantiles. El humor permite crear situaciones imposibles, tramas enredadas y circunstancias inesperadas que sorprenden a los pequeños lectores y que, sobre todo, les permiten conocer herramientas y estructuras que despiertan su imaginación y su creatividad. Los cuentos de humor divierten a los niños, les invitan a imaginar situaciones increíbles (que pueden ser más o menos reales) y a descubrir la lectura como una actividad fascinante con la que pueden ver lo que les rodea de una manera diferente. El humor es un elemento común en los libros para niños de 9 a 11 años, pero también es un recurso que aparece en historias dirigidas a niños más pequeños, que ya disfrutan con situaciones cómicas y exageradas.

Literatura, Narración oral, Nota

¿Por qué nos gusta contar historias?

Contamos desde siempre. Desde tiempos antiguos. Contamos y escuchamos. Cada uno con sus formas y ritmos, con su propia experiencia de vida. Contamos y viajamos donde suceden las historias. Contamos y resonamos en el otro. A veces los cuentos nos develan sus secretos, nos ayudan a comprender sobre los ciclos de la vida, otras veces, nos los cuentos  nos usan a nosotros como vías para llegar a otros seres o a otros lugares del mundo. No hay un modelo a seguir, pues son los cuentos quienes nos eligen para ser contados a través de nuestra propia voz, todos somos innatos.

Las historias tienen siempre “ese gusto” diferente

Sobre todo si son reales y pasaron hace mucho tiempo. Es que los hechos pueden trascender gracias a estas narraciones, que pueden ser orales o escritas.

Hay algo que siempre llama la atención en los pueblos alejados de las metrópolis y son los relatos populares. En ellos se cuentan cosas que ocurrieron hace mucho o bien que explican un suceso en particular, como son las leyendas. Van mucho más del entretenimiento y la diversión porque sirven para conocer más sobre una cultura, un evento, una tradición.

Los neurocientíficos y psicólogos están analizando por qué nos gusta contar y escuchar historias, sin importar la edad que tengamos. Al parecer, nuestro cerebro está programado para disfrutar de cualquier relato porque influyen directamente en nuestras emociones y reviven momentos del pasado, ya sea propio o de una nación o pueblo. Una narración entonces nos genera una “conexión”, una “identificación” y por eso es que nos encantan.

Muchas de las preguntas que se plantean los expertos tienen que ver con nuestra historia como animales en sociedad. Nos gusta contar historias sobre otros y para otros. Nos ayudan a informar sobre lo que ocurrió u ocurre en nuestra comunidad, por más que sea un hecho imaginario. Permite a la vez interactuar con otras personas, que nos presten atención, enseñar sobre algo en particular. Además, los cuentos tienen el poder de la persuasión y motivan a experimentar diversas emociones y hasta de generar empatía.

Una fábula es algo universal, no sabe de épocas, costumbres, idiomas o religión. En todas las culturas de la historia se han desarrollado por diversos motivos. Los antropólogos encuentran todo el tiempo cuentos populares en una cueva, un pedazo de cuero, un campo con piedras, etc. Pueden estar en sánscrito, en sumerio, en egipcio o en latín, pero lo cierto es que todas las civilizaciones humanas entretejieron sus propias historias, muchas de ellas, similares entre sí aunque las separan siglos o miles de kilómetros.

En la antigüedad era común que se narrara sobre lo ocurrido ese día o bien sobre un hecho “destacado” de la comunidad: las salidas de caza, las recolecciones históricas (por llamarlas de algún modo), el momento en que entre dos hombres pudieron hacerle frente a un mamut, etc. También era frecuente contar sobre los fenómenos naturales en forma de leyenda, como ser por qué la luna es redonda algunos días del año, el poder de la lluvia o las razones por las que sale el sol cada mañana.

Los orígenes de los cuentos pueden tener una relación en nuestro pasado evolutivo. Han pasado miles de años y la mayoría de las personas afirman que las mejores historias son las que se transmiten de generación en generación, las que no suelen estar escritas. ¿Por qué? Básicamente porque tienen algo diferente, una interpretación del que las narra, un poco de emoción y hasta de ficción. El “transporte narrativo” como lo llaman los psicólogos es el que permite viajar por el tiempo, imaginar que estamos en ese preciso momento en que sucede la historia, involucrarnos con el personaje principal, entender por qué actuó de una forma y no de otra, etc.

