Claves para, Narración oral, Nota

De principios y finales

Aproximación a las fórmulas de inicio y cierre de cuentos

Como tantos otros elementos de la tradición oral, las fórmulas de comienzo y cierre de cuentos, otrora tan valoradas, se han visto afectadas por el paso del tiempo y, como consecuencia, por la debilitación de la memoria y los cambios de gustos e intereses. Así, en las últimas recopilaciones de folclore narrativo las encontramos reducidas a su mínima expresión y, en los formatos contemporáneos del cuento oral, los narradores suelen prescindir de ellas al ejecutar sus repertorios, sobre todo cuando estos van dirigidos a público adulto. Estas fórmulas, además de servir como pequeño divertimento de lenguaje, actúan como llaves metafóricas que abren y cierran un mundo paralelo de ilimitada elasticidad espacio-temporal, un universo en el que todo puede ocurrir y del que el narrador procura distanciarse con la pronunciación de determinadas palabras. Algo que nos conecta con épocas en las que, según cuentan, el relato, lo cotidiano y lo sobrenatural caminaban de la mano y que, en una secuencia de paralelismo evolutivo, tienden cada vez más a desaparecer. En la tradición oral hispánica, podemos encontrar cierta variedad de fórmulas de inicio y cierre de relatos, unas procedentes de la cadena oral y otras como resultado de la invención personal de cada narrador. A continuación incluiré algunas de ellas, entresacadas de colecciones de cuentos tradicionales de diversas bibliografía.

Fórmulas de inicio

El empleo generalizado del pretérito imperfecto en las fórmulas básicas de inicio concede al cuento oral un valor poético añadido: Había una vez, Érase una vez, Érase que se era, Una vez era, Esta vez era, Era vez que, Era vez y vez (y su variante s) Esto venía a ser, Dicen [cuentan, resulta] que había, Esto quería ser, Esto había de ser, Vivían una vez… Con este uso se resalta la permanencia de los hechos en un pasado indeterminado y amplio, revistiéndolos de un halo de misterio ante el que no interesan aspectos como la fecha exacta de los acontecimientos, el momento y el lugar históricos o asuntos paratextuales como quién fue el primer cronista o el recopilador del relato. Nos basta con saber que los extraordinarios hechos que se nos van a presentar sucedieron pero no acabaron, estando conectados aún con nosotros.

Estas fórmulas fijas dominantes basadas en ese uso casi ritual del tiempo verbal se suelen ampliar y combinar de diversas formas:

• A mí me contaron una vez que era • Una vez dicen que dijeron que había • Esta era una vez que había • Pues vamos a ver que dicen que había una vez • Cuentan que cuentan que me contaron

En bastantes ocasiones los informantes se centran en aportar ambiguos datos geográficos…:

• En cierto pueblo • En un pueblecito de … • En cierto país ¡muy lejos, muy lejos!, que de lejos que era ya no me acuerdo ni dónde era • En la tierra del olvido, donde nadie se acuerda ya de nada • Allá, en un país muy lejano • En el sitio donde Cristo fue a dar las tres voces • Allá por donde San Pedro perdió el gorro

… o temporales:

• Hace mucho tiempo • En tiempos / En tiempos malos • En tiempos muy remotos • Esto ocurrió hace mucho tiempo, y así como me lo contaron a mí os lo cuento yo a vosotros • En cierta ocasión / Cierto día • En aquellos años en que se pasó muchísima hambre • Cuando Dios [Jesucristo y San Pedro] andaba por el mundo • Esto que os voy a contar sucedió hará cien años, más o menos • Hace ya muchísimos años • Cuentan que hace muchos siglos • Cuando los animales hablaban / Cuando los burros volaban, uno que lo vio me contó • En tiempos de Maricastaña • Allá por el año catapún

Y también alternan estas fórmulas de contenido con el empleo de vocativos como Pues señor o Pues mira y otras llamadas de atención más elaboradas y personales que parecen recurrir conscientemente al atractivo casi hipnótico del cuento oral:

• ¡Vayan cuentos y vengan cuentos! • Cuento va y cuento viene, no te creas nada de lo que te cuente

Incluso en algunas ocasiones se hace una tímida referencia a los agentes del acto, los narradores:

• Cuentan y no paran de contar • Cuentan los que lo vieron (yo no estaba, pero me lo dijeron) • Mi abuelo me contaba • Aquí estoy para contarte la historia

Poco más utilizan los narradores tradicionales para iniciar un cuento. No olvidemos que lo que interesa es ir lo más pronto posible al grano, a la acción, para no perder la atención de la audiencia, de ahí que no se pierdan en descripciones o distractores literarios tanto en el comienzo como en la narración propiamente dicha.

