Hablemos de libros y de cuentos, Literatura, Narración oral, Nota

Cuentos de hadas y princesas

 Breve historia y evolución.

Todos hemos crecido escuchando cuentos de hadas y de princesas. Por eso, esta nota, para contar brevemente cuál ha sido su historia y cómo han ido evolucionando. Los cuentos de princesas son los favoritos de algunas niñas, ellas quedan fascinadas y hechizadas con estas historias. Por lo general son relatos dulces, tiernos y edulcorados donde la mujer es siempre la protagonista sumisa, que espera paciente la ayuda de algún valiente caballero. ¿No? Bueno algunas de estas historias se han quedado un poco anticuadas con el paso de los años, mostrando a una mujer que solo sueña con ser rescatada por su príncipe, para luego casarse y ser feliz para siempre. Por suerte han aparecido nuevas versiones y muy originales donde las princesas pueden ser lo que quieran, donde aparecen valores como el respeto, la cooperación y además, conceptos de igualdad. Estoy convencida que debemos seguir contando cuentos de hadas y princesas, narrando las clásicas y las nuevas. Los invito a que busquemos muchas versiones, para que las nuevas generaciones de niñas, conozcan la evolución de esas mujeres de cuentos.

Orígenes de los cuentos de hadas

Los cuentos de hadas encuentran su origen en la tradición oral. De hecho, aunque se ha tratado de rastrear, resulta realmente difícil conocer el país del que proceden, puesto que se encuentran elementos comunes de la Cenicienta en China, India e incluso, las poblaciones nativas norteamericanas. De esta forma, podemos decir que los cuentos de hadas tal vez surgieron con la propia capacidad y necesidad humana de contar historias. Sería uno de los géneros literarios más antiguos, junto a las epopeyas y las leyendas.

Sin embargo, podemos hablar de las primeras referencias escritas que encontramos. Las primeras de ellas son del Antiguo Egipto, donde tenemos cuentos como La historia de los dos hermanos. También en la Antiguo Roma con El asno de Oro de Apuleyo. De época similar data el Pachatantra, en los siglo VI-II a.C. en la India. Otra de las referencias escritas más antiguas es la obra de Las mil y una noches, que aparecieron en el mundo árabe y llegaron a Europa a final de la Edad Media.

Los cuentos de hadas en el siglo XVII

Cuentos y mujeres en el siglo XVII No obstante, no fue hasta el siglo XVII cuando Madame Le Jumelle, Baronesa d’Aulnoy da nombre al género refiriéndose a ellos como Les Contes de Fees. No eran cuentos para niños y las protagonistas solían ser mujeres activas. Hubo otras autora de cuentos, ya que en la Francia del siglo XVII varias mujeres recopilaron los cuentos tradicionales para dejarlos por escrito. Estas son algunas de ellas: Marie- Jeanee Lheriter de Villandon, Charlotte- Rose de la Force y Jeanne- Marie Le- Prince de Beaumont. Es bastante probable que no hayas oído hablar de ellas, pues al fin y al cabo se trata de autoras femeninas en tiempos en los que no era habitual dar reconocimiento público a las mujeres.

Las fábulas de La Fontaine Estoy segura de que en cambio, conocerás alguna de las más de doscientas fábulas que escribió Jean de la Fontaine. Junto a Las fábulas de La Fontaine su obra más conocida fueron los Cuentos y relatos en verso.

Los cuentos de Perrault Dentro de los autores del siglo XVII quizás el más conocido es Perrault. No en vano fue el autor de cuentos tan conocidos como El gato con botasLa Bella DurmienteCaperucita RojaBarba AzulCenicienta y Pulgarcito.

Más cuentos de hadas: el siglo XIX

Los cuentos de los hermanos Grimm Ya en el siglo XIX Jacob y Wilhem Grimm, conocidos como los hermanos Grimm hicieron famosos sus cuentos de hadas. En 1870 eran parte obligatoria del currículum alemán y también en otras escuelas del mundo. Los hermanos Grimm, recopilaron cuentos tradicionales dentro del movimiento del nacionalismo con intención de dotar de cultura popular al pueblo alemán. No obstante, si sus cuentos han triunfado se debe a que son historias universales, no típicas alemanas. De esta forma, no lograr su objetivo fue su mayor éxito. Sus cuentos más conocidos son: Gansel y Gretel , La CenicientaLa Bella Durmiente y Rapunzel. Los hermanos Grimm expurgaron y censuraron sus cuentos para adaptarlos a las costumbres de la época. Por ejemplo, quitaron una escena en la que la Bella Durmiente mantiene relaciones sexuales con el Príncipe y redujeron la violencia del lobo feroz. Con ello, consiguieron adaptarlo a las demandas de lo que los padres consideraban adecuado para los niños. Es aquí cuando definitivamente nace el vínculo de los cuentos de hadas como literatura para niños.

Andersen y Collodi En épocas más recientes también se han escrito cuentos de hadas que consideramos cuentos tradicionales. Algunos ejemplos son Las aventuras de Pinocho, de Carlo Collodi. Los cuentos de Hans Christian Andersen más conocidos son El Patito FeoLa Sirenita y la Reina de las NievesLa Cerillera y El traje nuevo del Emperador también son muy conocidos.

Los cuentos británicos del siglo XIX Algo más moderno dentro del género del cuento podemos mencionar a Lewis Carrol con sus dos obras: Alicia en el país de las Maravillas y Alicia a través del espejo, así como a J, M. Barrie, autor de Peter Pan. Dentro de la literatura británica, también es destacable la figura de la autora Beatrix Potter, autora e ilustradora de El cuento de Peter Rabbit y otras fábulas de la literatura infantil. El amor por este tipo de literatura en el mundo británico fue tal, que es aquí donde surgía la primera librería infantil del mundo. Se localizaba en Londres, cerca de la Catedral de San Pablo y contenía además de cuentos de hadas, versiones abreviadas de historias de aventuras como Robinson Crusoe y Los Viajes de Gulliver.

Los cuentos americanos Cabe resaltar el primer cuento con personajes y lugares típicos de Estados Unidos, que es El Maravilloso mundo del Mago de Oz. De él se han hecho muchas versiones, incluida la fantástica película protagonizada por Judy Garland en 1939. Más tarde llegó la factoría Disney y volvió a adaptar los cuentos de hadas existentes para adaptarlos a los gustos americanos de la época. Así, además de suavizar las situaciones más violentas, ridiculizó ligeramente a las monarquías europeas, con eso reyes y reinas tontos y malos y ensalzó a los héroes y heroínas protagonistas.