Las tres ideas que hasta el momento se han desarrollado en relación a la empatía por contar y escuchar cuentos

1-Relatar o narrar es inherente a todo ser humano, algo universal. Las historias contienen temas en común a cualquier civilización, sin importar el momento en que aparecieron, el idioma, el lugar o la religión o creencias.

2-Las características de los relatos y la afición natural por ellos nos revelan algunas claves sobre la historia evolutiva del hombre, así como también el origen de las emociones y la empatía, todas presentes en nuestra mente.

3-Los estudios sobre el poder que tiene la narrativa para influir en las ideas y creencias todavía tiene un largo camino por recorrer, pero hasta el momento han descubierto cosas fantásticas, como por ejemplo los análisis mentales que hacemos, la relación e identificación que tenemos por esa historia en particular según nuestras experiencias y vivencias y cómo podemos aceptar ideas nuevas.

Puntuación: 1 de 5.

Literatura, Narración oral

Cuente – El poder de la palabra

Anímese: Cuente una historia

Revisando carpetas de mi Google Drive encontré esta joyita que les paso a compartir. Un texto de Graciela Montes exquisito. No me pregunten de dónde lo saqué, no tengo la fuente, quizá me lo hayan pasado cuando ejercia la docencia en el nivel inicial y quedó ahí a la espera de ser descubierto, de salir del letargo para darle vida ante nuevos ojos lectores.

Cuente (Graciela Montes)

Quiere hacer algo imprevisto y ganarse una cuota de libertad? Cuéntese un cuento. Un cuento que a usted le contaron alguna vez, que recuerda tal vez imperfectamente. Un cuento nuevo, que improvisa mientras cuenta. Un relato de la memoria. Lo que leyó en un libro. Una película. Lo que le sucedió esta mañana mientras salía de casa. Alguna historia para contar hay siempre. Y no tema, siempre va a haber alguien que quiera escucharla, también hay hambre de historias.

Es cierto que últimamente es poco lo que contamos. Nos falta la confianza, o la ocasión, o el deseo. Los que cuentan son siempre otros, a nosotros parece tocarnos el papel de espectadores lejanos. Pero usted no haga caso, cuente. No se deje amedrentar por el ruido, por los fragmentos que nos caen encima desde los medios de comunicación, redundantes y perentorios, como lluvia, que llegan sin pedir permiso, sin darnos resuello ni dejarnos espacio para el recogimiento. Usted haga a un lado todo eso, y cuente.

Tómese tiempo. Pida cuentos también, como hace un niño. Aprenda de él. Sólo un niño, en su radiante prepotencia de niño, sabe pedir un cuento. Dramáticamente, como cosa de vida o muerte, sin pudor ni mezquindades. Piense que el niño sabe bien de qué se trata, aunque usted lo haya olvidado.

Cuente, porque contando usted estará horadando los muros de la prisión, ganando espacio. Contar es un acto de libertad muy apreciable. Más todavía: contar y pedir que a uno le cuenten es, en medio de la industria cultural, un acto revolucionario, no previsto y al margen del mercado. Encontrar laboriosamente, después de alguna introspección, algo para contar y tejer desde ahí un pequeño relato personal, que no tenga formato televisivo, constituye una aventura extraordinaria.

Antes parecía más sencillo, menos arduo. El que había viajado, el que había leído, el que había vivido podía contar. Tenía para contar, traía historias en el morral, y tenía confianza en poder contarlas. Hoy no entendemos muy bien cómo hay que hacer acopio. Ni cuáles son las historias que vale la pena conservar. Tanto más valiente entonces el que cuente. Y el que pida que le cuenten y pare la oreja y se disponga a la espera.

Cuente, vuelva a contar. Piense que, cuando usted cuenta, el tiempo está a sus pies. El tiempo, el gran ogro general, lo obedece. Usted está ahí —una persona entre muchas— y de pronto empieza a contar. La escena es seguramente trivial, una escena cotidiana, porque usted está de sobremesa, o viajando en tren, o esperando en la vereda. Pero usted empieza a contar y, de pronto, se abre una fisura en la escena. El tiempo de todos los días, el tiempo “natural” digamos (el tiempo dentro del cual su narrar acontece, con su decorado tan conocido) se abre y deja paso a “otro tiempo”, su propio tiempo artesanal, el que usted está fabricando palabra a palabra con su relato.

