Claves para, Diccionario de narración oral, Narración oral, Nota

Diccionario de narración. Letra «E»

Después de un descanso, llegamos a febrero, para continuar formando el diccionario con la letra «E»

Te recuerdo: ¿Cómo será la propuesta?

Este año decidí continuar formando el diccionario de la Narración Oral sumando una letra por mes para poder tener tiempo de investigar y compartir con todos ustedes aquí en el blog y en el canal de YouTube. Al mes de Enero, lo dejé descansar… bueno en realidad lo tomé para reflexionar: si seguiría compartiendo en redes sociales para leer las respuestas de los seguidores… pero dije: no, este año la propuesta será al revés, escribiré la nota en el blog y luego los invitaré a escribir sus apreciaciones. Me encantará leer y debatir en comentarios. ¿Qué les parece? ¿Les gusta la nueva propuesta? Espero que sí!!!

Escucha

A contar se aprende escuchando, con todo el alma, con todo el cuerpo. Escuchando nuestras voces interiores, nuestros recuerdos, nuestras heridas, nuestros anhelos… Escuchando a ese ser querido en nuestra infancia, alguna abuela, tía o a esa maestra que nos encantaba con sus relatos y cuentos. Escuchando a quienes nos precedieron en el arte y en el oficio de contar. Escuchando a las personas que cuentan profesionalmente, tan diversas y tan semejantes. Y escuchando al público, a cada auditorio en cada momento. Cómo respira, qué dice, incluso cuando calla.

Porque contar es un acto de comunicación bidireccional. Si a la hora de contar permanecemos a la escucha de nuestro auditorio, sensibles a las diferentes texturas de sus silencios tanto como a las exclamaciones, a los bloqueos respiratorios o a los comentarios de palabra viva que a veces también nos ofrecen, seremos capaces de contar con y no solo de contar para, de hacer verdaderamente cómplice a quien nos está escuchando.

Escuchar el aliento del público es la esencia de nuestro oficio: una gran responsabilidad al mismo tiempo que un gran placer. Y es que algunas veces el espacio no favorece la escucha. En ocasiones, el público no está para que le cuenten. Y otras veces, quienes narramos no estamos para contar. 

Realizar una escucha de calidad pasa por un ejercicio de atención plena por nuestra parte y por conseguir y mantener la mayor atención posible por parte del auditorio. Ambos ejes podrían orientar prácticamente  toda la formación que precisamos para narrar: presencia, enraizamiento, respiración, habitar el cuerpo, concentración, crear y creer en el imaginario… en relación con la escucha interna, y mirada, elocuencia, expresividad, ocupación del espacio, manejo de las pausas y precisión y riqueza de las palabras… en  la escucha externa, destinada a crear un vínculo con el auditorio.

En la transmisión oral, cada persona que cuenta puede ser maestra, pero cada persona que te escucha también te enseña a contar si has hecho el camino suficiente como para apreciarlo.

Si deseamos que nos escuchen de verdad, hemos de escuchar a nuestra vez. Escuchar no puede ser solo una pose. Es el lenguaje del corazón

Puntuación: 1 de 5.

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Diccionario de narración. Letra «D»

Continuamos con la letra D

Dicción

Ellos han definido…

Victoria Jaimerena capacidad de pronunciación y modulación de las palabras emitidas con la voz. dulce melodía de las palabras, cuando vuelan en los cuentos.

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Dicción: Del lat.dictio, -ōnis.

1.f. Manera de hablar o escribir, considerada como buena o mala únicamente por el empleo acertado de las palabras y construcciones.

2. f. Manera de pronunciar. dicción clara y limpia.

SEGÚN LA REA

¿Qué es la dicción y cuál es su importancia en la narración oral?

La dicción es aquella capacidad que tiene una persona de hablar correctamente, de decir, de establecer oralmente las ideas que poseemos en abstracto en nuestra mente. La forma de hablar es central para la buena comunicación de nuestra historia, del cuento que queremos compartir con el público presente.

Esto quiere decir que cuando un narrador está en escena el público le debe entender todo lo que dice claramente y desde luego no sólo los espectadores cercanos sino también a los que se encuentren más alejados.

¿Cuáles son los vicios de dicción y ejemplos?

Los vicios de dicción o de palabra aquellas formas incorrectas de empleo de palabras que pueden generar confusiones. Por ejemplo: dequeísmo, vulgarismo, solecismo. Se incluyen también los vicios de construcción, que no involucran a una palabra sola sino a una estructura mayor, como la oración.

¿Qué hay que tener en cuenta para una buena pronunciación?

  1. Aprende a escuchar.
  2. Presta atención al movimiento de tus labios y boca.
  3. Presta atención a tu lengua.
  4. Desglosa las palabras en sonidos.
  5. Acentúa los sonidos y las palabras.
  6. Mira vídeos y podcasts sobre pronunciación.
  7. Grábate.
  8. Practica con un amigo.

¿Cómo mejorar la dicción?

Aquí te enumero algunas cuestiones que debes tener en cuenta para mejorar tu dicción. Además encontrarás algunos ejercicios para practicar según tu necesidad.

  1. Ejercicios de respiración
  2. Perfecciona el ritmo y la entonación
  3. Practica la modulación de las vocales
  4. Leer en voz alta
  5. No te comas ni cambies las consonantes
  6. Mejora tu vocabulario personal
  7. Perfecciona tu acento nativo
  8. Recita trabalenguas
  9. Regula la velocidad del habla
  10. Haz una prueba de audio y vídeo

También te dejo una nota que realicé el año pasado donde consulté a una fonoaudióloga, ella nos habla sobre la higiene vocal : Higiene vocal para los profesionales de la voz

¡Hasta la semana que viene! Seguimos en orden alfabético y la letra será la E

Te recuerdo: ¿Cómo será la propuesta?

Vamos a formar un diccionario definiendo palabras relacionadas a la narración oral, cada jueves escribiré una palabra en una publicación en Instagram @emilcebrusa y Facebook @EmilceNarradora donde los seguidores pueden escribir sus saberes, pareceres, decires , definiciones. Dejaré por una semana la palabra en las redes sociales para darles tiempo al que quiera participar que piense y elabore su propia definición y a la semana siguiente colocaré la nueva palabra siguiendo el orden alfabético. Mientras tanto en el blog haré cada semana una nota con sus decires, y también agregaré reflexiones desprendidas de diferentes fuentes bibliográficas para seguir reflexionando y ampliando sobre el tema / palabra planteada en la semana.

Puntuación: 1 de 5.