Sí, los cuentos han cambiado y evolucionado constantemente desde la antigüedad hasta nuestros días. Creo que es interesante saber de dónde vienen y cómo se han ido transformando a lo largo del tiempo. Para mí, es importante incorporar a nuestros repertorios algunos cuentos de hadas, ya que forman parte de la cultura popular y así lo debemos transmitir a nuestros niños. Del mismo modo, no veo el inconveniente en adaptarlos, incluso en narrar nuevas versiones como he escrito en el principio de la nota. Y… vos, ¿cuál tienes en tu repertorio? Te animas a enviarme tu versión grabada al mail vozycuento.artealnarrar@gmail.com, para que tu cuento de hadas y princesa forme parte del Canal de Youtube: Voz y cuento – Arte al narrar (Aquí te dejo el link para que te suscribas) https://www.youtube.com/channel/UCOSycL3cB21Q75GFx2yyyTw/featured?view_as=subscriber

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Cuentos por teléfono

Los libros no tienen fecha de vencimiento y aquí un ejemplo que lo prueba. El libro “Cuentos por teléfono” de Gianni Rodari puede ser disparador en estos tiempos de Covid -19.

Este es uno de los libros más famosos de Gianni Rodari (1920-1980), genio revolucionario de la literatura infantil y la pedagogía, publicado por primera vez en Einaudi (1962). Esta edición de Juventud cuenta, además, con un gran aliciente, las ilustraciones de Emilio Urberuaga, que nos muestra su talento en un bitono que le da un aire «retro» a los cuentos.

La genial introducción que antecede al conjunto de relatos nos explica su origen, y merece la pena citarla:

«Érase una vez… el señor Bianchi, de Varese. Su profesión de viajante de comercio le obligaba a viajar durante seis días a la semana, recorriendo toda Italia, al este, al oeste, al norte, al sur y al cetro, vendiendo productos medicinales. El domingo regresaba a su casa y el lunes por la mañana volvía a partir. Pero antes de marcharse, su hija le recordaba:
–Ya sabes, papá: un cuento cada noche.
(—) Y así cada noche, estuviera donde estuviese, el señor Bianchi telefoneaba a Varese a las nueve en punto y le contaba un cuento a su hija».

Para rizar el rizo, Rodari nos aclara que los cuentos son tan breves porque eran contados por teléfono, y las llamadas resultaban muy caras. Eso sí, cuando leas un relato algo más largo de lo habitual, es porque ese día las ventas fueron bien y se permitía unos minutos de más.

Muchos de los recursos que Rodari fue poniendo en práctica y recogiendo en sus libros de ficción y de ensayo pueden verse aquí reflejados: juegos con las palabras, con la gramática, nombres inventados por unión de otros, interpretaciones al pie de la letra, onomatopeyas (como en el genial «El ratón de los cómics»)…

También se muestran en estos relatos una serie de personajes recurrentes, como Juanito Pie (Giovannino Perdigiorno) y Alicia Caerina (Alicia Cascherina), que en otras traducciones encontramos como Alicia Paf. y Toñito el Invisible , por ejemplo, un relato que publicó El Zorro Rojo como álbum.

Aquí les dejo un PDF con algunos de sus cuentos para que puedan descargarlos y leerlos

Sería redundante extenderme sobre la vida y obra de Rodari, pero quiero señalar esto: sus relatos son redondos, perfectos, ingeniosos y provocadores, con historias elaboradas, sorprendentes y estimulantes. Obviamente, en estos últimos años han surgido algunas voces muy interesantes en nuestra LIJ, pero autores como Rodari deberían ser nuestros referentes, nuestros ejemplos a seguir. Que su crítica social y su inventiva no hayan pasado de moda es reflejo de su gran capacidad como fabulador y educador. Como así también tomar esta idea de contar cuentos por teléfono, se que muchos ya lo están haciendo, pero por que no animarnos más narradores a enviar cuentos por WhatsApp a niños y adultos que siguen cuidándose por la pandemia. Cuentos cortos, interesantes, graciosos, con personajes heróicos y todo lo que se les ocurra para acompañar con la palabra dicha, dando valor a nuestro oficio.

Puntuación: 1 de 5.

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Cómo ser un buen cuentacuentos

Contar cuentos a los niños es muy beneficioso para su crecimiento , pero tan importante es saber elegir las historias adecuadas como saber contarlas. Echa un ojo a estos consejos para ser un gran cuentacuentos.

Por supuesto que sería necesario que te apuntes a un curso de cuentacuentos. Si sos docente, bibliotecaria o madre/ padre y en estos tiempos raros de pandemia no tienes el tiempo para ello, te invito a que bajes este contenido: Cómo contar historias a los niños ya que la manera en que se lee un cuento o se narra una historia hace que esta sea más o menos atractiva.

Una de las claves para fomentar el gusto por la lectura en nuestros niños es narrarles muchos cuentos desde pequeños, pero haciéndolo de tal manera que resulten apasionantes.

Te comparto algunas recomendaciones:

1- Elige adecuadamente la historia que vas a narrar. Debe ser adecuada para la edad del pequeño y resultarle interesante. Busca temas que le gusten como piratas, princesas, dragones, caballeros, etc. Si empiezas un cuento y ves que le aburre o no le gusta, cámbialo. Es importante que no pierdas su atención.

2- Mientras estés contando la historia, debes mirar al niño a menudo para ver cómo va reaccionando y adaptarte a sus emociones. Si se ríe, si le gusta, si le da miedo… Obsérvale para comprender mejor lo que le gusta y lo que no.

3- Anímale a que participe en la narración mediante preguntas o ayudándote con los sonidos. Si es una historia que ya conoce, puede ayudarte a contarla. También puedes preguntarle qué debería hacer un personaje o qué cree que va a pasar.

4- Modifica el ritmo y la duración de la narración según el momento del niño: si está cansado, si quiere más, etc.

5- Es fundamental que vivas la historia y te apasiones con ella. No puedes leerla  o contarla de manera lineal sino que tienes adoptar diferentes voces según el personaje, usar expresiones faciales, gestos, ruidos y sonidos que acompañen a la historia, etc. Vívelo para que el niño también lo viva contigo.

6- ¡Fuera la vergüenza! Deja el pudor para otra situación. Piensa que tu espectador siempre será tu mayor fan ya que para los niños pequeños sus padres, sus maestros son perfectos. Debes sobreactuar y dejar salir al niño que llevas dentro.