Aparentemente no ha sucedido nada y, sin embargo, la suya ha sido una pirueta extraordinaria. Usted ha dado un salto, se ha montado sobre las palabras y tomado las riendas. Se mantiene en equilibrio, tensa la cuerda. Si lo hace más o menos bien, el que escucha penderá de usted, usted será el dueño del cuento y del tiempo por un rato.

El poder de la palabra

Piense que se trata de un poder muy apreciable, no habría que desperdiciarlo. Con ese poder especulaba Scherezada para demorar la sentencia del rey Schariar. Sabía, como buena narradora que era, que nada malo le sucedería mientras pudiera seguir contando y comprometiendo a su público en el cuento, puesto que ahí, adentro del cuento, eran otras las reglas. De cuento en cuento el alfanje se mantendría en vilo, de cuento en cuento se podría seguir viviendo.

Claro que tal vez su relato no alcance para hechizar a nadie, puede ser una pequeña anécdota, algo muy breve. De todas formas, mientras dure, usted mantendrá lo fatal a raya.

Es cierto que hay virtuosos, gente que parece hecha para contar y que, mientras cuenta, lo sostiene a uno en el aire. Pero no todas las formas de contar tienen que ser verbosas. Hay formas mínimas que tienen filo y fuerza. Un ex seminarista me contó una vez la historia de cómo fue que abandonó los hábitos luego de presenciar el apareamiento entre un potro y una yegua desde la ventana de su celda. Fue una espléndida narración de veinte minutos. El Negro Díaz, que era un magnífico narrador y podía contar lo que veía, fue capaz de convertir una breve escena de Venecia rojo shocking —el arquitecto en la escalera, restaurando el mural— en un relato de suspenso.

Pero también me contaron una historia de amor trunco en estos términos: “«él quiso abrazarme pero yo me escapé, me metí entre las cañas. «él me buscó un rato y después se fue. ¡Mire si me encontraba!” Justamente, también por ahí pasa lo revolucionario de contar y de darle ocasión al cuento: vuelve la variedad, las distintas voces, las miradas.

¿Será posible contar una historia sin refugiarse en el formato talk-show, flash de noticias o teleteatro? A veces parecería que no, que ya hemos capitulado, rendido todo discurso. Cuando hay un asalto y los noteros entrevistan a los testigos ocasionales, estos testigos dan su versión en términos de noticia de último momento, y es posible que hayan percibido los acontecimientos así, en términos de noticia, como si eso que acaba de suceder fuese historia vieja, contada ya muchas veces. La forma dominante se interpone, incluso reemplaza a la experiencia.

Contar, volver a contar no es un gesto menor, afloja las soldaduras, introduce una cuña en lo establecido. Parte de lo que la escuela tendría que ofrecer hoy es la ocasión de contar. No pienso en grandes historias fantásticas, en relatos prestigiosos, no sólo en eso sino, mucho antes, en el relato mínimo. Una ocasión de contar. Una pequeña brecha.

Que le den a uno la palabra y le influya confianza en poder contar.

Biografía de Graciela Montes

Nació en Buenos Aires en 1947. Es escritora, editora y traductora. Ha publicado libros para niños y jóvenes que circulan por todos los países de habla hispana, han sido traducidos al alemán, al catalán, al coreano, al griego, al hebreo, al italiano, al portugués y al tailandés, y han obtenido importantes distinciones. Es autora, además, de las novelas El umbral (1998) y Elísabet (1999) y de los ensayos La frontera indómita (1999) y El corral de la infancia (2001). La Fundación El Libro le otorgó en 1999 el Premio Pregonero de Honor, una distinción que tiene como objetivo fundamental dar público reconocimiento a los difusores de la literatura infantil y juvenil argentina. En 2004 la Fundación Konex distinguió su trayectoria profesional con el Diploma al Mérito en la categoría “Literatura Infantil”, galardón que se otorgó a los escritores más destacados en los últimos diez años. Por la obra El turno del escriba, escrita en coautoría con Ema Wolf, ganó el VIII Premio Alfaguara de Novela 2005.

Puntuación: 1 de 5.

Literatura, Narrar a la primera infancia, Nota

Literatura, niños y algunos fantasmas.

Un recorrido a través de la historia de la vinculación de los niños con la literatura

En esta nota voy a hacer un recorrido por la historia de la literatura en relación a los niños, para reflexionar, abarcando algunos conceptos que estimo fundamentales en la vinculación adulto – literatura infantil – niños. Haciendo foco en la importancia del adulto mediador (sea familias, docentes, bibliotecarios o narradores) entre la literatura y los niños con el fin de pensar y encontrar diversos criterios de selección.