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Diccionario de narración. Letra «C»

Seguimos con la letra C

Cuentacuentos

Ellos han definido….

Sandra Obeaga

Cuentacuentos: El arte de trasmitir historias de boca en boca.

******

Cuentacuentos: m. y f. Persona que narra cuentos en público.

Según la RAE

Cuentacuentos: es un término, una profesión y un trabajo que no requiere mayor explicación a quien lo escucha. 

Él, ella, ellas, ellos…, en definitiva, persona o personas que cuentan historias, leyendas, dichos, sucedidos, trabalenguas, mitos, cuentos…, propios o ajenos, utilizando como recurso su voz, el gesto, el movimiento y/o la música.

El cuentacuentos profesional es aquel que puede contar sus historias en cualquier lugar y para cualquier edad, en el patio de una escuela, en un hospital o en una prisión de alta seguridad, pasando por sitios más cómodos para hacerlo, y para un bebé o una persona de la tercera edad.

Cuentacuentos: es una palabra neutra que puede definir tanto a un narrador como a una narradora: el cuentacuentos, la cuentacuentos.

También se utiliza la palabra cuentacuentos para anunciar una sesión de cuentos en la programación de un espacio escénico ya sea para público adulto, adolescente, familiar o bebés.

Hay muchas formas de nombrar a nuestra profesión, pero la letra que hoy nos convoca es la C. Seguramente en otras notas hablaré sobre esto: La denominación de nuestra profesión, porque la manera en que nos nombramos o nos referimos a ella habla del valor y el compromiso que cada uno le otorga a este oficio tan antiguo pero aún vigente.

Te recuerdo: ¿Cómo será la propuesta?

Vamos a formar un diccionario definiendo palabras relacionadas a la narración oral, cada jueves escribiré una palabra en una publicación en Instagram @emilcebrusa y Facebook @EmilceNarradora donde los seguidores pueden escribir sus saberes, pareceres, decires , definiciones. Dejaré por una semana la palabra en las redes sociales para darles tiempo al que quiera participar que piense y elabore su propia definición y a la semana siguiente colocaré la nueva palabra siguiendo el orden alfabético. Mientras tanto en el blog haré cada semana una nota con sus decires, y también agregaré reflexiones desprendidas de diferentes fuentes bibliográficas para seguir reflexionando y ampliando sobre el tema / palabra planteada en la semana.

¡Hasta la semana que viene! Seguimos en orden alfabético y la letra será la D.

Puntuación: 1 de 5.

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Diccionario de narración. Letra «A»

¿Cómo será la propuesta?

Vamos a formar un diccionario definiendo palabras relacionadas a la narración oral, cada jueves escribiré una palabra en una publicación en Instagram @emilcebrusa y Facebook @EmilceNarradora donde los seguidores pueden escribir sus saberes, pareceres, decires , definiciones. Dejaré por una semana la palabra en las redes sociales para darles tiempo al que quiera participar que piense y elabore su propia definición y a la semana siguiente colocaré la nueva palabra siguiendo el orden alfabético. Mientras tanto en el blog haré cada semana una nota con sus decires, y también agregaré reflexiones desprendidas de diferentes fuentes bibliográficas para seguir reflexionando y ampliando sobre el tema / palabra planteada en la semana.

Comenzamos con la letra A

Adaptar

Ellos han definido …

cuentacuentos_wilmer

ADAPTAR: producir nuestra versión de un cuento, para ser narrado desde la emoción e incluso de acuerdo al entorno

gracielaveronicajujuy

ADAPTAR es pasar un texto a la oralidad respetando el original, sin alterar su esencia, priorizando imágenes y acciones


la_nonna_marcela

ADAPTAR hacer que, lo mismo, a todos, nos quede cómodo, respetando nuestras características

Gracias por sus palabras y dedicar un tiempo al escribirlas y compartirlas. Gracias por sumarse a esta propuesta de construir y pensar juntos sobre nuestro oficio.

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Adaptar es “modificar una obra literaria (…) para que pueda difundirse entre público distinto de aquel al cual iba destinada o darle una forma diferente de la original.”

Según la RAE

Pero ¿hasta dónde se puede modificar la obra? Adaptar es una tarea de cuidado: es parte del proceso de oralización, modificando el texto para ser contado, pero nunca empobreciéndolo al quitarle aquello que nos atrajo de él en primer lugar. Nuestro público nunca es tan diferente de aquel al cual la obra iba destinada.

Cuando elegimos un texto para narrar, ya sea un cuento popular o un texto de autor, tenemos que adaptarlo a la oralidad. Esto es necesario para establecer un buen vínculo con el público y mantener su atención minuto a minuto con una historia clara, de fácil comprensión y dinámica. 

Clases de adaptaciones:

  • Clásica: respeta el orden del texto, sus giros, sus tiempos, sus personajes;
  • Estilizante: respeta los núcleos centrales con algunas modificaciones;
  • Transgresora: le otorga al texto el signo contrario (por ej.: de tragedia a comedia; de la defensa de un valor a su condena);
  • Libre: el texto es un pretexto para contar una historia que poco o nada tiene que ver con el original. 

A la hora de elegir, es mejor y más fácil contar una historia en la que el narrador se enamora de lo que sucede en ella, que una en la que se enamora de la forma en que está escrita. Así será más sencillo apropiarse de un relato ajeno y pasarlo por la experiencia personal.

Algunas sugerencias:

  • Tratemos de registrar qué es lo que nos resultó atractivo del cuento elegido, de rescatar emociones, objetos, lugares, que den textura, olor y sabor a la historia.
  • Toda historia tiene acción. El protagonista la realiza. Los otros personajes son ayudantes u oponentes. Cuando esos personajes son muchos, distingamos los prescindibles de los imprescindibles.
  • Los núcleos de acción narrativa son grandes pulsos que hacen avanzar el relato. Hay que distinguir los que son irrenunciables, ordenarlos y remarcarlos. Podemos omitir información para agilizar la acción, abreviar descripciones, reemplazar texto por gesto. 
  • Recordemos también que hay muchos autores con un estilo propio bien marcado e inconfundible. En esos casos conviene rescatar algunas frases textuales que nos hayan encantado. Nadie dudará entonces de que se trata de un cuento de tal o cual autor y la historia conmoverá al espectador  como nos conmovió al leerla.

No hay un método único para adaptar un texto a la oralidad. Cada narrador debe encontrar su propio sistema.

Por una cuestión de respeto al público que nos escucha, debemos dejar claro a nuestros oyentes qué es y de quién es lo que estamos narrando, ya se trate de una adaptación o de una versión propia o de otro narrador (a quien ya le habremos pedido su autorización). 