Fórmulas de final o cierre

Habrá que citar en primer lugar a quienes eligen finales sobrios:

• Y así se acabó el cuento / Y se acabó • Ahí terminó la historia • Y así ya ha terminao • Así que esto pasao, ya se acabó mi cuento / Y con esto se acaba el cuento • Y nada más / Y no pasó nada más / Y ya no hay más • ¡Ea! / ¡Ea, ya está! • Y este cuento se ha acabado / Con que ya mi cuento se ha acabado / Y ya está el (mi) cuento acabado / Este es mi cuento acabao • ¡Y chache! • Hasta que este cuento se acabó • Y ese cuento sacaron

Y luego partiremos de los conocidisimos colorín colorado y colorín colorete y de sus combinaciones básicas:

• Colorín colorado, cuento acabado • Colorín colorado, este [mi] cuento se ha acabado • Colorín colorado, este cuento está acabado • Y el cuento colorado ya se ha acabado • Y este cuento colorao por mi boca se ha escapao • Así que esto pasó, ya mi cuento se acabó • Y colorín colorete, el cuento se hizo cohete • Colorín colorao, colorín colorete, por el bocín salió un cohete

A estas fórmulas, conocidas por todos, los narradores suelen añadir pequeñas rimas que pretenden provocar una sonrisa en el auditorio, sobre todo cuando este está compuesto de gente menuda:

Colorín colorao, cuentecito rematao, y el que no alce el culo se lo ha chamuscao. Yo, que lo alcé, no me lo chamusqué • Y ya está mi cuento acabado y mi culito chamuscado • Y a quien no levante el culo se le queda pegado • Y colorín colorete, por la chimenea sale un cohete y al que no alce el dedo, un cachete • Y colorín colorete, por la chimenea sale un cohete y por el portal siete • Cuento contao, cuento acabao, por la chimenea se va al tejao, y del tejao al pozo para que no lo escuche ningún mocoso • ¿Te ha gustao? Pues por eso te lo he contao • Y fue por un caminito y fue por otro y si este cuento te gustó, mañana te cuento otro • Y entra por el sano y sale por el roto, el que quiera que venga y me cuente otro • Y aquí se rompió una taza y cada quien para su casa • Y como dice don Crispín, este cuento llegó a su fin • Y aquí termina esta historia, más larga que una zanahoria • ¿Y el burro? Pues álzale el rabo y bésale el culo • Y se ahogó la zorra. Y ¡chachipiritorra!

En algunas historias, sin embargo, lo más importante para quien narra es dejar claro que, a pesar de todos los avatares descritos, los protagonistas (que son, al fin y al cabo, con quienes nos identificamos) no han sufrido daños y tendrán un final feliz, o sea, una vida mucho más placentera que la narrada:

• Y fueron [vivieron] felices • Vivieron felices por muchos años • Fueron felices hasta que murieron; Dios los tenga en su gloria, amén, Jesús • Y desde entonces fueron muy felices y dichosos • Y pasaron felices pascuas • Y así terminó el cuento, todos felices y contentos

Este final feliz suele celebrarse, quizás para compensar el hambre imperante, con la mención de alimentos básicos como el pan, los ajos, el pimiento y los rábanos (tuertos y asados), aderezados con un poco de sal y alcaravea:

• Y se acabó el cuento con ajo y pimiento • Con sal y pimiento se acabó el cuento • Y se acabó mi cuento con pan y rábano tuerto • Y ya se acabó el cuento con pan y pimiento y alcaravea para el que no lo crea • Y ya se ha acabado el cuento con pan y pimientos y rábanos asados, y el que esté de pie… • Y este cuento se ha acabado, de pan y pimiento y rábanos asados ¡y en el techo está colgado! • Y se acabó el cuento con pan y pimiento, y rábano asao para el que lo ha escuchado • Y se acabó el cuento con pan y pimiento. Se agarró la zapa al culo que esté sentado. Y se levantó, se achicharró. ¡Ea! Ya se acabó • Aquí se termina el cuento con miguillas de pan y rábanos tuertos para mañana almorzar • Y con esto y el cesto lleno con pan y pimientos y rabanillos tuertos se acaba este cuento • Y se acabó el cuento con pera y pimiento • Con pan y pimiento asado este cuento se ha acabado • Y se acabó el cuento con pan y pimiento y rabanillos tuertos • Y aquí se acabó el cuento con pan y pimiento y rábanos tuertos, y el que quiera más que vaya a mi huerto. • Toma un poquito de alcaravea para que tú mañana lo veas • Y un granito de sal para acabarlos de engañar

Aunque, si pueden permitirse un gran banquete, el plato principal, por exigencias de la rima, pasa de vegetal a animal, poniéndose en peligro la pervivencia de determinada ave:

Vivieron felices y comieron perdices • Se casaron, vivieron felices y comieron perdices, y a mí no me dieron porque no quisieron [porque no les dio la gana] • Y vivieron felices y comieron perdices, y a nosotros nos dieron con el plato en las narices • Y vivieron felices y comieron perdices, y a mí me dieron con los huesos en las narices • Y vivieron felices, comieron perdices y yo no las comí porque no las quise • Y fueron felices, comieron perdices, y a mí me dieron las patas y no las quise • Comieron tantas perdices que se empacharon • Y vivieron muy felices. Se comieron, lo menos, media docena de perdices • Y ellos ya vivieron felices y comieron perdices y guardaron una patita para mí, y como no fui no la comí • Y todos comieron perdices y vivieron felices y contentos, y a mí me dieron un rábano tuerto

Banquetes a los que determinados narradores, como vemos, parecen haber asistido, aunque con menos fortuna de la que quisieran:

• Y yo fui y vine y no me dieron ni para unos botines, y fui otra vez y me dieron pluma y papel • Y yo fui y vine y me dieron los botines [patines] para los pies y en el camino los destrocé • Y yo fui y vine y sólo me dieron para unos botines y, como eran de papel, por el camino los destrocé • Y yo vine y me dieron unos zapatos de papel para que en el camino lo pudiera yo ver • ¿Y qué me dieron? Unos zapatitos de afrecho; les soplé y se me fueron al techo • Y yo fui y volví y sólo me dieron unos zapatos de manteca que se me derritieron en el camino • Y a mí me dieron un sebo, pero en el camino por donde venía se me derritió y llegué a casa sin nada • Ya no vi más porque me había hecho mi padre unas albarcas de manteca, y como hacía mucho calor, se me deshacían y me quedaba descalza y me tuve que venir • Y ellos se repartieron el oro y a mí me dejaron pobre para contarlo • Y yo, después de tanto ver, me vine a mi casa, y ellos se quedaron muy contentos y felices • En fin, que ellos se disfrutaron muchos años y yo me vine aquí caminando • Y a mí me enviaron aquí a que te lo contara a ti • Y yo estuve allí y de una patada me enviaron aquí • Y cuando yo marché de aquel pueblo todavía quedaban bailando • Y yo, al ver eso, me unté los zapatos con grasa y me vine corriendo para casa • Yo me vine y allí se quedaron / Y yo me vine y los dejé allí
• Y yo me vine y no me dieron ni para un cigarrillo • Ya fueron ellos a su palacio, unos a un lado y otros a otro, y yo fui y no me dieron ni el mandao • Se acabó el cuento y yo fui a la muerte del amo, pero nada me dieron • Del frite que se comieron me tiraron con un hueso en el tobillo, que aguate me rompen un colmillo • Y yo me vine aquí y no vi más. Y yo me vine y los dejé, y no sé qué habrá sido de ellos • Y cuando estaban en lo más bonito del sueño, vino el día y los despertó

Al volver de semejantes sitios, a veces no queda otra opción que poner tierra de por medio entre lo narrado y la realidad, de forma que todos (narrador y oyentes) puedan volver sin dejarse nada en ese más allá de los relatos:

• Y fue cosa de cuento • Ellos allá y nosotros acá • Nuestros cuentos en Flandes • Y todo nuestro relato, mentira • Chistera, chistera, este cuento está fuera • ¿Qué hay en la plaza? Calabazas. Pues cada uno pa su casa. ¿Y qué hay dentro? Pipitas. Pues cada uno pa su casita • Y cada uno se fue a su casa • Y por un agujero entro y me salgo por otro. Y el que contó este cuento contará otro • Se acabó el cuento y se lo llevó el viento y se fue por el mar adentro • Y así pasaron muchos años hasta que este cuento se perdió entre castaños • Y este cuento se perdió; cuando lo vuelva a encontrar te lo volveré a contar

Entonces, cuando el cuento nos estremece y sus palabras, a modo de varita de virtudes, consiguen que accedemos a mundos invisibles aunque posibles, el narrador aprovecha para pronunciar fórmulas de cierre que aspiran a ser conjuros mágicos:

• Quien no quiera creer esta historia verdadera, que su cabeza se le vuelva de cera • Si es mentira, que se te vuelva todo un saco de harina; si es verdad, que se te vuelva saco de pan • Nuestros reyezuelos, hueso en la espalda

Y, rompiendo uno de los viejos tópicos sobre el cuento popular, diremos que muy pocos de estos textos (menos del 1% de los analizados) acaban con una sentencia didáctica o moralizante, lo que refleja una cuestión ya explicada en otros estudios: que la utilización ejemplarizante de los cuentos de tradición oral se procesó al margen de la cadena espontánea y con fines absolutamente distintos a los que impulsaban a la gente sencilla a narrar estos cuentos. Es precisamente en los textos de tipo religioso donde encontramos estos finales que quieren, además, insistir en la veracidad de lo contado:

• Porque están castigados por la mano de Dios • Y era que Dios ya le había perdonado • Y así pagó su delito • Quien todo lo quiere todo lo pierde • Mire usted qué milagro tan hermoso que hizo el Señor

Una penúltima cuestión. Francisco Castro, excelente informante de la comarca del Campo de Gibraltar, aún cerrando siempre sus cuentos con una ración de “rabanillos tuertos”, en cierta ocasión añadió: “Para que no se olvide”. ¿Podría ser la fórmula de cierre una forma de conjurar el olvido, enemigo de la tradición oral y de nuestra propia historia personal? Los efectos que estos finales tengan en cada uno de nosotros nos darán pistas para respondernos.

En fin, si todavía hay quienes insisten en buscar conexiones con la realidad, sin pensar que los cuentos, cuentos son, los narradores también tienen un final para ellos:

• Si ustedes no se lo creen podemos ir a casa de los felices esposos que estarán todavía comiendo perdices • Esto pasó en Fuente el Césped, de donde era el tío Caspe • Se lo he oído contar a la abuela • Esto es verdad y no miento, y como me lo contaron te lo cuento

Mención aparte merecen aquellos relatos que concluyen con un final rimado que hace referencia al propio desenlace del relato, no precisando entonces ninguna fórmula fija..

Pues eso: Como me lo contaron os lo cuento y me alejo de esta historia sin guardarme nada dentro.

Bibliografía consultada

• CUENTOS POPULARES ESPAÑOLES (3 vol.) Aurelio M. Espinosa, padre. CSIC. Madrid, 1946.

• CUENTOS POPULARES DE CASTILLA Y LEÓN. Aurelio M. Espinosa, hijo. CSIC. Madrid, 1996 (vol. I), 1988 (vol. II).

• CATÁLOGO TIPOLÓGICO DEL CUENTO FOLKLÓRICO ESPAÑOL. CUENTOS MARAVILLOSOS. Julio Camarena y Maxime Chevalier. Editorial Gredos. Madrid, 1995.

Puntuación: 1 de 5.

Claves para, Literatura, Narración oral, Narrar a la primera infancia

Literatura para la primera infancia. A la hora de elegir… ¿Qué narrar?

¿Para qué sirve la literatura infantil en la primera infancia?

