Literatura, Narración oral, Nota

¿Por qué nos gusta contar historias?

Contamos desde siempre. Desde tiempos antiguos. Contamos y escuchamos. Cada uno con sus formas y ritmos, con su propia experiencia de vida. Contamos y viajamos donde suceden las historias. Contamos y resonamos en el otro. A veces los cuentos nos develan sus secretos, nos ayudan a comprender sobre los ciclos de la vida, otras veces, nos los cuentos  nos usan a nosotros como vías para llegar a otros seres o a otros lugares del mundo. No hay un modelo a seguir, pues son los cuentos quienes nos eligen para ser contados a través de nuestra propia voz, todos somos innatos.

Las historias tienen siempre “ese gusto” diferente

Sobre todo si son reales y pasaron hace mucho tiempo. Es que los hechos pueden trascender gracias a estas narraciones, que pueden ser orales o escritas.

Hay algo que siempre llama la atención en los pueblos alejados de las metrópolis y son los relatos populares. En ellos se cuentan cosas que ocurrieron hace mucho o bien que explican un suceso en particular, como son las leyendas. Van mucho más del entretenimiento y la diversión porque sirven para conocer más sobre una cultura, un evento, una tradición.

Los neurocientíficos y psicólogos están analizando por qué nos gusta contar y escuchar historias, sin importar la edad que tengamos. Al parecer, nuestro cerebro está programado para disfrutar de cualquier relato porque influyen directamente en nuestras emociones y reviven momentos del pasado, ya sea propio o de una nación o pueblo. Una narración entonces nos genera una “conexión”, una “identificación” y por eso es que nos encantan.

Muchas de las preguntas que se plantean los expertos tienen que ver con nuestra historia como animales en sociedad. Nos gusta contar historias sobre otros y para otros. Nos ayudan a informar sobre lo que ocurrió u ocurre en nuestra comunidad, por más que sea un hecho imaginario. Permite a la vez interactuar con otras personas, que nos presten atención, enseñar sobre algo en particular. Además, los cuentos tienen el poder de la persuasión y motivan a experimentar diversas emociones y hasta de generar empatía.

Una fábula es algo universal, no sabe de épocas, costumbres, idiomas o religión. En todas las culturas de la historia se han desarrollado por diversos motivos. Los antropólogos encuentran todo el tiempo cuentos populares en una cueva, un pedazo de cuero, un campo con piedras, etc. Pueden estar en sánscrito, en sumerio, en egipcio o en latín, pero lo cierto es que todas las civilizaciones humanas entretejieron sus propias historias, muchas de ellas, similares entre sí aunque las separan siglos o miles de kilómetros.

En la antigüedad era común que se narrara sobre lo ocurrido ese día o bien sobre un hecho “destacado” de la comunidad: las salidas de caza, las recolecciones históricas (por llamarlas de algún modo), el momento en que entre dos hombres pudieron hacerle frente a un mamut, etc. También era frecuente contar sobre los fenómenos naturales en forma de leyenda, como ser por qué la luna es redonda algunos días del año, el poder de la lluvia o las razones por las que sale el sol cada mañana.

Los orígenes de los cuentos pueden tener una relación en nuestro pasado evolutivo. Han pasado miles de años y la mayoría de las personas afirman que las mejores historias son las que se transmiten de generación en generación, las que no suelen estar escritas. ¿Por qué? Básicamente porque tienen algo diferente, una interpretación del que las narra, un poco de emoción y hasta de ficción. El “transporte narrativo” como lo llaman los psicólogos es el que permite viajar por el tiempo, imaginar que estamos en ese preciso momento en que sucede la historia, involucrarnos con el personaje principal, entender por qué actuó de una forma y no de otra, etc.

Las tres ideas que hasta el momento se han desarrollado en relación a la empatía por contar y escuchar cuentos

1-Relatar o narrar es inherente a todo ser humano, algo universal. Las historias contienen temas en común a cualquier civilización, sin importar el momento en que aparecieron, el idioma, el lugar o la religión o creencias.

2-Las características de los relatos y la afición natural por ellos nos revelan algunas claves sobre la historia evolutiva del hombre, así como también el origen de las emociones y la empatía, todas presentes en nuestra mente.