Ahora les comparto un texto que me llegó en mis comienzos de formación de la mano del Maestro Claudio Ledesma.

El texto escrito, ¿es un texto sagrado?

Por Gustavo Roldan

Si hasta las palabras del buen Dios se interpretan de distintas maneras, quién puede hablar de la sacralización de un texto. No, por supuesto, nada es sagrado, pero eso no quiero decir que un texto pueda ser cambiado caprichosa y arbitrariamente.

El principio de cualquier traslación de un lenguaje a otro es el Cambio. Se modifica un texto para ser llevado al cine o al teatro, o para contarlo. Eso es imperioso y necesario. Pero, ¿qué se modifica? Por qué aquí esta el problema: “Hay que cambiar para que todo siga igual”.

Esta vez damos vuelta el sentido de la brillante y perversa frase del Gatopardo, que predica cómo impedir los cambios sociales. Sí, el texto puede y debe ser cambiado – traducido a otro lenguaje- para que siga diciendo lo mismo. Esto significa cosas muy concretas. Repito: para que siga diciendo lo mismo. Lo que en buen romance quiere decir que lo cambiable es el lenguaje para adecuarlo a otro tipo de manifestación. No en el sentido –espíritu, fondo, mensaje, etc. – 

De alguna manera contar un cuento –cuándo se puede, porque algunos se empeñan en ser leídos- es volverlo a su faz original, al estado primigenio de una historia, devolviéndole la música de las palabras, el manejo de los silencios, la gestualidad del rostro y de las manos. Nada más pausible y beneficioso para la literatura que proveerla de esos elementos que se pierden con la escritura.

Muchas, muchísimos siglos, entendieron que leer era leer en voz alta. Después nos fuimos olvidando mientras aprendíamos a leer en silencio y allí, seguramente por una falta de práctica, se nos fue desafinando el oído, hasta llegar a creer que con los ojos ya alcanzaba.

Nada más falso. La literatura es una música que debe ser escuchada.

Entonces la respuesta es muy simple: los textos escritos no son sagrados. Es más, están esperando –de nuevo, cuando se puede- que un contador de cuentos lo haga funcionar en plenitud, devolviéndoles lo que una necesidad práctica les hizo perder.

Pero la pregunta inicial, como todas las preguntas, puede tener múltiples significados.

Depende de quién las haga y a quienes las haga. Puede querer decir, por ejemplo, si el contador de cuentos tiene derecho a modificar la historia –a darle un final feliz cuando no lo tiene, a cambiarle la ideología, es decir, a cambiar el cuento-. No, no lo tiene. En ese caso está contando otro cuento. Y para eso, lo mejor es que elija ese otro cuento que quiere contar. En ese caso es una arbitrariedad y una falta de respeto y hasta una infracción a las leyes. Cualquiera sabe –cualquiera que quiera saber- que los derechos legales de un autor lo protegen de toda modificación que se haga de su obra.

Las obras no son sagradas, pero esto es una pregunta extremada y  con un sentido que pone al autor entre la espada y la pared. Y estar entre la espada y la pared –siempre- le pone a uno los pelos de punta, y casi, que lo invita a hacerse a un lado.

Hay mucho más material sobre el tema, pero hasta aquí dejamos por ahora. Te invito a que sigas pensando en esta palabra: ADAPTAR cada vez que llegue a tus manos o a tus orejas; ese cuenta que te encuentra, que te invita a ser contado.

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¡Hasta la semana que viene! Seguimos en orden alfabético y la letra será la B.

Puntuación: 1 de 5.

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Claves para, Narración oral, Nota, Sección:Consejos y prácticas

Tipos de narradores

Narrar es contar. El narrador es quien cuenta la historia. pero, ¿Quién es…?

El narrador no es un personaje. El narrador tiene la misión de contar la historia desde él, con su voz, sus gestos, su mirada. Un narrador cuando se enfrenta ante un texto puede decidir cómo contar esta historia. ¡¿Cómo?! Teniendo en cuenta los diferentes tipos de narrador según la información de que dispone, para contar la historia y del punto de vista que adopta. Para ello debe «Reescribir la historia» desarmarla para volver a armarla.

Repasemos:

Tipos de narrador:

DE 3ª PERSONA
NARRADOR OMNISCIENTTE ( que todo lo sabe). El narrador omnisciente es aquel cuyo conocimiento de los hechos es total y absoluto. Sabe lo que piensan y sienten los personajes: sus sentimientos, sensaciones, intenciones, planes…


NARRADOR OBSERVADOR. Sólo cuenta lo que puede observar. El narrador muestra lo que ve, de modo parecido a como lo hace una cámara de cine.

DE 1 ª PERSONA
NARRADOR PROTAGONISTA. El narrador es también el protagonista de la historia (autobiografía real o ficticia).

NARRADOR PERSONAJE SECUNDARIO. El narrador es un testigo que ha asistido al desarrollo de los hechos.

DE 2 ª PERSONA
El narrador HABLA EN 2ª PERSONA. Crea el efecto de estar contándose la historia a sí mismo o a un yo desdoblado.

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Ejemplos:

3ª Persona: Narrador omnisciente


La mañana del 4 de octubre, Gregorio Olías se levantó más temprano de lo habitual. Había pasado una noche confusa, y hacia el amanecer creyó soñar que un mensajero con antorcha se asomaba a la puerta para anunciarle que el día de la desgracia había llegado al fin.

3ª Persona: Narrador observador


Luego se habían metido poco a poco las dos y se iban riendo, conforme el agua les subía por las piernas y el vientre y la cintura. Se detenían, mirándose, y las risas les crecían y se les contagiaban como un cosquilleo nervioso. Se salpicaron y se agarraron dando gritos, hasta que ambas estuvieron del todo mojadas, jadeantes de risa.

1ª persona: Narrador protagonista

 Me niego a corresponder, a representar el papel de esposa de alto status, que esconde su cansancio tras una sonrisa, lleva la batuta en conversaciones sin fuste, pasa bandejitas y se siente pagada de su trabajera con la típica frase: Has estado maravillosa, querida.