7- Usa mucho vocabulario y descripciones para que el niño pueda imaginarse bien el ambiente y los sucesos. Es la mejor manera de fomentar su imaginación.

8- Aunque te parezca que ya le has contado la misma historia mil veces, a los niños no les importa. De hecho, prefieren conocerla para poder anticiparse a lo que va a pasar. Mientras te la pida, no tengas problema en repetirla.

9- Los niños disfrutan con la magia, la aventura y el humor. No te olvides de los personajes graciosos y torpe, siempre les gustan.

10- Ve despacio. Para contar bien una historia hay que tener tiempo, no puedes ir con prisas ni estar pensando en acabar pronto para ir a hacer otra cosa. Debes tener mucho rato para narrar la historia despacio y dejar que el niño se zambulla en ella. No te aceleres.

11- Empieza por historias cortas. Empieza contando cuentos que no sean muy largos y ve aumentándolos para ver que prefiere él, cuentos cortos o no. Aunque, también dependerá del día.

12- Encuentra el momento adecuado. El mejor momento para contar un cuento no siempre es el que mejor si el niño está cansado o nervioso y no está para historias. Respeta sus tiempos y espera el momento adecuado. Lo disfrutarán todos más. 

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Leyendas

Leyendas de América Latina

Las leyendas son el espejo del alma de cada cultura que las creó, reflejan los miedos, las esperanzas, los sueños y las pesadillas de la gente. Se dice que se puede entender mejor a un pueblo a través de su folclore. Mencionaré las leyendas más famosas de América Latina.

1. Imbunche (Chile)

Se trata de una criatura que cuida la cueva de los brujos. En su origen fue un niño normal, que fue regalado a los brujos, quienes lo convirtieron en Imbunche, deformándolo desde los primeros meses, practicando con él distintos torcimientos. Finalmente, el niño se convirtió en el guardián de una cueva de brujos totalmente deforme.

2. Pombero (Argentina, Paraguay)

El Pombero es una especie de duende de la mitología guaraní. Es una criatura del bosque que protege a los animales. La mayoría de las versiones coinciden en describirlo como un hombre moreno, de brazos muy cortos, la boca grande y los dientes muy blancos. Supuestamente es muy atrevido, a veces secuestra a las mujeres y se apodera de ellas dejándolas embarazadas. La gente busca su ayuda para mejorar los cultivos o para proteger a los animales de granja.

3. La LLorona (México, Argentina y muchos países más)

La Llorona es otra de las leyendas más populares de Latinoamérica. Su historia varía dependiendo de una cultura a otra. En general, la Llorona representa una aparición fantasmal con forma de una mujer alta y delgada de largo pelo oscuro. Las personas que aseguran haber visto este espírito explican que se aparece con un vestido blanco, vagando cerca de los ríos y los arroyos, llorando en las noches más oscuras. Según cuentan, es el espíritu de una madre que ahogó a sus hijos y ahora está condenada a buscarlos en los ríos y lagos.

4. La Ciguapa (República Dominicana) 

La Ciguapa es una criatura mítica femenina, similar a una mujer india, que camina con sus pies al revés. La criatura es vista por algunos como una chica hermosa, mientras que otros la ven como un ser horrendo. La Ciguapa tiene un corazón cazador y sale por las noches en búsqueda de algún caminante nocturno al que embruja y luego mata.

Es probablemente una de las leyendas más oscuras en América Latina, y es apenas conocida fuera de la República Dominicana.

5. La viudita (toda América del Sur)

Ella siempre anda sola después de la medianoche, vestida de negro con el rostro cubierto por un velo. Se le aparece siempre a hombres de los cuales aparentemente se quiere vengar. Dicen que la viudita tiene el rostro en un estado de descomposición muy avanzado, con una mirada perdida. Sus víctimas tienden a desmayarse al verla y cuando recuperan la conciencia se sienten aturdidos.

6. La luz mala (Argentina, Uruguay)

Consiste en la aparición nocturna de una luz brillante que flota a poca altura del suelo. Esta puede permanecer inmóvil o desplazarse. Estas manifestaciones son muy temidas, ya que se identifica comúnmente a la luz mala como un ‘alma en pena’. Ante un encuentro, popularmente se recomienda rezar una oración y luego morder la vaina del cuchillo. 

En la actualidad se acepta que el mito tiene su origen en el fenómeno real de los fuegos fatuos, fosforescencias producidas por la descomposición de materias orgánicas sobre el suelo.

7. Wekufe (Argentina, Chile)

La palabra ‘wekufe’ en lengua mapuche se usa para referirse a los mentirosos. El concepto del mal no existía para este pueblo, pero con la llegada de los misioneros, el término se asimiló al arte del mal y se demonizó. Desde entonces se usa como nombre genérico para describir a los seres dañinos para el ser humano. Se caracterizan por destruir el equilibrio existente en el mundo, y son los causantes de las enfermedades, divisiones, muertes y otras calamidades.

8. La Tunda (Colombia, Ecuador)

Según la leyenda, la Tunda es una mujer que nació como fruto del amancebamiento del diablo con una bella negra de la cual se enamoró. Se aparece a los niños solitarios en forma de su madre o de una mujer bonita, los engaña y luego los alimenta con camarones y cangrejos que cocina dentro de su cuerpo. También se cree que la Tunda hace perder a los caminantes de las orillas del mar.

9. Sirena amazónica

Son sirenas de “aguas dulces” que viven en solitario en las profundidades de los ríos, pero siempre están en búsqueda de un compañero. El hombre seducido por sus encantos y su ternura lo abandonará todo y se marchará con ella para siempre.

10. La Cegua (Costa Rica)

La Cegua es un tipo de bruja que se aparece a los hombres en caminos solitarios. Lo hace como una mujer hermosa con la piel blanca, ojos oscuros y pelo largo negro, pero luego se convierte en una bestia con cara de caballo y ojos inyectados en sangre cuando el hombre acepta ayudarla.

11. El Familiar (Argentina)

Es la leyenda más reciente de toda la lista, que aparece en el siglo XIX. El Familiar es un tipo de espíritu en forma de una víbora de gran tamaño o de un mítico perro, que devora a un trabajador cada año. La leyenda fue muy difundida en los ingenios azucareros del noroeste argentino. Cada vez que alguien moría en una fábrica por un accidente, se solía decir que el Familiar “ya se había cobrado la víctima”.

Hay muchísimas más. Seguramente que ustedes conocerán también las versiones de las nombradas en la nota, que se narran en sus lugares, porque muchas fueron migrando de un lugar a otro, agregando o quitando datos de cada lugar. El que se anime puede escribir un comentario contando el título y de que trata la leyenda de su pais para poder buscarla y leerla.