Es necesario recordar que históricamente la vinculación de los niños con la literatura estuvo marcada muy fuertemente por el imaginario social, por la imagen de niño construída por diversas épocas. A modo de ejemplo, podría pensarse en en “anonimato” de la Edad Media. En ese período, una vez que el niño sobrevivía a una primera etapa frágil en la cual era objeto del cuidado cariñoso del adulto, ingresaba de lleno a su mundo, en donde compartía con él la misma educación, los mismos trabajos, los mismos juegos, danzas… y la misma literatura.

Muy diferente en cambio es la concepción de niño en el siglo XVII cuando, por influencia de moralistas, hombres de leyes y eclesiásticos, comenza a surgir un sentimiento nuevo en torno a la niñez. Se toma conciencia de la diferencia entre esta etapa y la adulta, viéndose a la infancia como un período de preparación para la adultez. Va a ser preciso conocer al niño para corregirlo, para integrarlo al sistemas de valores sustentado por la sociedad. Se va a poner el peso en la educación y en la institución escuela que le brindará una “sociedad infantil”, muy diferente de esa sociabilidad central indiferenciada en la Edad Media. El preceso educativo pondrá el acento en preceptos éticos y morales; la literatura destinada para ellos, también.

He hablado de dos momentos históricos diferentes sólo para pensar en los textos (antologías de tradición oral, sobre todo) que hasta el día de hoy encontramos en las bibliotecas, librerias. Pensar en las épocas que fueron recopilados, para entenderlos y desde allí ver la posibilidad de incorporarlos al repertorio o bien descartarlos, para ir en búsqueda de otros textos.

¿Hablamos de niño o de infancias en la sociedad de hoy?¿Qué lugar ocupan o se le asignan? Dejo los interrogantes para que cada uno encuentre la o las respuestas, hay mucha bibliografía para leer sobre el tema y muy interesante, los invito a busacar para apliar las respuestas. Pero lo que sí quiero marcar es que la literatura para niños del Siglo XXI, tienen formas especiales de manifestarse, porque los textos atraviesan un complejo camino desde la producción en manos de los artistas hasta su edición y distribución en las librerías. Y en ese camino también estamos nosotros (familias, maestros, bibliotecarios, narradores, mediadores) para encontrar literatura vinculada con la historia y la cultura de su propio tiempo, saber priorizar el conocimiento de libros de calidad literaria. Encontrar literatura realizando una selección que sabemos que estará impregnada de criterios estéticos, pedagógicos, ideológicos y demás, pero con la convicción, de abrir nuevos mundos, que interpelen, que lleven a la emoción, que los acompañen, los ayuden en su desarrollo. Qué también estimulen en las realidades diferentes a las que se suceden sus vidas, a pensar críticamente en esa realidad, del mundo en el que crecen. Para que esto ocurra, el libro de literatura debe acertar con sus interrogantes, sus búsquedas. Debemos encontrar esa literatura, ese libro que lo satisface con todas o con alguna respuesta.

Para seguir leyendo sobre los criterios de selección y qué narrar los envito a entrar a la siguente nota https://vozycuento.com/2020/06/23/literatura-para-la-primera-infancia-a-la-hora-de-elegir-que-narrar/

Puntuación: 1 de 5.

Claves para, Literatura, Narración oral, Narrar a la primera infancia

Literatura para la primera infancia. A la hora de elegir… ¿Qué narrar?

¿Para qué sirve la literatura infantil en la primera infancia?

Los libros de literatura presentan un mundo imaginario en el que los protagonístas actúan de acuerdo a pautas solamente válidas dentro del texto de ficción. Los animales pueden hablar, pensar, tomar decisiones, se visten como personas, reaccionan con conductas similares a las del mundo humano. La identificación con el personaje del texto literario, es el punto de partida para que deseen escucharlo. Los personajes literarios más atractivos son por lo tanto los que juegan, los que quiebran el orden establecido, los que se aventuran y descubren otros mundos, sufren vicisitudes, pero salen airosos de esas circunstancias. A los niños les gustan los seres imaginarios, los perros voladores, los ratones que van a la luna en barrilete, lo fantástico, la ruptura definitiva de las fronteras de lo real. Por lo tanto la literatura infantil sirve para conocer el mundo, para jugar dentro de ese mundo imaginario, para acompañar emociones y sentimientos, para encontrar la voz cariñosa del adulto, para establecer vínculos.