3-Los estudios sobre el poder que tiene la narrativa para influir en las ideas y creencias todavía tiene un largo camino por recorrer, pero hasta el momento han descubierto cosas fantásticas, como por ejemplo los análisis mentales que hacemos, la relación e identificación que tenemos por esa historia en particular según nuestras experiencias y vivencias y cómo podemos aceptar ideas nuevas.

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Literatura, Narración oral

Cuente – El poder de la palabra

Anímese: Cuente una historia

Revisando carpetas de mi Google Drive encontré esta joyita que les paso a compartir. Un texto de Graciela Montes exquisito. No me pregunten de dónde lo saqué, no tengo la fuente, quizá me lo hayan pasado cuando ejercia la docencia en el nivel inicial y quedó ahí a la espera de ser descubierto, de salir del letargo para darle vida ante nuevos ojos lectores.

Cuente (Graciela Montes)

Quiere hacer algo imprevisto y ganarse una cuota de libertad? Cuéntese un cuento. Un cuento que a usted le contaron alguna vez, que recuerda tal vez imperfectamente. Un cuento nuevo, que improvisa mientras cuenta. Un relato de la memoria. Lo que leyó en un libro. Una película. Lo que le sucedió esta mañana mientras salía de casa. Alguna historia para contar hay siempre. Y no tema, siempre va a haber alguien que quiera escucharla, también hay hambre de historias.

Es cierto que últimamente es poco lo que contamos. Nos falta la confianza, o la ocasión, o el deseo. Los que cuentan son siempre otros, a nosotros parece tocarnos el papel de espectadores lejanos. Pero usted no haga caso, cuente. No se deje amedrentar por el ruido, por los fragmentos que nos caen encima desde los medios de comunicación, redundantes y perentorios, como lluvia, que llegan sin pedir permiso, sin darnos resuello ni dejarnos espacio para el recogimiento. Usted haga a un lado todo eso, y cuente.

Tómese tiempo. Pida cuentos también, como hace un niño. Aprenda de él. Sólo un niño, en su radiante prepotencia de niño, sabe pedir un cuento. Dramáticamente, como cosa de vida o muerte, sin pudor ni mezquindades. Piense que el niño sabe bien de qué se trata, aunque usted lo haya olvidado.

Cuente, porque contando usted estará horadando los muros de la prisión, ganando espacio. Contar es un acto de libertad muy apreciable. Más todavía: contar y pedir que a uno le cuenten es, en medio de la industria cultural, un acto revolucionario, no previsto y al margen del mercado. Encontrar laboriosamente, después de alguna introspección, algo para contar y tejer desde ahí un pequeño relato personal, que no tenga formato televisivo, constituye una aventura extraordinaria.

Antes parecía más sencillo, menos arduo. El que había viajado, el que había leído, el que había vivido podía contar. Tenía para contar, traía historias en el morral, y tenía confianza en poder contarlas. Hoy no entendemos muy bien cómo hay que hacer acopio. Ni cuáles son las historias que vale la pena conservar. Tanto más valiente entonces el que cuente. Y el que pida que le cuenten y pare la oreja y se disponga a la espera.

Cuente, vuelva a contar. Piense que, cuando usted cuenta, el tiempo está a sus pies. El tiempo, el gran ogro general, lo obedece. Usted está ahí —una persona entre muchas— y de pronto empieza a contar. La escena es seguramente trivial, una escena cotidiana, porque usted está de sobremesa, o viajando en tren, o esperando en la vereda. Pero usted empieza a contar y, de pronto, se abre una fisura en la escena. El tiempo de todos los días, el tiempo “natural” digamos (el tiempo dentro del cual su narrar acontece, con su decorado tan conocido) se abre y deja paso a “otro tiempo”, su propio tiempo artesanal, el que usted está fabricando palabra a palabra con su relato.

Aparentemente no ha sucedido nada y, sin embargo, la suya ha sido una pirueta extraordinaria. Usted ha dado un salto, se ha montado sobre las palabras y tomado las riendas. Se mantiene en equilibrio, tensa la cuerda. Si lo hace más o menos bien, el que escucha penderá de usted, usted será el dueño del cuento y del tiempo por un rato.