Los libros de literatura presentan un mundo imaginario en el que los protagonístas actúan de acuerdo a pautas solamente válidas dentro del texto de ficción. Los animales pueden hablar, pensar, tomar decisiones, se visten como personas, reaccionan con conductas similares a las del mundo humano. La identificación con el personaje del texto literario, es el punto de partida para que deseen escucharlo. Los personajes literarios más atractivos son por lo tanto los que juegan, los que quiebran el orden establecido, los que se aventuran y descubren otros mundos, sufren vicisitudes, pero salen airosos de esas circunstancias. A los niños les gustan los seres imaginarios, los perros voladores, los ratones que van a la luna en barrilete, lo fantástico, la ruptura definitiva de las fronteras de lo real. Por lo tanto la literatura infantil sirve para conocer el mundo, para jugar dentro de ese mundo imaginario, para acompañar emociones y sentimientos, para encontrar la voz cariñosa del adulto, para establecer vínculos.

A la hora de elegir… ¿Qué criterios podemos tener en cuenta?

El valor estético de una obra literaria infantil

Triángulo amoroso: Adulto, Bebé, libro.

La literatura habla de las cosas que conmueven, que estimulan el pensamiento sobre lo que nos está pasando, que arranca sonrisas o lágrimas, y que deja como única enseñanza ese contacto con las palabras que abren mundos nuevos, desconocidos tal vez, antes de escuchar ese texto. Pertenece al campo de la creación artística en el que no existen moldes establecidos. El valor estético recide en colocar en primer lugar las imágenes, la palabra poética, dónde encontraremos que dice cosas, pero de tal manera, que llega a lo más hondo del corazón.

El cuidado pedagógico ¿Dónde ponemos la mirada?

La importancia de la selección de los textos.

Con frecuencia nos preocupamos por la aparición de palabras de poca circulación, ya que se supone que los niños las desconocen y no comprenderán el sentido de la narración. Sin embargo, nada complace más a un niño que escuchar por primera vez una palabra, interrogar sobre su significado, escuchar una respuesta satisfactoria. Los textos para los primeros años, deben transmitir ideas de manera coloquial. Pero esto no quiere decir que no exista profundidas, pensamientos profundos.

Conocer un poco de pedagogía nos brinda herramientas para conocer los centros de interés temáticos en cada etapa evolutiva, sabiendo que se van modificando a través del tiempo, y que pueden ser una constante aún en diferentes contextos culturales. Así sabemos que a los bebés les atraen más las historias en las que se ponen en juego un personaje infantil y un objeto conocido – una pelota, un pájaro – o una figura familiar que puede asociar con su mamá. su papá u otra persona cercana.

A los dos o tres años disfrutan de narraciones en las que intervienen más personajes y los hechos del cuento suceden en espacios que les den gusto recorrer: la plaza, el mar. Es decir, aparece el interés por los espacios exteriores en los que puedan sentirse protagonístas. Eligen personajes que se disfrazan y engañan a otros, y situaciones lúdicas en las que ya no está presente el adulto.

Imagen de PublicDomainPictures en Pixabay 

Los niños de cuatro y cinco años, se inclinan por los elementos mágicos o sobrenaturales, como los que aparecen en los cuentos tradicionales. Nace la curiosidad por temas más complejos: el amor, los nacimientos, la muerte, las aventuras en lugares extraños, y toda historia en la que los protagonistas se alejan de la tutela familiar y atraviesan por sí mismos las dificultades o las amenazas del mundo exterior.

En lo que se parecen todos los niños, a cualquier edad, es por el inmenso placer que les producen las historias que los transportan a un mundo diferente, con provocaciones a su imaginación, a su sonrisa, y también a su emoción más oscura. Les gusta, como a todos, que los asombren.

La representación del Mundo: ideas, creencias, valores culturales.

Ningún cuento es inocente, menos aún el que va dirigido a la primera infancia. Toda obra literaria contiene en su interior una representación del Mundo, una escala valorativa sobre la conducta humana. Aquí las polémicas suelen ser intensas, ya que, como es sabido, no todos compartimos los mismos códigos con respecto a lo que está bien o está mal, ni ahora, ni en el pasado remoto. Para cerrar la nota, una frase para reflexionar : todos somos diferentes, el problema es cómo aprendemos a respetarnos en esas diferencias.

Nota escrita por Emilce Brusa

Puntuación: 1 de 5.

Claves para, Narración oral, Nota

Recursos impresindibles para preparar un cuento

Elementos expresivos para usar a la hora de contar un cuento.