Narrador en 2ª persona

Ahora él le apartaba los cabellos con la mano y Teresa bajó los ojos. La mano […] se posó luego en el cuello de la muchacha, presionando levemente la nuca. […] (Mal lo estás haciendo muy mal, ignorante […])
– Es lo normal. -Le acariciaba los cabellos, la línea suave de los hombros, la nuca-. Es tan fácil quererte, tan sencillo. Lo más sencillo del mundo. Eres bonita, inteligente…
– Pero, ¿qué dices?
– Pues eso, que estás hecha para que te adoren (mal, muy mal, desgraciado, ¿qué te pasa?). Eres un ángel.
Sus cuerpos se tocaron. Teresa seguía con los ojos bajos.
Observa el uso de la segunda persona en los paréntesis, en los que el personaje habla consigo mismo

Y ahora a practicar

Te dejaré un fragmento de un texto para que realices el siguente ejercicio: Transcríbelo cambiando el punto de vista del narrador. Cambiando las personas que narran la historia. Cuenta este fragmento en la 1°Persona, luego la 2° y finalmente narralo en 3° persona. Observa en cuál te sientes más cómodo. ¿Qué sucede con el texto? ¿Qué sucede con vos al narrar en las diferentes voces? ¿Cúal te parece mejor? ¿Cúal es el que transmite más? ¿Se entiende lo que estoy contando?


Fue entonces cuando se torció el tobillo […] Cayó en mala posición: el empeine del pie izquierdo cargó con todo el peso del cuerpo. Al pronto sintió un dolor agudísimo; pensó que se había roto el pie. Con alguna dificultad, sentado en el césped, se quitó la zapatilla y el calcetín, comprobó que el tobillo no estaba hinchado. El dolor amainó en seguida, y Mario se dijo que con suerte el percance no revestiría mayor importancia. Se puso el calcetín y la zapatilla; se incorporó; caminó con cuidado: una punzada le desgarraba el tobillo.

Y para terminar, toma un texto que ya tengas en tu repertorio y juega a cambiar el punto de vista del que cuenta. Quizá puedas contarlo desde la voz de un personaje secundario, o en primera persona, narrador protagonista. O bien en tercera persona desde el punto de vista del narrador observador. Juega, anímate a crear tus cuentos narrados en algo própio. Busca siempre tu voz.

Si tienes tiempo y ganas escríbeme abajo en los comentarios, para saber qué tal ha resultado tu práctica. Gracias! Te leo!!

Puntuación: 1 de 5.

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Claves para, COVID-19, Cuentos en pantallas, Función de cuentos, Narración oral, Nota

Las cinco personalidades de la narración oral

¿Cuáles son y cómo influyen a la hora de contar el cuento?

En el mundo de los contadores de historias, se escucha hablar de las 5 personalidades de la narración oral como influyentes de manera poderosa a la hora de contar una historia. Si las lees te darás cuenta a simple vista en qué consiste cada una de estas personalidades. Pues bien, ellas son: La personalidad del cuento, la personalidad del narrador, la personalidad del público, la personalidad del lugar y la personalidad de la circunstancia. Haré una pequeña descripción de cada una y luego las revisitaremos (es decir, volver a mirarlas) en relación a la forma de narrar a través de las pantallas, en épocas del Covid-19. ¿Es lo mismo? ¿Se debe cambiar algo? ¿Qué cosas debemos modificar? ¿Para qué? ¿Por qué? Comenzamos!!

La personalidad del cuento. En ella, se ve la definición del cuento, si es un cuento de humor, de amor, de intriga, una leyenda, un mito, etc. Si es para niños, adolecentes, adultos, o para la tercera edad.

La personalidad del narrador. Ella nos pone de cierta forma a nosotros como máximo responsable de los cuentos de nuestro reportorio, porque el cuentacuentos debe escoger a partir de su propia personalidad, debe saber discernir que cuento le va mejor y cual no.
Cada narrador es diferente, lo que le queda muy bien a uno en otro puede ser desastroso.
Conocer de nuestras cualidades, de nuestras virtudes y defectos, ser honestos, sencillos, contar con humildad. Contar por el placer de hacerlo bien.

La personalidad del público. Ellos nos inspira, porque sabemos que un público no es igual al otro. No conocemos el estado de ánimo de cada uno que está presente en la sala, hay que estudiarlo unos segundos antes con el silencio lleno, mirar, desplazar la vista por el auditorio, tener una conversación escénica si aún tenemos dudas de lo que vamos a contar para ellos puede funcionar o no, endulzarlos, motivarlos y luego contar la historia. No es bueno llegar y contar, sin sentir al público, no es recomendable.
Recuerden que esto es un proceso de comunión, interrelación, que uno no cuenta para los asistentes sino con los asistentes.

La personalidad del lugar. Cada espacio o lugar tiene una personalidad, y de ella depende también que vayamos a contar y cómo vamos a contar. Ya que podemos contar en un teatro, una sala de conferencia, un patio al aire libre de una escuela, una biblioteca, un salón de actos. Por eso es recomendable llegar al lugar con tiempo de antelación para conocer el área, familiarizarse con ella y confiar en ella. Incluso podemos traer para contar, un cuento de nuestro repertorio y al conocer el lugar este influye para que adecue mi texto o cambio de historia, eso suele pasar.
Hay casos que los narradores están enamorados de una historia y la cuenta de todas formas, puede ser, pongamos el ejemplo, de un cuento de amor, romántico, y nos tropezamos con un lugar abierto y con capacidad para 700 personas.
¿Contaremos el mismo cuento de amor, casi tirando a rosa?
¿Cómo sería entonces nuestro volumen de la voz?
¿Los matices intimista?
¿Valdría la pena contar ese cuento en ese espacio u otro más acorde a la personalidad del lugar?

La personalidad de la circunstancia. Por último cuanto puede influir el frio que se cuela por una ventana, el sonido de una campana de iglesia al fondo de la plaza, un vendedor ambulante que pasa por un parque vendiendo un producto, truenos, lluvia imprevista. Todo esto son circunstancia que pueden ocurrir, antes o el preciso momento del acto de narrar: el narrador tiene que jugar con esas circunstancias y en muchos de los casos incorporarla a nuestras historias y actuar en consecuencia.

Revisitemos las cinco personalidades pero poniendo la mirada en la narración oral virtual

La personalidad del cuento. El cuento para ser narrado a través de las pantallas, debería ser corto e interesante, definiendo siempre para quién se cuenta y qué tipo de cuento quiero contar. Buscando cuentos que nos permitan interactuar en ese rectángulo que es la pantalla, que tambien será parte del cuento.

La personalidad del narrador. Aquí no habría que cambiar nada a lo ya dicho. Si reforzaría el ser responsable y honestos con el trabajo del cuento a ser narrado a través de las pantallas, haber investigado sobre el tema de la virtualidad, probado contar fusionando lenguajes y reflexionado sobre su repertorio para adaptarlo, acortarlo, cambiarlo o buscar nuevos.