El poder de la palabra

Piense que se trata de un poder muy apreciable, no habría que desperdiciarlo. Con ese poder especulaba Scherezada para demorar la sentencia del rey Schariar. Sabía, como buena narradora que era, que nada malo le sucedería mientras pudiera seguir contando y comprometiendo a su público en el cuento, puesto que ahí, adentro del cuento, eran otras las reglas. De cuento en cuento el alfanje se mantendría en vilo, de cuento en cuento se podría seguir viviendo.

Claro que tal vez su relato no alcance para hechizar a nadie, puede ser una pequeña anécdota, algo muy breve. De todas formas, mientras dure, usted mantendrá lo fatal a raya.

Es cierto que hay virtuosos, gente que parece hecha para contar y que, mientras cuenta, lo sostiene a uno en el aire. Pero no todas las formas de contar tienen que ser verbosas. Hay formas mínimas que tienen filo y fuerza. Un ex seminarista me contó una vez la historia de cómo fue que abandonó los hábitos luego de presenciar el apareamiento entre un potro y una yegua desde la ventana de su celda. Fue una espléndida narración de veinte minutos. El Negro Díaz, que era un magnífico narrador y podía contar lo que veía, fue capaz de convertir una breve escena de Venecia rojo shocking —el arquitecto en la escalera, restaurando el mural— en un relato de suspenso.

Pero también me contaron una historia de amor trunco en estos términos: “«él quiso abrazarme pero yo me escapé, me metí entre las cañas. «él me buscó un rato y después se fue. ¡Mire si me encontraba!” Justamente, también por ahí pasa lo revolucionario de contar y de darle ocasión al cuento: vuelve la variedad, las distintas voces, las miradas.

¿Será posible contar una historia sin refugiarse en el formato talk-show, flash de noticias o teleteatro? A veces parecería que no, que ya hemos capitulado, rendido todo discurso. Cuando hay un asalto y los noteros entrevistan a los testigos ocasionales, estos testigos dan su versión en términos de noticia de último momento, y es posible que hayan percibido los acontecimientos así, en términos de noticia, como si eso que acaba de suceder fuese historia vieja, contada ya muchas veces. La forma dominante se interpone, incluso reemplaza a la experiencia.

Contar, volver a contar no es un gesto menor, afloja las soldaduras, introduce una cuña en lo establecido. Parte de lo que la escuela tendría que ofrecer hoy es la ocasión de contar. No pienso en grandes historias fantásticas, en relatos prestigiosos, no sólo en eso sino, mucho antes, en el relato mínimo. Una ocasión de contar. Una pequeña brecha.

Que le den a uno la palabra y le influya confianza en poder contar.

Biografía de Graciela Montes

Nació en Buenos Aires en 1947. Es escritora, editora y traductora. Ha publicado libros para niños y jóvenes que circulan por todos los países de habla hispana, han sido traducidos al alemán, al catalán, al coreano, al griego, al hebreo, al italiano, al portugués y al tailandés, y han obtenido importantes distinciones. Es autora, además, de las novelas El umbral (1998) y Elísabet (1999) y de los ensayos La frontera indómita (1999) y El corral de la infancia (2001). La Fundación El Libro le otorgó en 1999 el Premio Pregonero de Honor, una distinción que tiene como objetivo fundamental dar público reconocimiento a los difusores de la literatura infantil y juvenil argentina. En 2004 la Fundación Konex distinguió su trayectoria profesional con el Diploma al Mérito en la categoría “Literatura Infantil”, galardón que se otorgó a los escritores más destacados en los últimos diez años. Por la obra El turno del escriba, escrita en coautoría con Ema Wolf, ganó el VIII Premio Alfaguara de Novela 2005.

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Literatura, Narrar a la primera infancia, Nota

Literatura, niños y algunos fantasmas.

Un recorrido a través de la historia de la vinculación de los niños con la literatura

En esta nota voy a hacer un recorrido por la historia de la literatura en relación a los niños, para reflexionar, abarcando algunos conceptos que estimo fundamentales en la vinculación adulto – literatura infantil – niños. Haciendo foco en la importancia del adulto mediador (sea familias, docentes, bibliotecarios o narradores) entre la literatura y los niños con el fin de pensar y encontrar diversos criterios de selección.