Todo narrador sabe que lo más importante a la hora de contar cuentos es la historia, pero cómo contarla es también algo que debemos trabajar para darle vida, color, calor a ese cuento que contarémos a un público que nos está escuchando.

Por ello, repasemos con que contamos y que debemos tener en cuenta para que el cuento crezca para atrapar, emocionar, acompañar a los que están en ese momento maravilloso, en una función de narración oral.

Las manos

Ellas expresan siempre algo. Y en los cuentos dan cuenta de lo que estamos expresando. Por ejemplo podríamos señalar algo específico, solo con el gesto. También las usaríamos para señalar algo o a alguien que se esté alejando. Usando diferentes ademanes.

Juega con ellas, dejalas expresarse. Seguro que encontrarás muchas y diversas maneras de decir sin palabras, sólo mostrando lo que quieras expresar con tus manos.

La voz

Dicen que la voz es el reflejo del alma. Cada voz es única y a la hora de contar cuentos la voz es nuestro instrumento fundamental. Pero hay que trabajarla, debemos combinar el tono, el volumen, el ritmo. La emisión debe ser clara para que el que nos escuche pueda entender lo que estamos diciendo. Explora tu voz, busca posibilidades que ella te da, escuchate para encontrar las voces de tus personajes de tus cuentos

Como profesionales dedemos cuidarla y entrenarla continuamente. Les recomiendo que lean la nota Higiene vocal de la Fonoaudióloga María Pinco Mat.2700

La mirada

Es la mejor manera de comunicarnos con el público. Nosotros, narradores debemos ver todo. Ver a todo el mundo que nos está escuchando porque la narración es comunicación, entonces debemos contarle a cada uno que nos está viendo y escuchando, con la mirada recorrer a todo el público porque de esta manera lo estaremos encorporando en la historia.

No debemos olvidar que ellos tambien nos están mirando, por lo cual debemos tener en cuenta donde nos paramos para no tener sombras y todos puedan ver los gestos, nuestras miradas.

El cuerpo y el rostro

Desde que nos paramos delante del público, nuestro cuerpo ya está comunicando algo. Contínuamente nuestro cuerpo está transfiriendo información, aunque muchas veces no somos concientes de ello. Por eso hay que pensar en ello y trabajar nuestros movimientos.

Hay tres niveles de expresión en relación al cuerpo: 1- El de la historia. 2- El de nuestra posición como narrador de esa historia. 3-El de nuestra posición como humanos expuestos ante un público. Este tema da para desarrollarla en otra nota, pronto escibiré sobre ello.

Juega con el cuerpo en el espacio. Prueba contar caminando, contar una historia y en un momento dado acercarte al público. Explora tus movimientos usando los gestos, baila las historias, siéntate, levántate, levanta los brazos, extira el cuello, agachate. Prueba contar subido en una silla. Acostado sobre una mesa. Prueba, ejercita las posibilidades y quedaté con las que sirvan para la historia que estás narrando. No olvides de tu rostro ponerlo al servicio de la historia.

Pero mucho ojo con las muletillas gestuales, por ejemplo el dedo acusador o esos gestos que ensucian la historia. También reconocer esos gestos que repetimos siempre, barralos de tus presentaciones para tener una comunicación limpia.

El silencio

Un buen silencio muchas veces expresa mucho mejor que un montón de palabras.

El silencio es un parrafo aparte por lo que te invito a entrar en la nota que hablo sobre ello con detalles.

https://vozycuento.com/2020/05/22/la-voz-del-silencio/

Espero que tomes un tiempo para trabajar todo esto en tus cuentos. Escribeme que te ha parecido la nota, y cuentame si han cambiado tus cuentos con estos recursos impresindibles.

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“Cuéntame un cuento”: consejos para narrar y leer a los niños pequeños

Por muy pequeño que sea el niño, siempre disfrutará de escuchar cuentos, de los poemas y nanas que tanto llaman su atención. La voz de los adultos los abrazan y les abren un mundo nuevo de sonidos, de estímulos. La narración y la lectura contribuyen al desarrollo global de las personas y tiene una influencia importante en el desarrollo cognitivo, afectivo, social, emocional y lingüístico de los niños.

El primer libro del bebé es la voz de la mamá, de su familia.