La personalidad del público. Aquí se complica sobre todo por no saber quién mirará nuestros cuentos. Si es para un Encuentro o Festival supuestamente los organizadores nos hablarán del público que participarán. Si será en vivo o serán emitido videos grabados previamente por el narrador. En todo caso el narrador deberá imaginar al público. Tendríamos que trabajar la manera de acercarnos para no perder la magia de la comunicación.

La personalidad del lugar. Aquí deberíamos trabajar mucho sobre este punto. Ya que nosotros narraremos desde nuestras casas para que nuestros cuentos lleguen a los diferentes lugares del público que estarán del otro lado de nuestas pantallas. Deberíamos volver a entrar a las diferentes notas de la serie: Narración oral virtual, para que el cuento sea el protagonista y no haya distracciones por el ambiente donde estemos grabando.

La personalidad de la circunstancia. Son muchísimas las circunstancias que debemos tener en cuenta a la hora de narrar frente a las cámaras, pero la más importante a la hora de contar en vivo por las diferentes plataformas es contar con buena señal de Internet. Al estar en casa, lo ideal sería buscar el sector más despejado de objetos, que atrás nuestro esté una pared blanca. Estar bien ilunimados, con buen sonido, para no perder el cuento. Saber que los movimientos deben ser lentos de lo contrario ensucia la imagen (Se ve nublado) Si hay algún ruido tomarlo, incorporándolo en la historia. Pedir que todos los presentes en las transmisiones por plataformas como Zoom o Google Meet apaguen los micrófonos para que solo se escuche al narrador con su cuento. Si es un video grabado previamente el que se enviaré, se puede editar o bien desechar ese y volver a comenzar a grabarlo.

Todavía estamos aprendiendo a encontrarle la vuelta a esta nueva forma de contar. Pero si tenemos en cuenta estas cinco personalidades como Norte para trabajar nuestros cuentos. Creo que llegaremos a un buen destino. Porque el Covid_19 sigue estando, pero no parará a los cuentos y menos que menos a los narradores.

Puntuación: 1 de 5.

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Cómo ser un buen cuentacuentos

Contar cuentos a los niños es muy beneficioso para su crecimiento , pero tan importante es saber elegir las historias adecuadas como saber contarlas. Echa un ojo a estos consejos para ser un gran cuentacuentos.

Por supuesto que sería necesario que te apuntes a un curso de cuentacuentos. Si sos docente, bibliotecaria o madre/ padre y en estos tiempos raros de pandemia no tienes el tiempo para ello, te invito a que bajes este contenido: Cómo contar historias a los niños ya que la manera en que se lee un cuento o se narra una historia hace que esta sea más o menos atractiva.

Una de las claves para fomentar el gusto por la lectura en nuestros niños es narrarles muchos cuentos desde pequeños, pero haciéndolo de tal manera que resulten apasionantes.

Te comparto algunas recomendaciones:

1- Elige adecuadamente la historia que vas a narrar. Debe ser adecuada para la edad del pequeño y resultarle interesante. Busca temas que le gusten como piratas, princesas, dragones, caballeros, etc. Si empiezas un cuento y ves que le aburre o no le gusta, cámbialo. Es importante que no pierdas su atención.

2- Mientras estés contando la historia, debes mirar al niño a menudo para ver cómo va reaccionando y adaptarte a sus emociones. Si se ríe, si le gusta, si le da miedo… Obsérvale para comprender mejor lo que le gusta y lo que no.

3- Anímale a que participe en la narración mediante preguntas o ayudándote con los sonidos. Si es una historia que ya conoce, puede ayudarte a contarla. También puedes preguntarle qué debería hacer un personaje o qué cree que va a pasar.

4- Modifica el ritmo y la duración de la narración según el momento del niño: si está cansado, si quiere más, etc.

5- Es fundamental que vivas la historia y te apasiones con ella. No puedes leerla  o contarla de manera lineal sino que tienes adoptar diferentes voces según el personaje, usar expresiones faciales, gestos, ruidos y sonidos que acompañen a la historia, etc. Vívelo para que el niño también lo viva contigo.

6- ¡Fuera la vergüenza! Deja el pudor para otra situación. Piensa que tu espectador siempre será tu mayor fan ya que para los niños pequeños sus padres, sus maestros son perfectos. Debes sobreactuar y dejar salir al niño que llevas dentro.

7- Usa mucho vocabulario y descripciones para que el niño pueda imaginarse bien el ambiente y los sucesos. Es la mejor manera de fomentar su imaginación.

8- Aunque te parezca que ya le has contado la misma historia mil veces, a los niños no les importa. De hecho, prefieren conocerla para poder anticiparse a lo que va a pasar. Mientras te la pida, no tengas problema en repetirla.

9- Los niños disfrutan con la magia, la aventura y el humor. No te olvides de los personajes graciosos y torpe, siempre les gustan.

10- Ve despacio. Para contar bien una historia hay que tener tiempo, no puedes ir con prisas ni estar pensando en acabar pronto para ir a hacer otra cosa. Debes tener mucho rato para narrar la historia despacio y dejar que el niño se zambulla en ella. No te aceleres.

11- Empieza por historias cortas. Empieza contando cuentos que no sean muy largos y ve aumentándolos para ver que prefiere él, cuentos cortos o no. Aunque, también dependerá del día.

12- Encuentra el momento adecuado. El mejor momento para contar un cuento no siempre es el que mejor si el niño está cansado o nervioso y no está para historias. Respeta sus tiempos y espera el momento adecuado. Lo disfrutarán todos más. 

Puntuación: 1 de 5.

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Claves para, Narración oral, Nota

De principios y finales

Aproximación a las fórmulas de inicio y cierre de cuentos

Como tantos otros elementos de la tradición oral, las fórmulas de comienzo y cierre de cuentos, otrora tan valoradas, se han visto afectadas por el paso del tiempo y, como consecuencia, por la debilitación de la memoria y los cambios de gustos e intereses. Así, en las últimas recopilaciones de folclore narrativo las encontramos reducidas a su mínima expresión y, en los formatos contemporáneos del cuento oral, los narradores suelen prescindir de ellas al ejecutar sus repertorios, sobre todo cuando estos van dirigidos a público adulto. Estas fórmulas, además de servir como pequeño divertimento de lenguaje, actúan como llaves metafóricas que abren y cierran un mundo paralelo de ilimitada elasticidad espacio-temporal, un universo en el que todo puede ocurrir y del que el narrador procura distanciarse con la pronunciación de determinadas palabras. Algo que nos conecta con épocas en las que, según cuentan, el relato, lo cotidiano y lo sobrenatural caminaban de la mano y que, en una secuencia de paralelismo evolutivo, tienden cada vez más a desaparecer. En la tradición oral hispánica, podemos encontrar cierta variedad de fórmulas de inicio y cierre de relatos, unas procedentes de la cadena oral y otras como resultado de la invención personal de cada narrador. A continuación incluiré algunas de ellas, entresacadas de colecciones de cuentos tradicionales de diversas bibliografía.