Es necesario recordar que históricamente la vinculación de los niños con la literatura estuvo marcada muy fuertemente por el imaginario social, por la imagen de niño construída por diversas épocas. A modo de ejemplo, podría pensarse en en “anonimato” de la Edad Media. En ese período, una vez que el niño sobrevivía a una primera etapa frágil en la cual era objeto del cuidado cariñoso del adulto, ingresaba de lleno a su mundo, en donde compartía con él la misma educación, los mismos trabajos, los mismos juegos, danzas… y la misma literatura.

Muy diferente en cambio es la concepción de niño en el siglo XVII cuando, por influencia de moralistas, hombres de leyes y eclesiásticos, comenza a surgir un sentimiento nuevo en torno a la niñez. Se toma conciencia de la diferencia entre esta etapa y la adulta, viéndose a la infancia como un período de preparación para la adultez. Va a ser preciso conocer al niño para corregirlo, para integrarlo al sistemas de valores sustentado por la sociedad. Se va a poner el peso en la educación y en la institución escuela que le brindará una “sociedad infantil”, muy diferente de esa sociabilidad central indiferenciada en la Edad Media. El preceso educativo pondrá el acento en preceptos éticos y morales; la literatura destinada para ellos, también.

He hablado de dos momentos históricos diferentes sólo para pensar en los textos (antologías de tradición oral, sobre todo) que hasta el día de hoy encontramos en las bibliotecas, librerias. Pensar en las épocas que fueron recopilados, para entenderlos y desde allí ver la posibilidad de incorporarlos al repertorio o bien descartarlos, para ir en búsqueda de otros textos.

¿Hablamos de niño o de infancias en la sociedad de hoy?¿Qué lugar ocupan o se le asignan? Dejo los interrogantes para que cada uno encuentre la o las respuestas, hay mucha bibliografía para leer sobre el tema y muy interesante, los invito a busacar para apliar las respuestas. Pero lo que sí quiero marcar es que la literatura para niños del Siglo XXI, tienen formas especiales de manifestarse, porque los textos atraviesan un complejo camino desde la producción en manos de los artistas hasta su edición y distribución en las librerías. Y en ese camino también estamos nosotros (familias, maestros, bibliotecarios, narradores, mediadores) para encontrar literatura vinculada con la historia y la cultura de su propio tiempo, saber priorizar el conocimiento de libros de calidad literaria. Encontrar literatura realizando una selección que sabemos que estará impregnada de criterios estéticos, pedagógicos, ideológicos y demás, pero con la convicción, de abrir nuevos mundos, que interpelen, que lleven a la emoción, que los acompañen, los ayuden en su desarrollo. Qué también estimulen en las realidades diferentes a las que se suceden sus vidas, a pensar críticamente en esa realidad, del mundo en el que crecen. Para que esto ocurra, el libro de literatura debe acertar con sus interrogantes, sus búsquedas. Debemos encontrar esa literatura, ese libro que lo satisface con todas o con alguna respuesta.

Para seguir leyendo sobre los criterios de selección y qué narrar los envito a entrar a la siguente nota https://vozycuento.com/2020/06/23/literatura-para-la-primera-infancia-a-la-hora-de-elegir-que-narrar/

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Claves para, Literatura, Narración oral, Narrar a la primera infancia

Literatura para la primera infancia. A la hora de elegir… ¿Qué narrar?

¿Para qué sirve la literatura infantil en la primera infancia?

Los libros de literatura presentan un mundo imaginario en el que los protagonístas actúan de acuerdo a pautas solamente válidas dentro del texto de ficción. Los animales pueden hablar, pensar, tomar decisiones, se visten como personas, reaccionan con conductas similares a las del mundo humano. La identificación con el personaje del texto literario, es el punto de partida para que deseen escucharlo. Los personajes literarios más atractivos son por lo tanto los que juegan, los que quiebran el orden establecido, los que se aventuran y descubren otros mundos, sufren vicisitudes, pero salen airosos de esas circunstancias. A los niños les gustan los seres imaginarios, los perros voladores, los ratones que van a la luna en barrilete, lo fantástico, la ruptura definitiva de las fronteras de lo real. Por lo tanto la literatura infantil sirve para conocer el mundo, para jugar dentro de ese mundo imaginario, para acompañar emociones y sentimientos, para encontrar la voz cariñosa del adulto, para establecer vínculos.

A la hora de elegir… ¿Qué criterios podemos tener en cuenta?