Gracias a las palabras de sus primeros libros se estimula la inteligencia, la creatividad, la imaginación, la capacidad verbal y de concentración de los pequeños. Pero, ¿vale cualquier libro? ¿Cómo leer/narrar a los niños pequeños? Es muy sencillo, nuestros abuelos y padres no hicieron cursos para contarnos/leernos cuentos. Aun así, les ofreceré unos consejos que los ayudarán a entender la importancia y los beneficios de narrar y de la lectura.

Beneficios que, no olvidemos que no solo se refieren a su formación y su desarrollo intelectual y psicoafectivo, sino que también se relacionan con el disfrute, la mera diversión. Y es que escuchar cuentos es también una buena manera de alegrarse, de soñar, de inventar, de jugar… Veamos cómo.

Consejos para narrar y leer a los niños

> No alargues las historias. Los niños pequeños no pueden seguir argumentos largos ni mantener mucho tiempo la atención, por lo que mejor seleccionar cuentos cortos.

> Deja que elija su libro, su historia. Del mismo modo que a nosotros hay días que nos gusta un determinado género en la lectura, ellos tendrán sus preferencias. Pero, como es lógico, para que esto sea posible el niño tiene que saber donde elegir.

> Crea una pequeña biblioteca y deja los libros al alcance de los niños. Que manipulen libros especiales para niños, revistas viejas, que vean pasar las letras y las fotografías, los dibujos…

>” El verbo leer no admite el imperativo”, dice el escritor Daniel Pennac en su ensayo “Como una novela”, donde aborda la problemática de la falta de lectura en los adolescentes. No fuerces al niño a leer algo que no quiere o que no le interese en ese momento. Por supuesto, tampoco le leas, si no tienes ganas, es ese instante. Habrá más momentos.

> El momento adecuado lo deciden los dos. Algunos días el niño no estará dispuesto para cuentos o lecturas, pero, siendo realistas, es probable que seas vos quien más a menudo no tenga ganas o ánimos para narrar o leerle. Lo mejor es relajarse y disfrutar, sin prisas, no tomarlo como una obligación.

> Juega con tu voz, imita las voces y sonidos de los personajes, cambiando a distintos tonos (voz grave, aguda…) y no olvides el volumen, gritando, susurrando… según el momento de la historia. También podrás cantar, recitar.

> Cuando narres o leas utiliza todo el cuerpo y no solo la voz: las manos, los gestos, la mirada, el tono de voz imitando los personajes… son muy importantes. Puedes levantarte, imitar movimientos, hacer los sonidos de ambientación…  hay que ponerle entusiasmo y meterse en la historia.

Jardín Maternal Municipal Chascomús, Provincia de Buenos Aires, Argentina.

> El niño te va a interrumpir y esto hay que aceptarlo como parte de la historia. Querrá saber más, hacer sus aportaciones, preguntar…: un niño pequeño no está callado ni quieto durante un cuento. Entonces, tienes que aprovechar esto en beneficio de la historia y de su aprendizaje.

> Si el niño no ha entendido lo que hemos dicho o leído, repite la frase o hazle un resumen.

> Ten paciencia si te pide que le cuentes el mismo cuento varios días. Esto les da seguridad porque conocen la historia, pueden hacer nuevas sugerencias, han imaginado distintos desarrollos… y además acelera la adquisición de vocabulario.

> Cuando ya no son tan pequeños y sobre todo con cuentos que ya conocen puedes hacer pequeñas “trampas”, cambiar palabras, añadir frases sin sentido… porque el resultado absurdo les sorprende y divierte.

> Es importante que visiten alguna biblioteca, para escuchar narradores profesionales, para elegir nuevos libros para llevarse a casa. También ir a la librería si queremos hacerle un regalo especial y que elija él mismo.

> En definitiva, al leerles en voz alta, al narrarles cuentos, creamos momentos compartidos con nuestros niños de gran valor emocional y logramos que empiecen a amar los libros, a interesarse por ellos y con suerte a que en el futuro sean buenos lectores y se interesen por leer ellos mismos nuevas historias. Pero aún queda mucho para eso, así que empecemos a pensar ¿qué libros son los mejores para niños pequeños? Bueno este es un GRAN tema que pronto lo desarrollaré en otra nota.