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Curiosidades del cuento Rapunzel

¿Seguro que conoces el cuento? Mira lo que descubrí.

El cuento de ‘Rapunzel’ es famoso gracias a la adaptación realizada por los hermanos Grimm. Fue publicado en 1812 en Alemania, en una recopilación de relatos germánicos llamada ‘Cuentos de la infancia y del hogar’. ¡Te cuento su verdadero origen y otros datos curiosos!

Una curiosidad, el origen de la historia de Rapunzel no es germánico, los hermanos pensaron que lo era al hacer la colección. Aquí te cuento otras que he descubierto sobre este cuento.

¿Sabías que Rapunzel es el nombre de una planta? Su nombre científico: ‘Campanula rapunculus. En la historia de los hermanos Grimm, una mujer embarazada tiene antojo de una flor (o planta) que se encontraba en el jardín de una bruja. El antojo era tan fuerte, que se negaba a comer cualquier otra cosa, y por eso su pareja va al jardín para tomar unas cuantas y prepara una ensalada. La mujer continúa con el antojo, por lo que el esposo vuelve al jardín para tomar más flores, pero es atrapado por la bruja. Ella le ofrece un trato:  darle las flores, a cambio de su hija. Así, la bruja obtiene a la niña cuando nace, y la llama Rapunzel, pues ese era el nombre de la flor que su madre comía de su jardín.

rapunzel

Ilustración de Arthur Rackham (1909) – Imagen: Wikimedia.-

Otra curiosidad: Rapunzel se basa en historias anteriores. Se ha encontrado un manuscrito del cuento persa ‘Shāhnāmé‘, muestra a Rudabeh ofreciéndole su cabello a Zāl (1674) En la versión de los hermanos Grimm, la bruja se lleva a Rapunzel debido a que su padre robó de su jardín unas campanillas para su esposa, pero existen versiones anteriores a este relato. La versión más temprana de esta historia es de origen persa, y trata sobre la historia del rey Zāl y Rudabeh. Es un poema épico escrito por Ferdousí en el libro Shāhnāmé, y trata sobre cómo se conocieron Zāl y Rudabeh. En el cuento, Rudabeh ofrece su largo cabello para que Zāl pueda subir a donde ella se encontraba, pero Zāl dice que no porque podría lastimarse, y que en lugar de eso podía usar una soga. De esa historia surgieron otras más, Petrosinella (1634) por Giambattista Basile; Persinette (1698) por Charlotte-Rose de Caumont de La Force; Rapunzel (1790) por Friedrich Schulz (traducción de Persinette); y por último la famosa adaptación de los hermanos Grimm, Rapunzel (1812).

¿Sabías que hay Miles de adaptaciones? La más conocida de esta historia, y que en general se encuentra en la mayoría de sus adaptaciones, es “Rapunzel, deja caer tu cabello”, y en la actualidad es considerada una expresión de cultura popular, realizada por los hermanos Grimm. Pero ha tenido un sinfín de adaptaciones, tanto literarias como películas, series animadas y live-action. Las más conocida actualmente es la adaptación de Disney llamada Enredados, que salió en 2010.

No todas las versiones tienen Final feliz. El final de Rapunzel de los hermanos Grimm es feliz, pero no sin antes haber tenido malos momentos… Cuando la bruja se entera de que Rapunzel estuvo con el príncipe y que está embarazada, le corta el cabello y la destierra a un bosque. Cuando el príncipe va a visitarla de nuevo, la bruja usa el cabello de Rapunzel para engañar al príncipe. Al darse cuenta de lo que sucedía, y luego de que la bruja le dijera que nunca vería a Rapunzel de nuevo, se lanza fuera de la torre y cae en espinos, que aunque le salvaron la vida, lo dejan ciego. El príncipe, cegado, vaga por los bosques buscando a Rapunzel, hasta que un día la escucha cantar. Al reencontrarse, se da cuenta de que Rapunzel tuvo gemelos, y ella, con sus lágrimas, le cura la ceguera. El príncipe la lleva a su reino y viven felices por siempre. La bruja, después de que el príncipe cayera de la torre, accidentalmente suelta el cabello de Rapunzel de donde estaba colgado, y queda atrapada en la torre.

Seguramente debe haber más curiosidades sobre este cuento… pero hasta aquí llego hasta que encuentre algo nuevo.

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Los animales como protagonistas.

Cuentan que el zorro… es de los personajes más populares y aparece en muchos cuentos como el “pícaro”.

En ciertos cuentos nos hemos acostumbrado a entregar ciertos atributos humanos a seres que, o son inanimados o no son humanos. Tal como ya lo hicimos alguna vez con los dioses, los animales han recibido por nuestra parte una serie de atributos que asociamos a la naturaleza humana. Así podemos ver asociar la lealtad a los perros, la sabiduría en los búhos, o la locura a las cabras. Desde tiempos pretéritos, los animales han formado parte de este escenario de seres a veces considerados mágicos, otras veces malévolos, y otros como anuncios de buena suerte.

El zorro tiene una fama ambigua. Por siglos se lo ha considerado como un animal inteligente y escurridizo y, que gracias a esa misma ágil astucia, es poco confiable. Basta recordar las fábulas de Esopo con su Zorro y las uvas o El zorro y la cigüeña para darnos cuenta de cómo identificamos a este animal desde nuestra niñez. Un zorro que es capaz de mentir y adular con tal de conseguir lo que quiere, es un verdadero estratega a la hora de lograr un objetivo. El mismo Nicolás Maquiavelo lo menciona en su afamado El Príncipe: «Hay que ser zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos», aludiendo a la astucia de este animal.

Kitsune, en Japón, significa zorro y representa a un espíritu del bosque, al igual que lo hace en la cultura celta anglosajona. Es un cuidador de ese espacio y quien mejor lo conoce por lo que es fácil entender que se mueve con agilidad entre sus recovecos, aludiendo así a su actitud huidiza y esquiva. En la mitología japonesa, el zorro es percibido como un ser inteligente y sabio, poderoso a medida que envejece y con una habilidad mágica que le permite converstirse en un anciano, emular a una persona en particular, pero por sobre todo parecer una bella y joven mujer, engañandor más que nada por diversión, como una travesura pues su labor esencial es la de cuidador.