El valor estético de una obra literaria infantil

Triángulo amoroso: Adulto, Bebé, libro.

La literatura habla de las cosas que conmueven, que estimulan el pensamiento sobre lo que nos está pasando, que arranca sonrisas o lágrimas, y que deja como única enseñanza ese contacto con las palabras que abren mundos nuevos, desconocidos tal vez, antes de escuchar ese texto. Pertenece al campo de la creación artística en el que no existen moldes establecidos. El valor estético recide en colocar en primer lugar las imágenes, la palabra poética, dónde encontraremos que dice cosas, pero de tal manera, que llega a lo más hondo del corazón.

El cuidado pedagógico ¿Dónde ponemos la mirada?

La importancia de la selección de los textos.

Con frecuencia nos preocupamos por la aparición de palabras de poca circulación, ya que se supone que los niños las desconocen y no comprenderán el sentido de la narración. Sin embargo, nada complace más a un niño que escuchar por primera vez una palabra, interrogar sobre su significado, escuchar una respuesta satisfactoria. Los textos para los primeros años, deben transmitir ideas de manera coloquial. Pero esto no quiere decir que no exista profundidas, pensamientos profundos.

Conocer un poco de pedagogía nos brinda herramientas para conocer los centros de interés temáticos en cada etapa evolutiva, sabiendo que se van modificando a través del tiempo, y que pueden ser una constante aún en diferentes contextos culturales. Así sabemos que a los bebés les atraen más las historias en las que se ponen en juego un personaje infantil y un objeto conocido – una pelota, un pájaro – o una figura familiar que puede asociar con su mamá. su papá u otra persona cercana.

A los dos o tres años disfrutan de narraciones en las que intervienen más personajes y los hechos del cuento suceden en espacios que les den gusto recorrer: la plaza, el mar. Es decir, aparece el interés por los espacios exteriores en los que puedan sentirse protagonístas. Eligen personajes que se disfrazan y engañan a otros, y situaciones lúdicas en las que ya no está presente el adulto.

Imagen de PublicDomainPictures en Pixabay 

Los niños de cuatro y cinco años, se inclinan por los elementos mágicos o sobrenaturales, como los que aparecen en los cuentos tradicionales. Nace la curiosidad por temas más complejos: el amor, los nacimientos, la muerte, las aventuras en lugares extraños, y toda historia en la que los protagonistas se alejan de la tutela familiar y atraviesan por sí mismos las dificultades o las amenazas del mundo exterior.

En lo que se parecen todos los niños, a cualquier edad, es por el inmenso placer que les producen las historias que los transportan a un mundo diferente, con provocaciones a su imaginación, a su sonrisa, y también a su emoción más oscura. Les gusta, como a todos, que los asombren.

La representación del Mundo: ideas, creencias, valores culturales.

Ningún cuento es inocente, menos aún el que va dirigido a la primera infancia. Toda obra literaria contiene en su interior una representación del Mundo, una escala valorativa sobre la conducta humana. Aquí las polémicas suelen ser intensas, ya que, como es sabido, no todos compartimos los mismos códigos con respecto a lo que está bien o está mal, ni ahora, ni en el pasado remoto. Para cerrar la nota, una frase para reflexionar : todos somos diferentes, el problema es cómo aprendemos a respetarnos en esas diferencias.

Nota escrita por Emilce Brusa

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Literatura, Narración oral, Nota

La biblioteca interior

Al rescate de los textos “interiores”, esos que se van sumando a lo largo de la vida.

Cada uno de nosotros llevamos muchos textos “interiores” acopiados a lo largo de la vida. Ellos se encuentran en nuestra “textoteca” compuesta por las canciones, poemas, cuentos, dichos, anécdotas, películas, dibujos animados, historietas, libros, eslogans de comerciales los que quedaron guardados en nuestra memoria. Están allí, a veces sin darnos cuenta, y que se movilizan y afloran cuando se relacionan con palabras, situaciones, otros textos.

“Estos textos constituyen el piso para que la literatura se convierta en un objeto cotidiano, el lugar en el que se puede hacer pie para dar el paso natural hacia la lectura en el sentido más creativo. Cuando llegue el momento, hacer crecer lo que se tiene, poco o mucho”, tal como dice Laura Devetach en El vaivén de los textos.

