Festejo, Narración oral, Presentación

La Maestra Rosa Martha Sánches cumple 30 años narrando – Monterrey. México

El 27 de Agosto es el festejo!!

Conocí a La Maestra Rosa MarthaSánches, bueno, primero conocí su voz, en agosto del 2018 cuando recibí su llamado. Del otro lado,su tono encantador, invitándome a participar en marzo de 2019 a su XXVII Festival Internacional de Narración Oral – HablaPalabra – Nuevo León, Monterrey – México. Una experiencia enriquecedora junto a un grupo humano maravilloso – Las Tejedoras de Imágenes – Las distancias no nos detienen en seguir compartiendo, las redes sociales, los mensajes por WhatsApp hace que nos sintamos cerca, porque el cariño y admiración por ella crece y crece. Así llegamos a compartir sus primeros 30 años y como corresponde vamos a festejarlos! Mireya Leal Isida fue mi cómplice para ayudarme a contar su historia compartiendo una entrevista donde Rosa Martha cuenta en primera persona.

Comencemos!!

Desde hace 30 años en Monterrey Rosa Martha Sánchez, Tejedoras de Imágenes agrupa a gente dedicada a actividades diversas que tiene en común la pasión por narrar. Mireya Leal Isida, por ejemplo, es cirujana dentista; Josefina Benavides es comunicadora. También hay hombres: Rafael Bourguet es ingeniero y profesor en el Tec. César Zapata es maestro jubilado.

  • Tejedoras de Imágenes agrupa a gente dedicada a actividades diversas que tiene en común la pasión por narrar. Foto: Velia de la Cruz

¿Quién es y cómo comenzó su historia?

  • Rosa Martha Sánchez (der.) escucha a María Eugenia Llamas “La Tucita” en el taller que tomó con ella para ser narradora oral. Foto: Cortesía

Hija de Ernesto Sánchez Martínez, escritor, periodista y formador de páginas en diarios de la Ciudad de México, y quien la llevó a enamorarse de los libros y la lectura, Rosa Martha nació en esa capital. Antes de ser decana de la narración oral en Monterrey su negocio con su esposo era de venta de artículos para tenis en la Colonia Del Valle.

Un día, sin embargo, todo cambió.”En 1990 terminó un ciclo de mi vida: de ser esposa, madre, abuela postiza y demás cosas estaba buscando a qué dedicarme y lo encontré”, cuenta. Tenía 52 años.

“Lo recuerdo bien: era el 27 de agosto de 1990 que andaba por la Biblioteca Central cuando vi un anuncio de algo que no supe bien qué era y que invitaba al Teatro Monterrey. Llegué y al entrar vi en el escenario a un señor gordo, gordo, con el pelo rizado y de un hablar muy ‘españolao’ que contrastaba con lo que estaba diciendo”, dice e imita la voz aguda de aquel personaje: “Y me das un espejo para mirarme y un peine para peinarme y guárdame estas tres manzanas...”.Era Antonio González Beltrán, fundador del colectivo La Carátula, de España.

Rosa Martha vio a otros narradores, pero cierra los ojos y sólo ve al cuentero fallecido en el 2013. Más tarde apareció María Eugenia Llamas “La Tucita” (1944-2014), pionera de la narración oral en la Ciudad y organizadora del encuentro. Tan interesada estaba que asistió con una amiga a la clausura del evento en los jardines de Cervecería.

“Fui con una amiga y escuché a Carolina Rueda, de Colombia; a Francisco Garzón, de Cuba, así como a otros cuenteros mexicanos. Luego al final apareció un letrero: ‘Nos ‘encuentaremos’ en Barquisimeto’, que más tarde supe convocaba a otro encuentro en Venezuela”.

Rosa Martha volvió a casa picada por la curiosidad. Al día siguiente su amiga le habló por teléfono:”Me sentí feliz, como nunca antes en mi vida”, evoca.

“¿Ya viste el periódico…? Dice que ‘La Tucita’ va a enseñar a contar como los locos esos que me llevaste a ver”.

Recuerda Rosa Martha: “Más tardé en colgar que en ver el periódico y llamarle a ‘La Tucita’ para inscribirme en su taller”.

El curso fue en la Casa del Sol y la Luna, un lugar bohemio que tenía Paty Guerrero y donde Rosa Martha descubrió la maravilla de la narración oral. Su “graduación” fue contar un cuento en la Plaza de la Purísima y eligió uno que le solía narrar a su hermana Marcela, 14 años menor que ella, cuando vivían de niñas en la Ciudad de México: “El príncipe feliz”, de Oscar Wilde.