En la mitología celta, el zorro es un guardián, un guía de los espíritus del bosque. Los zorros han simbolizado en el folclore occidenteal la astucia, el ingenio y muchas veces el engaño; esa habilidad de observar al otro y preveer sus moviemientos, siempre sin ser vistos ni advertidos. Por ejemplo, en la cultura finlandesa los zorros personificaban el triunfo de la inteligencia por sobre la maldad y la fuerzaordica, el zorro se relaciona con el mito de las auroras boreales, aia por sobre la maldad y la fuerza abruta, no considerándolos bruta, no considerándolos animales malvados, sino ingeniosos y astutos; por su parte los nórdicos ven  al zorro en relación con el mito de las auroras boreales, donde se cuenta que un zorro  al cruzar las mesetas árticas va iluminando el cielo con el destello que se desprenden de su cola, mientras se arremolina la nieve, como pequeñas chispitas como si fueran luciérnagas.

En Latinoamérica hay múltiples leyendas que tiene al zorro como animal protagonista, entre ellos la mapuche El zorro y la perdiz, donde el zorro es parte del mito de la creación, subrayando las características favorables de la astucia y prudencia.

Volviendo a la literatura, el Roman de Renart  es otro clásico libro que tiene como protagonista a un zorro. Es más, se hizo tan popular desde su creación en los siglos XII y XIII, que en francés renard -nombre del personaje- pasó a convertirse en la palabra zorro, en vez de la antigua palabra en latín goupil. Este conjunto de poemas en francés fue escrito como una epopeya por distintos autores en un largo periodo de tiempo y donde existían otros animales, y que juntos parodiaban la épica y la novela cortés, todo ambientado en una sociedad animal que imita a la humana.

Beatrix Potter (1866-1943), autora inglesa creadora de El conejo Pedro o La oca Carlota, tiene como figura al señor Tod, un zorro elegantemente vestido que, en El cuento Jemima Pata de Charco,engaña con sus encantos a la confiada Jemina. En Pinocho, del italiano Carlo Collodi (1826-1890), el zorro es un personaje que aparece tentando al pequeño niño de madera en su camino a la escuela, engañándolo y promoviendo en él una serie de malos hábitos, reforzando la personificiación de  lo embaucador del animal en la literatura.

El francés Antoine de Saint-Exupery (1900-1943) refresca la imagen del zorro en su afamado El Principito (1943), dejando de lado la mala fama y haciendo énfasis en el carácter indomable de su naturaleza, pero a la vez pidiendo en alguna medida la domesticación, es decir, la creación de un lazo afectivo que una al Principito y al zorro.

El zorro de Superzorro (Alfaguara, 2002) de Roald Dahl (1916-1990) es quizás el mejor ejemplo de un cambio en la mirada del personaje del zorro. En donde se veían características negativas, Dahl implanta su reverso positivo. Siempre elegante y audaz, el fantástico señor Fox es una nueva mirada a la figura simbólica de este animal, resignificando su legado en la literatura infantil; y de cómo percibimos a este animal colorado en su solitaria y escurridiza forma de vida y de superviviencia.

El zorro, animal que provoca y subvierte el orden con sus bromas y engaños sin maldad pero con astucia y que se mueve entre las sombras, es poseedor de sabiduría y magia. Sigiloso vive en el bosque, su espacio por excelencia y que bien conoce y usa en su beneficio, siempre mutando y guiando a otros hacia nuevos encuentros. El zorro es de alguna forma entonces un recordatorio del constante cambio en que se vive en la naturaleza, inherente al ser humano con todo lo misterioso y oculto que aún habita en ella. Así como señala el antropólogo Joseph Campbell.

El zorro es uno de los animales sagrados, que como figura ha sido recurrente en la historia y aparece como un trickster, un arquetipo, cuyas travesuras son de origen divino y que ponen de cabeza todo el mundo para que este se mueva y se transforme, siempre en una dinámica de continuo movimiento, de continuo fluir, como el paso de las estaciones y como la vida misma.

Pueden suscribirse y ver en el canal de youtube https://www.youtube.com/channel/UCOSycL3cB21Q75GFx2yyyTw?view_as=subscriber narraciones con este personaje, les comparto los links:

Hilda de Kubiak desde Salta la linda nos regala el cuento popular: El gallo y el zorro https://www.youtube.com/watch?v=G9ch-bZDsQQ&t=13s

Cristina Welch y su nieta de tres años, Candelaria nos regalan este hermoso cuento desde Macachín, La Pampa. Argentina. Cuento: Mi día de suerte de Keiko Kasza. https://www.youtube.com/watch?v=4ruVVvODld4

La Adolfina nos regala este cuento desde la Provincia de Salta, Argentina. Cuento: El zorro y el quirquincho. Cuento popular argentino. https://www.youtube.com/watch?v=-vrPRhzILhI

Griselda Beatriz Di Marcantonio nos regala este cuento desde la cuidad de La Plata, Provincia de buenos Aires, Argentina, cuento: El zorro y el quirquincho. Una bella versión del cuento popular argentino. https://youtu.be/XB3fpt4kORU

Miriam Simcovich nos regala este cuento desde Buenos Aires, Argentina, cuento: Porqué los perros se huelen la cola. Cuento de tradición oral donde el zorro mete también su cola. https://youtu.be/uaNPw-BVJ18

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Cuentos encadenados

Pensemos en una historia entera, con principio, nudo y desenlace. Cuentos que tienen por protagonista animales. Cuentos que repiten algunas frases, una y otra vez. ¿Ya saben a cuales me refiero? Entónces, comencemos el recorrido por estos cuentos, los cuentos acumulativos o de encadenamiento, de éstos quiero hablar hoy.

Los cuentos acumulativos o de encadenamiento son, cuentos populares cuyos protagonistas suelen ser animales, en los que existe una “fórmula” previa que se va repitiendo según van apareciendo nuevos personajes y a la que se va añadiendo una nueva frase o palabra con el personaje nuevo.

No debemos olvidar que los cuentos, las historias, vienen de la tradición oral, de charlas alrededor de la lumbre en las que los más mayores del lugar contaban al público, niños o adultos, historias que ya venían de lo antiguo. Y así, de boca a oreja, las historias y leyendas se iban pasando a las siguientes generaciones.

De entre esas historias había unas a las que llamamos “cuentos de fórmula”Antonio Rubio en su libro “7 llaves de cuento”  nos explica de manera muy breve y sencilla de qué trata todo esto. Nos dice que los cuentos de fórmula son “esos primeros cuentos populares, exactos, líricos y de perfecta estructura, que en ocasiones no van más allá de un sencillo pareado”. Pone como ejemplo “El cuento de la banasta”:

Éste es el cuento de la banasta,

y con esto basta.