> No prives a los niños de la riqueza de narrar y leer, es un hábito saludable a nivel personal y familiar y esperamos que con estos consejos para narrar o leer a niños pequeños, muchos más se embarquen en esta aventura. ¡Felices cuentos, feliz lectura!

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Claves para, Narración oral, Nota

Claves para encontrar una buena historia: “El Cuento”.

“El cuento.” Ese que te calza a medida, esa historia que te atraviesa y no podes dejar de contarla. “Tu cuento.”

Comencemos por definir lo que es un cuento. Carlos Mastrángelo lo define como una serie breve de incidentes;  por corto o largo que sea, es siempre un todo anacrónico y concluido; siendo muy esencial el argumento, el asunto o los incidentes en sí; sin grandes intervalos de tiempo ni de espacio; rematados por un final imprevisto, adecuado y natural.

El cuento, es la promesa de una evasión y de una autorrealización imaginativa.

Para nosotros los narradores el cuento es lo más importante, la materia prima para nuestra profesión. La historia a ser contada a viva voz. Esas palabras que se hilvanan una a una para completar el maravilloso momento del encuentro, el acto vivo que es la narración oral: ese triángulo único entre narrador, cuento, público.

Encontrar un cuento para narrar no es difícil siempre que tenga una historia que contar y cierto conocimiento de los recursos narrativos. Pero si se trata de encontrar un “buen” cuento… para narrar, eso ya es harina de otro costal. Cuando encontramos “ese cuento” debemos trabajarlo, porque hay que pasar del texto literario al texto oral; pero este tema lo desarrollaré en otra nota.

Ahora vamos por “El Cuento” y qué mejor que ir pasito a pasito, dando algunas claves.

Primera clave: Leer La más importante para mi es leer y leer. Dicen que los cuentos nos encuentran… pero si no leemos, nunca llegarán a nosotros esas historias que nos conmueven, que nos tocan las fibras y que trabajaremos para hacerla propia, para crear imágenes, para luego ser contada.

Segunda clave: La selección Este punto lo destaco como requisito esencial. No todos los cuentos son para nosotros, debemos seleccionar los que nos queden bien, en los que nos sentimos nosotros mismos, con los que nos sentimos cómodos. Esos cuentos que nos gustan mucho, aquel que nos motiva, que nos provoca el hecho de contarlo. Que sea una historia interesante por su tema, por lo que dice el texto, por su lenguaje sencillo o poético, porque tiene que ver con nuestro estilo de contar, por su final. También en la selección debemos tener claro para que público será destinado ese cuento.

Tercera clave: El punto de vista narrativo que sea adecuado al desarrollo de la historia. Para luego analizar cómo se puede contar, las distintas posibilidades disponibles, fijarse dónde se coloca el narrador y qué puede expresar desde esa posición. Pensar en el tiempo, cuándo se van a desarrollar los hechos: en presente o tal vez convenga que el narrador lo cuente desde el pasado, que conozca toda la historia y que haya sido testigo de los acontecimientos. Y también tener en cuenta el espacio narrativo en el que se mueven los personajes.

Cuarta clave: Verosimilitud. Es necesario detallar con precisión cada escena para crear dentro del cuento un marco espacio-temporal reconocible o al menos muy bien definido, con el fin de persuadir al público de que la historia es posible y, por lo tanto, de que el conjunto de la trama adquiere verosimilitud.

Quinta clave: Mostrar en lugar de decir. “Los buenos escritores pueden decir casi todo lo que tiene lugar en la ficción que escriben, salvo los sentimientos de los personajes”. Esta cita de Gardner expresa muy bien la idea de que los sentimientos no hay que explicarlos, sino que deben ser sugeridos mediante acciones de los personajes para que el público los perciba sin filtros.

El cuento como tal tienen vida propia; los personajes en él inmersos deben, al menos, dar ilusión de tener una voluntad ajena de la del autor o del mismo lector.

Ese es el signo de un gran cuento, un microcosmo encerrado en las hojas de papel.

Julio Cortázar

~ * En resumen, un buen cuento debe ser breve, de intensidad creciente, debe producir en el narrador a través de su voz, una gran impresión y todo, en él, ha de ser significativo y verosímil. Esas son las cualidades que califican a un buen relato para que resulte inolvidable, para que el público se adentre en él y le deje huella.*~

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