“La Tucita” sugirió a los integrantes del curso ponerles nombres a los grupos si llegaban a formarlos, así que Rosa Martha y Angélica Coronado, otra asistente hoy integrante de Baúl Teatro, denominaron Tejedoras de Cuentos al esfuerzo que, más tarde, cambiaría a Tejedoras de Imágenes.

“Encontré algo que, más que un trabajo, era un quehacer que provenía del corazón, del alma”, sonríe Rosa Martha.”Para ese momento ya era consciente de qué rumbo quería para mi vida. Al principio no, pero las cosas fueron llegando y poco a poco fui entendiendo lo que la narración oral iba a tener de trascendente en mi vida y a mis 50 y tantos años. Y resurgí”.

Ambas continuaron su profesionalización con cursos de voz, dicción y expresión corporal. Para el verano de 1991, Rosa Martha y Angélica se encontraban en Barquisimeto, donde entablaron relación con más cuenteros.”Ahí conocí a Haydee Arteaga, ‘La señora de los cuentos’, una narradora ya centenaria muy popular en Cuba”, cuenta Rosa Martha.Como sus familiares se encontraban en la Ciudad de México, le era fácil asistir a cuanto encuentro y curso había en la capital, por lo que se fue relacionando con exponentes del género.

Tras la salida de Angélica para incorporarse a Baúl Teatro, por mucho tiempo Tejedoras de Imágenes fue únicamente Rosa Martha: “Entraba y salía gente porque, como en todo, unos se van, otros se casan, se divorcian, tienen hijos”.

En el 2005, el entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes apoyó su proyecto “Cuentos contados: una puerta a la lectura”, en el que difundió talleres para contar historias con técnicas aprendidas a la narradora Vivianne Thirion.A partir de esos años llegaron algunos de los que se quedarían hasta hoy. Buena parte, agrega Rosa Martha, asiste a sus talleres para mejorar la expresión oral en sus profesiones, pero al saber que la intención es otra: contar cuentos, unos se van y otros se quedan.

La idea en Tejedoras de Imágenes, explica Rosa Martha, no es contar el cuento tal como está escrito, sino hacer una versión propia del mismo para llevarlo a la oralidad.

“Ésta es la parte que más me gusta del trabajo: el de escritorio”, dice Mireya Leal Isida. “La idea es adentrarme en mis sentimientos, emociones, pasado, reconectarme con mi historia personal, y a partir de ahí contarlo con emoción”.

El colectivo está integrado por 20 personas que, tras cursar un taller con Rosa Martha, se sumó a las presentaciones habituales del grupo en espacios como la Biblioteca Central Fray Servando Teresa de Mier, Distrito Tec y la librería del Fondo de Cultura Económica. También suelen ir a encuentros nacionales e internacionales en representación del grupo.

Además, son responsables de organizar el festival internacional de narración oral Hablapalabra. Pero la troupe lo mismo asiste a hospitales, casas de reposo y museos que a prisiones, plazas.

“Pero aquí siempre nos encontrarás, todos los sábados a las cinco de la tarde”, sonríe Rosa Martha y señala el vestíbulo de la Biblioteca Central situada en la Gran Plaza.

“A veces los paseantes no quieren entrar, se les hace raro ver a tanto loco diciéndoles que pasen a escuchar historias, pero cuando les decimos las palabras ‘cuentos’ y ‘gratis’ ¡no lo dudan más!”.

Hoy a las Tejedoras ya les sucede que jóvenes a los que les contaron cuentos en la infancia en escuelas o en espacios públicos se los encuentran en la Feria Internacional del Libro o en otros lugares y les agradecen haberles mostrado el fascinante mundo de las historias contadas.

“Me emociono, ¡es mágico!”, expresa Rosa Martha. “Esto quiere decir que algo estamos dejando, que todo esto que hacemos desde el corazón ha valido la pena, y es que así debe ser: contar cuentos viene del alma”.

Es así como dijo la Maestra:contar cuentos llena el alma.Felicitaciones por estos 30 años caminando de la mano de las historias, seguramente que habrá mucho más por recorrer. Mi admiración por su trayectoria. Gracias por lo compartido durante el Festival fue MARAVILLOSO!

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