COVID-19, Narración oral, Nota

El maravilloso valor de las historias familiares

Todos tenemos una historia que contar

Ilustración Alma Rosa Pacheco Marcos

Si tienes la fortuna de tener a tus padres o abuelos vivos, no te pierdas la oportunidad de disfrutarlos y aprovechar todo lo que tienen para dar y contar.

En esta época donde los adultos mayores deben hacer el mayor sacrificio y esfuerzo al quedarse dentro de sus casas, privándose del abrazo y los cariños de sus seres queridos a causa del Covid-19, quiero invitarlos a cambiar y aprovechar estos días para darles valor a sus palabras y el lugar que los mayores tienen en su familia y en su vida.

Una característica particular de los adultos mayores de hoy es que pertenecen a una generación muy especial. Por un lado, muchos atravesaron los momentos históricos más significativos del siglo XX y los enormes desafíos de una migración. Eso llevó a algunos de ellos a tener vidas increíbles, muy distintas a las nuestras. Por otro, se trata de la última generación de vida esencialmente analógica, cuyas historias casi no están documentadas. Cada persona mayor que se va se lleva para siempre una multiplicidad de vivencias e historias, únicas e irrecuperables. Por eso, nosotros los narradores debemos darles voz, ser el instrumento para que esas historias sigan vivas, revivirlas para que las nuevas generaciones conozcan las costumbres de sus antepasados . En las historias familiares hay mitos, secretos, mentiras con las que se entretejen las vidas de padres e hijos, tíos, primos, sobrinos, abuelos, pero que todos aceptamos porque sentimos una gran familiaridad incluso con las fantasías de nuestros ancestros, o de parientes contemporáneos en quienes, mal que bien, nos reconocemos. El mismo acontecimiento puede ser recordado de manera completamente diferente por dos personas que lo presenciaron, que escucharon las mismas palabras, vieron los mismos gestos de los protagonistas y, sin embargo, sus interpretaciones difieren radicalmente. Creo que esto ocurre porque cada uno de ellos mira el acontecimiento desde su propia subjetividad, y ésta le impone el color del cristal con que lo mira, y el tono a las palabras que se intercambian. Al reconstruir esas anécdotas familiares podemos agregarle los dos puntos de vistas o bien recrear la historia, con el solo fin de quien escuche esa historia, se sienta identificado o sienta empatía con los diferentes personajes.

Por eso te propongo que busques los momentos para llamarlos,  para escuchar sus relatos y sus visiones. Allí se esconden claves de tu pasado y de tu propia historia. Una buena manera de hacerlo es filmar conversaciones para documentar sus pensamientos y recuerdos y que también esté disponible digitalmente para sus descendientes. Muchos de sus objetos tienen el valor enorme de las circunstancias que atravesaron: manteles bordados a mano por bisabuelas, objetos traídos con ellos en los barcos. Si no nos cuentan su origen, parecen simplemente otro mantel o otro artefacto. Finalmente, algo similar, ocurre con las anécdotas escondidas en cada foto: no basta con escanearlas, si no sabemos quién es quién y qué estaba pasando. Enlaza cada foto con su relato.

Te invito a empezar ya a revalorizar a los adultos mayores y sus visiones e historias. Por un lado, porque así estarás contribuyendo a cambiar esta realidad que les toca vivir hoy y por otro lado tendrás muchos relatos para agregar a tu repertorio como narrador. Si sos joven, no solo estarás ayudando a mejorar la situación de quienes te han criado. También estarás luchando por sus derechos, al darle voz a un tiempo pasado. Por otro lado, evitarás que todo lo que tienen para contarte sobre ellos, sobre el mundo  y sobre tu propia historia familiar algún día se pierda. No dejemos pasar la fortuna de su presencia ni la riqueza de sus perspectivas y memorias.

Las historias orales en la familia promueven la apreciación por escuchar y contar historias y crean lazos que unen a las generaciones”.

Thomas Kuhn, Historiador y filósofo Estadounidense.

Puntuación: 5 de 5.