Fórmulas de inicio

El empleo generalizado del pretérito imperfecto en las fórmulas básicas de inicio concede al cuento oral un valor poético añadido: Había una vez, Érase una vez, Érase que se era, Una vez era, Esta vez era, Era vez que, Era vez y vez (y su variante s) Esto venía a ser, Dicen [cuentan, resulta] que había, Esto quería ser, Esto había de ser, Vivían una vez… Con este uso se resalta la permanencia de los hechos en un pasado indeterminado y amplio, revistiéndolos de un halo de misterio ante el que no interesan aspectos como la fecha exacta de los acontecimientos, el momento y el lugar históricos o asuntos paratextuales como quién fue el primer cronista o el recopilador del relato. Nos basta con saber que los extraordinarios hechos que se nos van a presentar sucedieron pero no acabaron, estando conectados aún con nosotros.

Estas fórmulas fijas dominantes basadas en ese uso casi ritual del tiempo verbal se suelen ampliar y combinar de diversas formas:

• A mí me contaron una vez que era • Una vez dicen que dijeron que había • Esta era una vez que había • Pues vamos a ver que dicen que había una vez • Cuentan que cuentan que me contaron

En bastantes ocasiones los informantes se centran en aportar ambiguos datos geográficos…:

• En cierto pueblo • En un pueblecito de … • En cierto país ¡muy lejos, muy lejos!, que de lejos que era ya no me acuerdo ni dónde era • En la tierra del olvido, donde nadie se acuerda ya de nada • Allá, en un país muy lejano • En el sitio donde Cristo fue a dar las tres voces • Allá por donde San Pedro perdió el gorro

… o temporales:

• Hace mucho tiempo • En tiempos / En tiempos malos • En tiempos muy remotos • Esto ocurrió hace mucho tiempo, y así como me lo contaron a mí os lo cuento yo a vosotros • En cierta ocasión / Cierto día • En aquellos años en que se pasó muchísima hambre • Cuando Dios [Jesucristo y San Pedro] andaba por el mundo • Esto que os voy a contar sucedió hará cien años, más o menos • Hace ya muchísimos años • Cuentan que hace muchos siglos • Cuando los animales hablaban / Cuando los burros volaban, uno que lo vio me contó • En tiempos de Maricastaña • Allá por el año catapún

Y también alternan estas fórmulas de contenido con el empleo de vocativos como Pues señor o Pues mira y otras llamadas de atención más elaboradas y personales que parecen recurrir conscientemente al atractivo casi hipnótico del cuento oral:

• ¡Vayan cuentos y vengan cuentos! • Cuento va y cuento viene, no te creas nada de lo que te cuente

Incluso en algunas ocasiones se hace una tímida referencia a los agentes del acto, los narradores:

• Cuentan y no paran de contar • Cuentan los que lo vieron (yo no estaba, pero me lo dijeron) • Mi abuelo me contaba • Aquí estoy para contarte la historia

Poco más utilizan los narradores tradicionales para iniciar un cuento. No olvidemos que lo que interesa es ir lo más pronto posible al grano, a la acción, para no perder la atención de la audiencia, de ahí que no se pierdan en descripciones o distractores literarios tanto en el comienzo como en la narración propiamente dicha.

Fórmulas de final o cierre

Habrá que citar en primer lugar a quienes eligen finales sobrios:

• Y así se acabó el cuento / Y se acabó • Ahí terminó la historia • Y así ya ha terminao • Así que esto pasao, ya se acabó mi cuento / Y con esto se acaba el cuento • Y nada más / Y no pasó nada más / Y ya no hay más • ¡Ea! / ¡Ea, ya está! • Y este cuento se ha acabado / Con que ya mi cuento se ha acabado / Y ya está el (mi) cuento acabado / Este es mi cuento acabao • ¡Y chache! • Hasta que este cuento se acabó • Y ese cuento sacaron

Y luego partiremos de los conocidisimos colorín colorado y colorín colorete y de sus combinaciones básicas:

• Colorín colorado, cuento acabado • Colorín colorado, este [mi] cuento se ha acabado • Colorín colorado, este cuento está acabado • Y el cuento colorado ya se ha acabado • Y este cuento colorao por mi boca se ha escapao • Así que esto pasó, ya mi cuento se acabó • Y colorín colorete, el cuento se hizo cohete • Colorín colorao, colorín colorete, por el bocín salió un cohete

A estas fórmulas, conocidas por todos, los narradores suelen añadir pequeñas rimas que pretenden provocar una sonrisa en el auditorio, sobre todo cuando este está compuesto de gente menuda:

Colorín colorao, cuentecito rematao, y el que no alce el culo se lo ha chamuscao. Yo, que lo alcé, no me lo chamusqué • Y ya está mi cuento acabado y mi culito chamuscado • Y a quien no levante el culo se le queda pegado • Y colorín colorete, por la chimenea sale un cohete y al que no alce el dedo, un cachete • Y colorín colorete, por la chimenea sale un cohete y por el portal siete • Cuento contao, cuento acabao, por la chimenea se va al tejao, y del tejao al pozo para que no lo escuche ningún mocoso • ¿Te ha gustao? Pues por eso te lo he contao • Y fue por un caminito y fue por otro y si este cuento te gustó, mañana te cuento otro • Y entra por el sano y sale por el roto, el que quiera que venga y me cuente otro • Y aquí se rompió una taza y cada quien para su casa • Y como dice don Crispín, este cuento llegó a su fin • Y aquí termina esta historia, más larga que una zanahoria • ¿Y el burro? Pues álzale el rabo y bésale el culo • Y se ahogó la zorra. Y ¡chachipiritorra!