Entónces, ¿Cuál es la palabra más antigua de tu vida? ¿Cuál es el primer sonido que recuerdas, tal vez en forma de llamado, de canción, de arrullo, de nombre? ¿Cuál otros sonidos evoca? Piensa y escucha ese concierto de ecos, que se llamen unos a otros, que evoquen otras voces, otros sonidos, otras palabras…

Lanza una piedra a ese estanque (a tu memoria) y observa las ondas que provoca. Puede pasar que…

Había una vez un payaso plinplin que estaba sentado en un verde lomón y veía a Hansel y Gretel frente a la casita de chocolate y caramelo. -¿Qué llevas en la canastita?, preguntaba el lobo y se sube al tren qué tren qué tren hasta el jardín del viejo jardinero que cuidaba con esmero del vergal y rosas no ortigas cultivo, cultivo una rosa blanca. Blanca y radiante va la novia que se casa con el mocito de enfrente que la tiene loca de amor y es una muchacha ojos de papel con zapatito de cristal hacendosa y trabajadora como pocas, dice la vieja virueja de pico picotuela de Pomporerá y ni bien pronuncia estas palabras se drume drume negrito entre olas y el viento zucundúm sucundúm, pero Juan y Pinchame fueron al río, Juan se ahogó, ¿quién quedó? La bandera azul y blanca, jirón del cielo (¿o sería tirón del cielo?) donde vuela un pajarito que se cazó, este lo saló y este picaro gordito se fue a la murga murguera de la esquina de la casa donde mi papá me llamaba bichito de luz y cerraba las puertas para que no entrara el hombre de la bolsa.

Todos estos textos interiores provienen de una circunstacia que los rodeó, de un lazo afectivo con un momento de nuestra vida. Es importante tomar conciencia de este bagaje personal que puede provenir de muchos circuitos diferentes, a veces cargados de palabras que no son las reconocidas por el discurso establecido. Y es con este bagaje con el cual vamos haciendo los libros e inevitablemente relacionamos sus significados con los nuestros, entremezclándolos y dándoles un sentido necesario personal.

Retomemos a Laura Devetach: “La realidad nos dice que muchas veces, encerrados dentro de nuestro distintos roles profesionales, no tenemos idea muy clara de nuestra textoteca. Muchos de nosotros no sabemos leernos, y que cuando queremos leer literatura lo hacemos desde esta carencia y desde el rol”. Al poner en movimiento nuestra textoteca: “tomamos conciencia de que tuvimos un camino de palaras, de textos, en el que se puede hurgar y al que se puede seguir construyendo. A fuerza de escuchar y realiza distintas lecturas se nos configuró un piso en el que tanto lo que se incorpora como la forma en que se incorpora van determinando las variables del crecimiento lector”.

Y los lectores se comunican, se buscan e inevitablemente se encuentran, de a dos, de a tres, en grupos, y forman una comunidad de lectores que se ofrecen unos a otros como interlocutores válidos en el develamiento de las palabras que precedieron al texto, de las diferentes capas de significados que los textos encierran, en la pluradidad de significados que despliegan, en la apertura y confianza en a construcción de hipótesis.

Ahí entramos nosotros los narradores, previlegiados en la construcción de esta comunidad de la palabra dicha. Buscar nuestros textos “internos” para agregar en nuesto repertorio, seleccionando ese pedacito de texto para incorporar en nuestros cuentos, ese que está en las textoteca de todos, para identificarnos y reconocernos en los cuentos. Desplegando las historias en escuelas, bibliotecas, centros culturales, aulas esos lugares donde construímos lazos y significaciones a través de nuestra profesión para generar cada texto oral.


Quién es Laura Devetach

Escritora y profesora universitaria argentina, Laura Devetach es conocida principalmente por su obra dedicada a la literatura infantil y juvenil, además de por sus guiones para televisión y obras de teatro. Su obra fue prohibida durante la dictadura.

A lo largo de su carrera Devetach recibió numerosos premios, como el Octogonal, el Premio Casa de las Américas o el Premio del Fondo Nacional de las Artes además de reconocimientos como el de integrar la lista de honor de la IBBY.