Pero, como continua diciendo Antonio Rubio, también los hay con una historia entera, con principio, nudo y desenlace. Aquí entrarían a formar parte los cuentos acumulativos o de encadenamiento.

Se consideran cuentos-juego en los que hay que intentar recordar la lista de personajes y acciones que se va creando. De hecho, era un juego común en los pueblos que cuando se contaba uno de estos cuentos cada vez le tocara a un niño repetir la lista y, aquel que se confundiera, pagara una prenda.

Dentro de este esquema general hay muchas variantes en este tipo de cuentos. Pueden ser un simple encadenamiento de acciones como en el Cuento del Queso:

Este es el cuento del queso de la vieja y el viejo.

Vino el ratón y se quiso zampar el queso de la vieja y el viejo.

Y el gato quiso comerse al ratón que se quiso zampar el queso de la vieja y el viejo.

Vino el perro y quiso morder el rabo al gato cuando quería comerse al ratón que se quiso zampar el queso de la vieja y el viejo…

Seguramente recuerden jugar/cantar la canción Estaba la rana sentada cantando debajo del agua”. Quizá no recordemos el orden en que aparecen los animales, lo que sí, recordamos, que los animales van cantando y haciendo callar, tal vez muchos nos los inventamos. Y es que eso también forma parte del juego, porque suelen ser cuentos abiertos que se pueden alargar lo que se quiera, siendo un buen recurso para la escuela, por ejemplo.

Los hay en los que los personajes aportan, según van apareciendo, una solución para un problema, general o particular. De estos hay muchos ejemplos, podemos mencionar “El Chivato”, “Historia de un nabo”. Podemos encontrar muchos más, tanto en cuentos de tradición como en libros modernos, que siguen esta corriente narrativa.

En cuanto a publicaciones hay gran variedad de ejemplos, unos que siguen de manera más fiel la estructura de estos cuentos y otros toman esta estructura como base para montar el cuento aunque tienen variantes.

Un ejemplo conocido de este tipo de cuento es “¿A qué sabe la luna?”, de Michael Grejniec, editado por Kalandraka. Bien es verdad que no tiene todos los esquemas de los cuentos de fórmula, como por ejemplo la estructura poética o la lista de personajes que se repiten una y otra vez. Pero en realidad si lo tiene ya que el autor nos propone la acumulación de manera visual a través de la ilustración en la que vamos viendo como los animales se van subiendo unos encima de otros.

Los hay también de “ida y vuelta”. Son aquellos en los que se suceden los personajes uno tras otro y en un determinado momento algo sucede que les hace retroceder hasta el inicio. Un ejemplo de ellos es el cuento de “El gallo Quirico”, que viene de la tradición oral.

De uno u otro tipo, los cuentos acumulativos son cuentos que tienen un formato fijo, que hay que saberse de memoria sin dejar paso a improvisaciones. Se tienen que contar así porque en ello reside la esencia del cuento. Y esa repetición es precisamente lo que engancha y gusta a los niños. Los niños de entre 2 o 3 años hasta los 6 o 7 disfrutan mucho con esa repetición y esa seguridad que le dan estos cuentos. Saben, aunque no conozcan el cuento, qué va a pasar a continuación y eso les relaja y les ayuda a disfrutar de la historia. Además favorece la memoria y les ayuda a aumentar su vocabulario.

La tradición, por suerte, sigue muy presente, en las historias que se cuentan a los niños y en las que se publican, ya sea recuperando ese boca a boca o creando nuevas historias. No perdamos esa tradición porque en ella está la sabiduría popular de años, y nuestra responsabilidad es la de mantenerla para los que vengan.

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Coronavirus, COVID-19, Literatura, Narración oral

El humor en la literatura infantil

En estos tiempos de Covid- 19 donde los niños de Argentina, y el resto del mundo, están en sus casas desde el mes de febrero, con distanciamiento social preventivo obligatorio. Dicen en las noticias que algunos pequeños están manifestando trastornos de ansiedad, miedos, se observan cambios en sus conductas. Sabemos que están tomando clases a través de la virtualidad, que están aislados de otros niños y sin los abrazos sus familiares mayores, sus abuelos. No podemos cambiar esta “nueva normalidad” que no tiene con certeza fin, pero si nosotros, los narradores, podemos buscar o incorporar en nuestros repertorios los cuentos de humor. Narrar estos cuentos para provocar la risa.

Beneficios de la risa


     Todos sabemos que existen estudios médicos y científicos que demuestran las propiedades y efectos beneficiosos que ejerce la risa en nuestro organismo. 
     El humor es un mecanismo fisiológico para enfrentarse al estrés, para superar situaciones que nos producen miedo, angustia, duelo… La risa y el humor nos hace incrementar la sensación de control sobre este tipo de situaciones, generando un estado de bienestar psíquico y físico que nos sirve de terapia. Porque la risa es terapéutica: beneficia al sistema inmunológico, oxigena la sangre, libera tensiones, produce relajación muscular, y previene enfermedades cardiovasculares, hipertensión, dolencias estomacales y gastrointestinales,  cáncer, y ayuda a enfrentarse a los fracasos, a las derrotas y a disfrutar de las metas conseguidas.

¿Qué les hace reír a los niños y a las niñas?

Cuando son bebés, ríen por imitación. Más adelante, cuando tienen uno o dos años, se ríen al ver algo inesperado, poco habitual, o cuando algún adulto les hace cosquillas, gracias, sonidos raros, muecas, gestos graciosos. A partir de los tres años, cuando ya han adquirido cierto dominio del lenguaje, aparece el  sentido del humor verbal, se ríen de y con las palabras.     En general, los niños se ríen de:
-La sorpresa.-Lo insólito.-Lo disparatado.-Lo inesperado.-Las exageraciones.-El equívoco.-La inversión.-Las transgresiones a las normas lingüísticas, lógicas y sociales cotidianas.-La ambigüedad.-Las situaciones impredecibles.-Las palabras inesperadas.-Los finales sorprendentes.-Las imágenes chocantes.-Las travesuras.-Los errores o equivocaciones.-Los temas tabú, prohibidos o escatológicos.-Las críticas o burlas a la autoridad de los adultos.-El absurdo.-La ironía.-La parodia.