En algunas historias, sin embargo, lo más importante para quien narra es dejar claro que, a pesar de todos los avatares descritos, los protagonistas (que son, al fin y al cabo, con quienes nos identificamos) no han sufrido daños y tendrán un final feliz, o sea, una vida mucho más placentera que la narrada:

• Y fueron [vivieron] felices • Vivieron felices por muchos años • Fueron felices hasta que murieron; Dios los tenga en su gloria, amén, Jesús • Y desde entonces fueron muy felices y dichosos • Y pasaron felices pascuas • Y así terminó el cuento, todos felices y contentos

Este final feliz suele celebrarse, quizás para compensar el hambre imperante, con la mención de alimentos básicos como el pan, los ajos, el pimiento y los rábanos (tuertos y asados), aderezados con un poco de sal y alcaravea:

• Y se acabó el cuento con ajo y pimiento • Con sal y pimiento se acabó el cuento • Y se acabó mi cuento con pan y rábano tuerto • Y ya se acabó el cuento con pan y pimiento y alcaravea para el que no lo crea • Y ya se ha acabado el cuento con pan y pimientos y rábanos asados, y el que esté de pie… • Y este cuento se ha acabado, de pan y pimiento y rábanos asados ¡y en el techo está colgado! • Y se acabó el cuento con pan y pimiento, y rábano asao para el que lo ha escuchado • Y se acabó el cuento con pan y pimiento. Se agarró la zapa al culo que esté sentado. Y se levantó, se achicharró. ¡Ea! Ya se acabó • Aquí se termina el cuento con miguillas de pan y rábanos tuertos para mañana almorzar • Y con esto y el cesto lleno con pan y pimientos y rabanillos tuertos se acaba este cuento • Y se acabó el cuento con pera y pimiento • Con pan y pimiento asado este cuento se ha acabado • Y se acabó el cuento con pan y pimiento y rabanillos tuertos • Y aquí se acabó el cuento con pan y pimiento y rábanos tuertos, y el que quiera más que vaya a mi huerto. • Toma un poquito de alcaravea para que tú mañana lo veas • Y un granito de sal para acabarlos de engañar

Aunque, si pueden permitirse un gran banquete, el plato principal, por exigencias de la rima, pasa de vegetal a animal, poniéndose en peligro la pervivencia de determinada ave:

Vivieron felices y comieron perdices • Se casaron, vivieron felices y comieron perdices, y a mí no me dieron porque no quisieron [porque no les dio la gana] • Y vivieron felices y comieron perdices, y a nosotros nos dieron con el plato en las narices • Y vivieron felices y comieron perdices, y a mí me dieron con los huesos en las narices • Y vivieron felices, comieron perdices y yo no las comí porque no las quise • Y fueron felices, comieron perdices, y a mí me dieron las patas y no las quise • Comieron tantas perdices que se empacharon • Y vivieron muy felices. Se comieron, lo menos, media docena de perdices • Y ellos ya vivieron felices y comieron perdices y guardaron una patita para mí, y como no fui no la comí • Y todos comieron perdices y vivieron felices y contentos, y a mí me dieron un rábano tuerto

Banquetes a los que determinados narradores, como vemos, parecen haber asistido, aunque con menos fortuna de la que quisieran:

• Y yo fui y vine y no me dieron ni para unos botines, y fui otra vez y me dieron pluma y papel • Y yo fui y vine y me dieron los botines [patines] para los pies y en el camino los destrocé • Y yo fui y vine y sólo me dieron para unos botines y, como eran de papel, por el camino los destrocé • Y yo vine y me dieron unos zapatos de papel para que en el camino lo pudiera yo ver • ¿Y qué me dieron? Unos zapatitos de afrecho; les soplé y se me fueron al techo • Y yo fui y volví y sólo me dieron unos zapatos de manteca que se me derritieron en el camino • Y a mí me dieron un sebo, pero en el camino por donde venía se me derritió y llegué a casa sin nada • Ya no vi más porque me había hecho mi padre unas albarcas de manteca, y como hacía mucho calor, se me deshacían y me quedaba descalza y me tuve que venir • Y ellos se repartieron el oro y a mí me dejaron pobre para contarlo • Y yo, después de tanto ver, me vine a mi casa, y ellos se quedaron muy contentos y felices • En fin, que ellos se disfrutaron muchos años y yo me vine aquí caminando • Y a mí me enviaron aquí a que te lo contara a ti • Y yo estuve allí y de una patada me enviaron aquí • Y cuando yo marché de aquel pueblo todavía quedaban bailando • Y yo, al ver eso, me unté los zapatos con grasa y me vine corriendo para casa • Yo me vine y allí se quedaron / Y yo me vine y los dejé allí
• Y yo me vine y no me dieron ni para un cigarrillo • Ya fueron ellos a su palacio, unos a un lado y otros a otro, y yo fui y no me dieron ni el mandao • Se acabó el cuento y yo fui a la muerte del amo, pero nada me dieron • Del frite que se comieron me tiraron con un hueso en el tobillo, que aguate me rompen un colmillo • Y yo me vine aquí y no vi más. Y yo me vine y los dejé, y no sé qué habrá sido de ellos • Y cuando estaban en lo más bonito del sueño, vino el día y los despertó

Al volver de semejantes sitios, a veces no queda otra opción que poner tierra de por medio entre lo narrado y la realidad, de forma que todos (narrador y oyentes) puedan volver sin dejarse nada en ese más allá de los relatos:

• Y fue cosa de cuento • Ellos allá y nosotros acá • Nuestros cuentos en Flandes • Y todo nuestro relato, mentira • Chistera, chistera, este cuento está fuera • ¿Qué hay en la plaza? Calabazas. Pues cada uno pa su casa. ¿Y qué hay dentro? Pipitas. Pues cada uno pa su casita • Y cada uno se fue a su casa • Y por un agujero entro y me salgo por otro. Y el que contó este cuento contará otro • Se acabó el cuento y se lo llevó el viento y se fue por el mar adentro • Y así pasaron muchos años hasta que este cuento se perdió entre castaños • Y este cuento se perdió; cuando lo vuelva a encontrar te lo volveré a contar

Entonces, cuando el cuento nos estremece y sus palabras, a modo de varita de virtudes, consiguen que accedemos a mundos invisibles aunque posibles, el narrador aprovecha para pronunciar fórmulas de cierre que aspiran a ser conjuros mágicos:

• Quien no quiera creer esta historia verdadera, que su cabeza se le vuelva de cera • Si es mentira, que se te vuelva todo un saco de harina; si es verdad, que se te vuelva saco de pan • Nuestros reyezuelos, hueso en la espalda

Y, rompiendo uno de los viejos tópicos sobre el cuento popular, diremos que muy pocos de estos textos (menos del 1% de los analizados) acaban con una sentencia didáctica o moralizante, lo que refleja una cuestión ya explicada en otros estudios: que la utilización ejemplarizante de los cuentos de tradición oral se procesó al margen de la cadena espontánea y con fines absolutamente distintos a los que impulsaban a la gente sencilla a narrar estos cuentos. Es precisamente en los textos de tipo religioso donde encontramos estos finales que quieren, además, insistir en la veracidad de lo contado:

• Porque están castigados por la mano de Dios • Y era que Dios ya le había perdonado • Y así pagó su delito • Quien todo lo quiere todo lo pierde • Mire usted qué milagro tan hermoso que hizo el Señor

Una penúltima cuestión. Francisco Castro, excelente informante de la comarca del Campo de Gibraltar, aún cerrando siempre sus cuentos con una ración de “rabanillos tuertos”, en cierta ocasión añadió: “Para que no se olvide”. ¿Podría ser la fórmula de cierre una forma de conjurar el olvido, enemigo de la tradición oral y de nuestra propia historia personal? Los efectos que estos finales tengan en cada uno de nosotros nos darán pistas para respondernos.