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“Cuéntame un cuento”: consejos para narrar y leer a los niños pequeños

Por muy pequeño que sea el niño, siempre disfrutará de escuchar cuentos, de los poemas y nanas que tanto llaman su atención. La voz de los adultos los abrazan y les abren un mundo nuevo de sonidos, de estímulos. La narración y la lectura contribuyen al desarrollo global de las personas y tiene una influencia importante en el desarrollo cognitivo, afectivo, social, emocional y lingüístico de los niños.

El primer libro del bebé es la voz de la mamá, de su familia.

Gracias a las palabras de sus primeros libros se estimula la inteligencia, la creatividad, la imaginación, la capacidad verbal y de concentración de los pequeños. Pero, ¿vale cualquier libro? ¿Cómo leer/narrar a los niños pequeños? Es muy sencillo, nuestros abuelos y padres no hicieron cursos para contarnos/leernos cuentos. Aun así, les ofreceré unos consejos que los ayudarán a entender la importancia y los beneficios de narrar y de la lectura.

Beneficios que, no olvidemos que no solo se refieren a su formación y su desarrollo intelectual y psicoafectivo, sino que también se relacionan con el disfrute, la mera diversión. Y es que escuchar cuentos es también una buena manera de alegrarse, de soñar, de inventar, de jugar… Veamos cómo.

Consejos para narrar y leer a los niños

> No alargues las historias. Los niños pequeños no pueden seguir argumentos largos ni mantener mucho tiempo la atención, por lo que mejor seleccionar cuentos cortos.

> Deja que elija su libro, su historia. Del mismo modo que a nosotros hay días que nos gusta un determinado género en la lectura, ellos tendrán sus preferencias. Pero, como es lógico, para que esto sea posible el niño tiene que saber donde elegir.

> Crea una pequeña biblioteca y deja los libros al alcance de los niños. Que manipulen libros especiales para niños, revistas viejas, que vean pasar las letras y las fotografías, los dibujos…

>” El verbo leer no admite el imperativo”, dice el escritor Daniel Pennac en su ensayo “Como una novela”, donde aborda la problemática de la falta de lectura en los adolescentes. No fuerces al niño a leer algo que no quiere o que no le interese en ese momento. Por supuesto, tampoco le leas, si no tienes ganas, es ese instante. Habrá más momentos.

> El momento adecuado lo deciden los dos. Algunos días el niño no estará dispuesto para cuentos o lecturas, pero, siendo realistas, es probable que seas vos quien más a menudo no tenga ganas o ánimos para narrar o leerle. Lo mejor es relajarse y disfrutar, sin prisas, no tomarlo como una obligación.

> Juega con tu voz, imita las voces y sonidos de los personajes, cambiando a distintos tonos (voz grave, aguda…) y no olvides el volumen, gritando, susurrando… según el momento de la historia. También podrás cantar, recitar.

> Cuando narres o leas utiliza todo el cuerpo y no solo la voz: las manos, los gestos, la mirada, el tono de voz imitando los personajes… son muy importantes. Puedes levantarte, imitar movimientos, hacer los sonidos de ambientación…  hay que ponerle entusiasmo y meterse en la historia.

Jardín Maternal Municipal Chascomús, Provincia de Buenos Aires, Argentina.

> El niño te va a interrumpir y esto hay que aceptarlo como parte de la historia. Querrá saber más, hacer sus aportaciones, preguntar…: un niño pequeño no está callado ni quieto durante un cuento. Entonces, tienes que aprovechar esto en beneficio de la historia y de su aprendizaje.

> Si el niño no ha entendido lo que hemos dicho o leído, repite la frase o hazle un resumen.

> Ten paciencia si te pide que le cuentes el mismo cuento varios días. Esto les da seguridad porque conocen la historia, pueden hacer nuevas sugerencias, han imaginado distintos desarrollos… y además acelera la adquisición de vocabulario.

> Cuando ya no son tan pequeños y sobre todo con cuentos que ya conocen puedes hacer pequeñas “trampas”, cambiar palabras, añadir frases sin sentido… porque el resultado absurdo les sorprende y divierte.

> Es importante que visiten alguna biblioteca, para escuchar narradores profesionales, para elegir nuevos libros para llevarse a casa. También ir a la librería si queremos hacerle un regalo especial y que elija él mismo.