A la hora de elegir… ¿Qué criterios podemos tener en cuenta?

El valor estético de una obra literaria infantil

Triángulo amoroso: Adulto, Bebé, libro.

La literatura habla de las cosas que conmueven, que estimulan el pensamiento sobre lo que nos está pasando, que arranca sonrisas o lágrimas, y que deja como única enseñanza ese contacto con las palabras que abren mundos nuevos, desconocidos tal vez, antes de escuchar ese texto. Pertenece al campo de la creación artística en el que no existen moldes establecidos. El valor estético recide en colocar en primer lugar las imágenes, la palabra poética, dónde encontraremos que dice cosas, pero de tal manera, que llega a lo más hondo del corazón.

El cuidado pedagógico ¿Dónde ponemos la mirada?

La importancia de la selección de los textos.

Con frecuencia nos preocupamos por la aparición de palabras de poca circulación, ya que se supone que los niños las desconocen y no comprenderán el sentido de la narración. Sin embargo, nada complace más a un niño que escuchar por primera vez una palabra, interrogar sobre su significado, escuchar una respuesta satisfactoria. Los textos para los primeros años, deben transmitir ideas de manera coloquial. Pero esto no quiere decir que no exista profundidas, pensamientos profundos.

Conocer un poco de pedagogía nos brinda herramientas para conocer los centros de interés temáticos en cada etapa evolutiva, sabiendo que se van modificando a través del tiempo, y que pueden ser una constante aún en diferentes contextos culturales. Así sabemos que a los bebés les atraen más las historias en las que se ponen en juego un personaje infantil y un objeto conocido – una pelota, un pájaro – o una figura familiar que puede asociar con su mamá. su papá u otra persona cercana.

A los dos o tres años disfrutan de narraciones en las que intervienen más personajes y los hechos del cuento suceden en espacios que les den gusto recorrer: la plaza, el mar. Es decir, aparece el interés por los espacios exteriores en los que puedan sentirse protagonístas. Eligen personajes que se disfrazan y engañan a otros, y situaciones lúdicas en las que ya no está presente el adulto.

Imagen de PublicDomainPictures en Pixabay 

Los niños de cuatro y cinco años, se inclinan por los elementos mágicos o sobrenaturales, como los que aparecen en los cuentos tradicionales. Nace la curiosidad por temas más complejos: el amor, los nacimientos, la muerte, las aventuras en lugares extraños, y toda historia en la que los protagonistas se alejan de la tutela familiar y atraviesan por sí mismos las dificultades o las amenazas del mundo exterior.

En lo que se parecen todos los niños, a cualquier edad, es por el inmenso placer que les producen las historias que los transportan a un mundo diferente, con provocaciones a su imaginación, a su sonrisa, y también a su emoción más oscura. Les gusta, como a todos, que los asombren.

La representación del Mundo: ideas, creencias, valores culturales.

Ningún cuento es inocente, menos aún el que va dirigido a la primera infancia. Toda obra literaria contiene en su interior una representación del Mundo, una escala valorativa sobre la conducta humana. Aquí las polémicas suelen ser intensas, ya que, como es sabido, no todos compartimos los mismos códigos con respecto a lo que está bien o está mal, ni ahora, ni en el pasado remoto. Para cerrar la nota, una frase para reflexionar : todos somos diferentes, el problema es cómo aprendemos a respetarnos en esas diferencias.

Nota escrita por Emilce Brusa

Puntuación: 1 de 5.

Literatura, Narración oral, Nota

La biblioteca interior

Al rescate de los textos “interiores”, esos que se van sumando a lo largo de la vida.

Cada uno de nosotros llevamos muchos textos “interiores” acopiados a lo largo de la vida. Ellos se encuentran en nuestra “textoteca” compuesta por las canciones, poemas, cuentos, dichos, anécdotas, películas, dibujos animados, historietas, libros, eslogans de comerciales los que quedaron guardados en nuestra memoria. Están allí, a veces sin darnos cuenta, y que se movilizan y afloran cuando se relacionan con palabras, situaciones, otros textos.