En fin, si todavía hay quienes insisten en buscar conexiones con la realidad, sin pensar que los cuentos, cuentos son, los narradores también tienen un final para ellos:

• Si ustedes no se lo creen podemos ir a casa de los felices esposos que estarán todavía comiendo perdices • Esto pasó en Fuente el Césped, de donde era el tío Caspe • Se lo he oído contar a la abuela • Esto es verdad y no miento, y como me lo contaron te lo cuento

Mención aparte merecen aquellos relatos que concluyen con un final rimado que hace referencia al propio desenlace del relato, no precisando entonces ninguna fórmula fija..

Pues eso: Como me lo contaron os lo cuento y me alejo de esta historia sin guardarme nada dentro.

Bibliografía consultada

• CUENTOS POPULARES ESPAÑOLES (3 vol.) Aurelio M. Espinosa, padre. CSIC. Madrid, 1946.

• CUENTOS POPULARES DE CASTILLA Y LEÓN. Aurelio M. Espinosa, hijo. CSIC. Madrid, 1996 (vol. I), 1988 (vol. II).

• CATÁLOGO TIPOLÓGICO DEL CUENTO FOLKLÓRICO ESPAÑOL. CUENTOS MARAVILLOSOS. Julio Camarena y Maxime Chevalier. Editorial Gredos. Madrid, 1995.

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Claves para, Literatura, Narración oral, Narrar a la primera infancia

Literatura para la primera infancia. A la hora de elegir… ¿Qué narrar?

¿Para qué sirve la literatura infantil en la primera infancia?

Los libros de literatura presentan un mundo imaginario en el que los protagonístas actúan de acuerdo a pautas solamente válidas dentro del texto de ficción. Los animales pueden hablar, pensar, tomar decisiones, se visten como personas, reaccionan con conductas similares a las del mundo humano. La identificación con el personaje del texto literario, es el punto de partida para que deseen escucharlo. Los personajes literarios más atractivos son por lo tanto los que juegan, los que quiebran el orden establecido, los que se aventuran y descubren otros mundos, sufren vicisitudes, pero salen airosos de esas circunstancias. A los niños les gustan los seres imaginarios, los perros voladores, los ratones que van a la luna en barrilete, lo fantástico, la ruptura definitiva de las fronteras de lo real. Por lo tanto la literatura infantil sirve para conocer el mundo, para jugar dentro de ese mundo imaginario, para acompañar emociones y sentimientos, para encontrar la voz cariñosa del adulto, para establecer vínculos.

A la hora de elegir… ¿Qué criterios podemos tener en cuenta?

El valor estético de una obra literaria infantil

Triángulo amoroso: Adulto, Bebé, libro.

La literatura habla de las cosas que conmueven, que estimulan el pensamiento sobre lo que nos está pasando, que arranca sonrisas o lágrimas, y que deja como única enseñanza ese contacto con las palabras que abren mundos nuevos, desconocidos tal vez, antes de escuchar ese texto. Pertenece al campo de la creación artística en el que no existen moldes establecidos. El valor estético recide en colocar en primer lugar las imágenes, la palabra poética, dónde encontraremos que dice cosas, pero de tal manera, que llega a lo más hondo del corazón.

El cuidado pedagógico ¿Dónde ponemos la mirada?

La importancia de la selección de los textos.

Con frecuencia nos preocupamos por la aparición de palabras de poca circulación, ya que se supone que los niños las desconocen y no comprenderán el sentido de la narración. Sin embargo, nada complace más a un niño que escuchar por primera vez una palabra, interrogar sobre su significado, escuchar una respuesta satisfactoria. Los textos para los primeros años, deben transmitir ideas de manera coloquial. Pero esto no quiere decir que no exista profundidas, pensamientos profundos.

Conocer un poco de pedagogía nos brinda herramientas para conocer los centros de interés temáticos en cada etapa evolutiva, sabiendo que se van modificando a través del tiempo, y que pueden ser una constante aún en diferentes contextos culturales. Así sabemos que a los bebés les atraen más las historias en las que se ponen en juego un personaje infantil y un objeto conocido – una pelota, un pájaro – o una figura familiar que puede asociar con su mamá. su papá u otra persona cercana.

A los dos o tres años disfrutan de narraciones en las que intervienen más personajes y los hechos del cuento suceden en espacios que les den gusto recorrer: la plaza, el mar. Es decir, aparece el interés por los espacios exteriores en los que puedan sentirse protagonístas. Eligen personajes que se disfrazan y engañan a otros, y situaciones lúdicas en las que ya no está presente el adulto.

Imagen de PublicDomainPictures en Pixabay 

Los niños de cuatro y cinco años, se inclinan por los elementos mágicos o sobrenaturales, como los que aparecen en los cuentos tradicionales. Nace la curiosidad por temas más complejos: el amor, los nacimientos, la muerte, las aventuras en lugares extraños, y toda historia en la que los protagonistas se alejan de la tutela familiar y atraviesan por sí mismos las dificultades o las amenazas del mundo exterior.

En lo que se parecen todos los niños, a cualquier edad, es por el inmenso placer que les producen las historias que los transportan a un mundo diferente, con provocaciones a su imaginación, a su sonrisa, y también a su emoción más oscura. Les gusta, como a todos, que los asombren.

La representación del Mundo: ideas, creencias, valores culturales.

Ningún cuento es inocente, menos aún el que va dirigido a la primera infancia. Toda obra literaria contiene en su interior una representación del Mundo, una escala valorativa sobre la conducta humana. Aquí las polémicas suelen ser intensas, ya que, como es sabido, no todos compartimos los mismos códigos con respecto a lo que está bien o está mal, ni ahora, ni en el pasado remoto. Para cerrar la nota, una frase para reflexionar : todos somos diferentes, el problema es cómo aprendemos a respetarnos en esas diferencias.

Nota escrita por Emilce Brusa

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