Humor y Literatura Infantil


     Todos sabemos bien que para que un cuento enganche a los niños y niñas debe combinar varios ingredientes:      -Personajes y conflictos con los que se sientan identificados.     -Aventuras, misterio…     -Humor.
     Y es que el humor, a través de la Literatura, también ejerce sus beneficios: favorece el buen desarrollo de los niños y niñas, facilita su socialización, estimula el lado cognitivo, sensorial, emocional y expresivo, les ayuda a madurar y crecer, a ser lectores capaces de interpretar los textos de una manera crítica, desde sus múltiples sentidos… Y les proporciona bienestar y ganas de reírse con el lenguaje y de disfrutar, que es de lo que se trata. El humor y la ironía son recursos presentes en muchos libros infantiles. El humor permite crear situaciones imposibles, tramas enredadas y circunstancias inesperadas que sorprenden a los pequeños lectores y que, sobre todo, les permiten conocer herramientas y estructuras que despiertan su imaginación y su creatividad. Los cuentos de humor divierten a los niños, les invitan a imaginar situaciones increíbles (que pueden ser más o menos reales) y a descubrir la lectura como una actividad fascinante con la que pueden ver lo que les rodea de una manera diferente. El humor es un elemento común en los libros para niños de 9 a 11 años, pero también es un recurso que aparece en historias dirigidas a niños más pequeños, que ya disfrutan con situaciones cómicas y exageradas.

Literatura, Narración oral, Nota

¿Por qué nos gusta contar historias?

Contamos desde siempre. Desde tiempos antiguos. Contamos y escuchamos. Cada uno con sus formas y ritmos, con su propia experiencia de vida. Contamos y viajamos donde suceden las historias. Contamos y resonamos en el otro. A veces los cuentos nos develan sus secretos, nos ayudan a comprender sobre los ciclos de la vida, otras veces, nos los cuentos  nos usan a nosotros como vías para llegar a otros seres o a otros lugares del mundo. No hay un modelo a seguir, pues son los cuentos quienes nos eligen para ser contados a través de nuestra propia voz, todos somos innatos.

Las historias tienen siempre “ese gusto” diferente

Sobre todo si son reales y pasaron hace mucho tiempo. Es que los hechos pueden trascender gracias a estas narraciones, que pueden ser orales o escritas.

Hay algo que siempre llama la atención en los pueblos alejados de las metrópolis y son los relatos populares. En ellos se cuentan cosas que ocurrieron hace mucho o bien que explican un suceso en particular, como son las leyendas. Van mucho más del entretenimiento y la diversión porque sirven para conocer más sobre una cultura, un evento, una tradición.

Los neurocientíficos y psicólogos están analizando por qué nos gusta contar y escuchar historias, sin importar la edad que tengamos. Al parecer, nuestro cerebro está programado para disfrutar de cualquier relato porque influyen directamente en nuestras emociones y reviven momentos del pasado, ya sea propio o de una nación o pueblo. Una narración entonces nos genera una “conexión”, una “identificación” y por eso es que nos encantan.

Muchas de las preguntas que se plantean los expertos tienen que ver con nuestra historia como animales en sociedad. Nos gusta contar historias sobre otros y para otros. Nos ayudan a informar sobre lo que ocurrió u ocurre en nuestra comunidad, por más que sea un hecho imaginario. Permite a la vez interactuar con otras personas, que nos presten atención, enseñar sobre algo en particular. Además, los cuentos tienen el poder de la persuasión y motivan a experimentar diversas emociones y hasta de generar empatía.

Una fábula es algo universal, no sabe de épocas, costumbres, idiomas o religión. En todas las culturas de la historia se han desarrollado por diversos motivos. Los antropólogos encuentran todo el tiempo cuentos populares en una cueva, un pedazo de cuero, un campo con piedras, etc. Pueden estar en sánscrito, en sumerio, en egipcio o en latín, pero lo cierto es que todas las civilizaciones humanas entretejieron sus propias historias, muchas de ellas, similares entre sí aunque las separan siglos o miles de kilómetros.

En la antigüedad era común que se narrara sobre lo ocurrido ese día o bien sobre un hecho “destacado” de la comunidad: las salidas de caza, las recolecciones históricas (por llamarlas de algún modo), el momento en que entre dos hombres pudieron hacerle frente a un mamut, etc. También era frecuente contar sobre los fenómenos naturales en forma de leyenda, como ser por qué la luna es redonda algunos días del año, el poder de la lluvia o las razones por las que sale el sol cada mañana.

Los orígenes de los cuentos pueden tener una relación en nuestro pasado evolutivo. Han pasado miles de años y la mayoría de las personas afirman que las mejores historias son las que se transmiten de generación en generación, las que no suelen estar escritas. ¿Por qué? Básicamente porque tienen algo diferente, una interpretación del que las narra, un poco de emoción y hasta de ficción. El “transporte narrativo” como lo llaman los psicólogos es el que permite viajar por el tiempo, imaginar que estamos en ese preciso momento en que sucede la historia, involucrarnos con el personaje principal, entender por qué actuó de una forma y no de otra, etc.

Las tres ideas que hasta el momento se han desarrollado en relación a la empatía por contar y escuchar cuentos

1-Relatar o narrar es inherente a todo ser humano, algo universal. Las historias contienen temas en común a cualquier civilización, sin importar el momento en que aparecieron, el idioma, el lugar o la religión o creencias.

2-Las características de los relatos y la afición natural por ellos nos revelan algunas claves sobre la historia evolutiva del hombre, así como también el origen de las emociones y la empatía, todas presentes en nuestra mente.

3-Los estudios sobre el poder que tiene la narrativa para influir en las ideas y creencias todavía tiene un largo camino por recorrer, pero hasta el momento han descubierto cosas fantásticas, como por ejemplo los análisis mentales que hacemos, la relación e identificación que tenemos por esa historia en particular según nuestras experiencias y vivencias y cómo podemos aceptar ideas nuevas.

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Literatura, Narración oral

Cuente – El poder de la palabra

Anímese: Cuente una historia

Revisando carpetas de mi Google Drive encontré esta joyita que les paso a compartir. Un texto de Graciela Montes exquisito. No me pregunten de dónde lo saqué, no tengo la fuente, quizá me lo hayan pasado cuando ejercia la docencia en el nivel inicial y quedó ahí a la espera de ser descubierto, de salir del letargo para darle vida ante nuevos ojos lectores.

Cuente (Graciela Montes)

Quiere hacer algo imprevisto y ganarse una cuota de libertad? Cuéntese un cuento. Un cuento que a usted le contaron alguna vez, que recuerda tal vez imperfectamente. Un cuento nuevo, que improvisa mientras cuenta. Un relato de la memoria. Lo que leyó en un libro. Una película. Lo que le sucedió esta mañana mientras salía de casa. Alguna historia para contar hay siempre. Y no tema, siempre va a haber alguien que quiera escucharla, también hay hambre de historias.