“Estos textos constituyen el piso para que la literatura se convierta en un objeto cotidiano, el lugar en el que se puede hacer pie para dar el paso natural hacia la lectura en el sentido más creativo. Cuando llegue el momento, hacer crecer lo que se tiene, poco o mucho”, tal como dice Laura Devetach en El vaivén de los textos.

Entónces, ¿Cuál es la palabra más antigua de tu vida? ¿Cuál es el primer sonido que recuerdas, tal vez en forma de llamado, de canción, de arrullo, de nombre? ¿Cuál otros sonidos evoca? Piensa y escucha ese concierto de ecos, que se llamen unos a otros, que evoquen otras voces, otros sonidos, otras palabras…

Lanza una piedra a ese estanque (a tu memoria) y observa las ondas que provoca. Puede pasar que…

Había una vez un payaso plinplin que estaba sentado en un verde lomón y veía a Hansel y Gretel frente a la casita de chocolate y caramelo. -¿Qué llevas en la canastita?, preguntaba el lobo y se sube al tren qué tren qué tren hasta el jardín del viejo jardinero que cuidaba con esmero del vergal y rosas no ortigas cultivo, cultivo una rosa blanca. Blanca y radiante va la novia que se casa con el mocito de enfrente que la tiene loca de amor y es una muchacha ojos de papel con zapatito de cristal hacendosa y trabajadora como pocas, dice la vieja virueja de pico picotuela de Pomporerá y ni bien pronuncia estas palabras se drume drume negrito entre olas y el viento zucundúm sucundúm, pero Juan y Pinchame fueron al río, Juan se ahogó, ¿quién quedó? La bandera azul y blanca, jirón del cielo (¿o sería tirón del cielo?) donde vuela un pajarito que se cazó, este lo saló y este picaro gordito se fue a la murga murguera de la esquina de la casa donde mi papá me llamaba bichito de luz y cerraba las puertas para que no entrara el hombre de la bolsa.

Todos estos textos interiores provienen de una circunstacia que los rodeó, de un lazo afectivo con un momento de nuestra vida. Es importante tomar conciencia de este bagaje personal que puede provenir de muchos circuitos diferentes, a veces cargados de palabras que no son las reconocidas por el discurso establecido. Y es con este bagaje con el cual vamos haciendo los libros e inevitablemente relacionamos sus significados con los nuestros, entremezclándolos y dándoles un sentido necesario personal.

Retomemos a Laura Devetach: “La realidad nos dice que muchas veces, encerrados dentro de nuestro distintos roles profesionales, no tenemos idea muy clara de nuestra textoteca. Muchos de nosotros no sabemos leernos, y que cuando queremos leer literatura lo hacemos desde esta carencia y desde el rol”. Al poner en movimiento nuestra textoteca: “tomamos conciencia de que tuvimos un camino de palaras, de textos, en el que se puede hurgar y al que se puede seguir construyendo. A fuerza de escuchar y realiza distintas lecturas se nos configuró un piso en el que tanto lo que se incorpora como la forma en que se incorpora van determinando las variables del crecimiento lector”.

Y los lectores se comunican, se buscan e inevitablemente se encuentran, de a dos, de a tres, en grupos, y forman una comunidad de lectores que se ofrecen unos a otros como interlocutores válidos en el develamiento de las palabras que precedieron al texto, de las diferentes capas de significados que los textos encierran, en la pluradidad de significados que despliegan, en la apertura y confianza en a construcción de hipótesis.

Ahí entramos nosotros los narradores, previlegiados en la construcción de esta comunidad de la palabra dicha. Buscar nuestros textos “internos” para agregar en nuesto repertorio, seleccionando ese pedacito de texto para incorporar en nuestros cuentos, ese que está en las textoteca de todos, para identificarnos y reconocernos en los cuentos. Desplegando las historias en escuelas, bibliotecas, centros culturales, aulas esos lugares donde construímos lazos y significaciones a través de nuestra profesión para generar cada texto oral.


Quién es Laura Devetach

Escritora y profesora universitaria argentina, Laura Devetach es conocida principalmente por su obra dedicada a la literatura infantil y juvenil, además de por sus guiones para televisión y obras de teatro. Su obra fue prohibida durante la dictadura.

A lo largo de su carrera Devetach recibió numerosos premios, como el Octogonal, el Premio Casa de las Américas o el Premio del Fondo Nacional de las Artes además de reconocimientos como el de integrar la lista de honor de la IBBY.

Puntuación: 1 de 5.