> En definitiva, al leerles en voz alta, al narrarles cuentos, creamos momentos compartidos con nuestros niños de gran valor emocional y logramos que empiecen a amar los libros, a interesarse por ellos y con suerte a que en el futuro sean buenos lectores y se interesen por leer ellos mismos nuevas historias. Pero aún queda mucho para eso, así que empecemos a pensar ¿qué libros son los mejores para niños pequeños? Bueno este es un GRAN tema que pronto lo desarrollaré en otra nota.

> No prives a los niños de la riqueza de narrar y leer, es un hábito saludable a nivel personal y familiar y esperamos que con estos consejos para narrar o leer a niños pequeños, muchos más se embarquen en esta aventura. ¡Felices cuentos, feliz lectura!

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Festivales/Encuentros, Literatura, Narración oral, Narrar a la primera infancia

Festival MilHojas – Del 26 de Mayo al 7 de Junio – En vivo por Youtube

Encuentro virtual – Iberoamericano de Literatura Infantil para mediadores y familias.

Me enteré de este valioso festival por la narradora y escritora Argentina, Maryta Berenguer. Leer que Mar Benegas será una de las talleristas es un lujo (La conocí en la Cita de Narradores de Bahía Blanca y es imperdible) Entónces le escribí un mail a su Directora al Programa Cuentacuentos: Alejandra Hurtado Cicarelli. Qué muy amablemente me autorizó a publicarlo en este medio.

¡Aquí toda la información!

¿Cómo será el festival? ¿ Dónde será?

Será un ENCUENTRO VIRTUAL para la comunidad directa de Barcelona, España, desde Chile y para los que quieran en Iberoamérica. Está organizado por Fundación Mustakis

Han construído un FESTIVAL con grandes y maravillosos profesionales vinculados al libro, destacando la poesía infantil.

Habrá actividades para mediadores formales es decir profesores, bibliotecarios y afines; también actividades para adultos mayores de 18 en general, actividades familiares e infantiles.

Sólo los cursos de Mar Benegas y taller de bitácoras requieren inscripción, todo lo demás será transmitido por YouTube y es de capacidad ilimitada.

Pero, posterior a la transmisión en directo, dejaran grabadas todas las sesiones para los que no pudieron ver el vivo.

Va la programación completa:

Realmente ¡Será una fiesta! Tengan en cuenta que los horarios son de España y de Chile , realicen la conversión de la hora de sus países de procedencia para no perderse todo lo que pueden aprender, disfrutar y gozar desde el 26 de mayo al 7 de junio.

La Fundación Mustakis es una comunidad preciosa, y todos estamos invitados a esta gran fiesta.

Les dejo este link donde encontrarán toda la información festivalmilhojas.fundacionmustakis.org

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Literatura, Narración oral, Narrar a la primera infancia, Nota

Voz y Palabra – Los primeros libros del bebé

En la primera infancia, los bebés, aprehenden el mundo a través de la voz

Los bebés sienten la necesidad de explorar el mundo que les rodea. Los libros se convierten en grandes aliados a la hora de despertar los sentidos, de acercarlos a sus primeros conocimientos. El primer libro del bebé es la voz materna, este texto se inicia antes de nacer y tiene su desarrollo más intensamente durante los primeros años de vida.

Luego aparecerán los textos muy cortos y las primeras rimas. Canciones y poesías, serán las texturas y también los sonidos. Los colores contrastados que ayudan a desarrollar la vista. Las formas sencillas después.

Libros de tela, para que puedan manipular solitos. Libros con textos cortos, sencillos pero con imágenes con colores vivos, formas y texturas para explorar.

Leer y narrar a un bebé le ayuda a ampliar su vocabulario, estimula, mejora su imaginación y mejor sus habilidades comunicativas. Cuanto más le hables a tu bebé desde el primer día, más se favorece su desarrollo cognitivo.

Algunas sugerencias para contar a los bebes

*Intentar narrar o leerles todos los días.

*Generar un momento relajado, divertido. con abrazos.

*Hacer voces de personajes, onomatopeyas, jugar con los movimientos.

*Jugar con las repeticiones, de palabras, de frases.

*Convertir ese momento en un tiempo de juego y acercamiento.

Dos poesías para disfrutar con tu bebé

Jugar con las palabras y la imaginación no es perder el tiempo,es acercarse a la realidad y apoderarse de las palabras.

Gianni Rodari

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