Es cierto que últimamente es poco lo que contamos. Nos falta la confianza, o la ocasión, o el deseo. Los que cuentan son siempre otros, a nosotros parece tocarnos el papel de espectadores lejanos. Pero usted no haga caso, cuente. No se deje amedrentar por el ruido, por los fragmentos que nos caen encima desde los medios de comunicación, redundantes y perentorios, como lluvia, que llegan sin pedir permiso, sin darnos resuello ni dejarnos espacio para el recogimiento. Usted haga a un lado todo eso, y cuente.

Tómese tiempo. Pida cuentos también, como hace un niño. Aprenda de él. Sólo un niño, en su radiante prepotencia de niño, sabe pedir un cuento. Dramáticamente, como cosa de vida o muerte, sin pudor ni mezquindades. Piense que el niño sabe bien de qué se trata, aunque usted lo haya olvidado.

Cuente, porque contando usted estará horadando los muros de la prisión, ganando espacio. Contar es un acto de libertad muy apreciable. Más todavía: contar y pedir que a uno le cuenten es, en medio de la industria cultural, un acto revolucionario, no previsto y al margen del mercado. Encontrar laboriosamente, después de alguna introspección, algo para contar y tejer desde ahí un pequeño relato personal, que no tenga formato televisivo, constituye una aventura extraordinaria.

Antes parecía más sencillo, menos arduo. El que había viajado, el que había leído, el que había vivido podía contar. Tenía para contar, traía historias en el morral, y tenía confianza en poder contarlas. Hoy no entendemos muy bien cómo hay que hacer acopio. Ni cuáles son las historias que vale la pena conservar. Tanto más valiente entonces el que cuente. Y el que pida que le cuenten y pare la oreja y se disponga a la espera.

Cuente, vuelva a contar. Piense que, cuando usted cuenta, el tiempo está a sus pies. El tiempo, el gran ogro general, lo obedece. Usted está ahí —una persona entre muchas— y de pronto empieza a contar. La escena es seguramente trivial, una escena cotidiana, porque usted está de sobremesa, o viajando en tren, o esperando en la vereda. Pero usted empieza a contar y, de pronto, se abre una fisura en la escena. El tiempo de todos los días, el tiempo “natural” digamos (el tiempo dentro del cual su narrar acontece, con su decorado tan conocido) se abre y deja paso a “otro tiempo”, su propio tiempo artesanal, el que usted está fabricando palabra a palabra con su relato.

Aparentemente no ha sucedido nada y, sin embargo, la suya ha sido una pirueta extraordinaria. Usted ha dado un salto, se ha montado sobre las palabras y tomado las riendas. Se mantiene en equilibrio, tensa la cuerda. Si lo hace más o menos bien, el que escucha penderá de usted, usted será el dueño del cuento y del tiempo por un rato.

El poder de la palabra

Piense que se trata de un poder muy apreciable, no habría que desperdiciarlo. Con ese poder especulaba Scherezada para demorar la sentencia del rey Schariar. Sabía, como buena narradora que era, que nada malo le sucedería mientras pudiera seguir contando y comprometiendo a su público en el cuento, puesto que ahí, adentro del cuento, eran otras las reglas. De cuento en cuento el alfanje se mantendría en vilo, de cuento en cuento se podría seguir viviendo.

Claro que tal vez su relato no alcance para hechizar a nadie, puede ser una pequeña anécdota, algo muy breve. De todas formas, mientras dure, usted mantendrá lo fatal a raya.

Es cierto que hay virtuosos, gente que parece hecha para contar y que, mientras cuenta, lo sostiene a uno en el aire. Pero no todas las formas de contar tienen que ser verbosas. Hay formas mínimas que tienen filo y fuerza. Un ex seminarista me contó una vez la historia de cómo fue que abandonó los hábitos luego de presenciar el apareamiento entre un potro y una yegua desde la ventana de su celda. Fue una espléndida narración de veinte minutos. El Negro Díaz, que era un magnífico narrador y podía contar lo que veía, fue capaz de convertir una breve escena de Venecia rojo shocking —el arquitecto en la escalera, restaurando el mural— en un relato de suspenso.

Pero también me contaron una historia de amor trunco en estos términos: “«él quiso abrazarme pero yo me escapé, me metí entre las cañas. «él me buscó un rato y después se fue. ¡Mire si me encontraba!” Justamente, también por ahí pasa lo revolucionario de contar y de darle ocasión al cuento: vuelve la variedad, las distintas voces, las miradas.

¿Será posible contar una historia sin refugiarse en el formato talk-show, flash de noticias o teleteatro? A veces parecería que no, que ya hemos capitulado, rendido todo discurso. Cuando hay un asalto y los noteros entrevistan a los testigos ocasionales, estos testigos dan su versión en términos de noticia de último momento, y es posible que hayan percibido los acontecimientos así, en términos de noticia, como si eso que acaba de suceder fuese historia vieja, contada ya muchas veces. La forma dominante se interpone, incluso reemplaza a la experiencia.

Contar, volver a contar no es un gesto menor, afloja las soldaduras, introduce una cuña en lo establecido. Parte de lo que la escuela tendría que ofrecer hoy es la ocasión de contar. No pienso en grandes historias fantásticas, en relatos prestigiosos, no sólo en eso sino, mucho antes, en el relato mínimo. Una ocasión de contar. Una pequeña brecha.

Que le den a uno la palabra y le influya confianza en poder contar.

Biografía de Graciela Montes

Nació en Buenos Aires en 1947. Es escritora, editora y traductora. Ha publicado libros para niños y jóvenes que circulan por todos los países de habla hispana, han sido traducidos al alemán, al catalán, al coreano, al griego, al hebreo, al italiano, al portugués y al tailandés, y han obtenido importantes distinciones. Es autora, además, de las novelas El umbral (1998) y Elísabet (1999) y de los ensayos La frontera indómita (1999) y El corral de la infancia (2001). La Fundación El Libro le otorgó en 1999 el Premio Pregonero de Honor, una distinción que tiene como objetivo fundamental dar público reconocimiento a los difusores de la literatura infantil y juvenil argentina. En 2004 la Fundación Konex distinguió su trayectoria profesional con el Diploma al Mérito en la categoría “Literatura Infantil”, galardón que se otorgó a los escritores más destacados en los últimos diez años. Por la obra El turno del escriba, escrita en coautoría con Ema Wolf, ganó el VIII Premio Alfaguara de Novela 2005.

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