Narración oral, Nota

La voz del silencio

¿Porqué hablar de silencio en la narración oral? ¿No es cierto que la narración se basa en las palabras y en las historias que encierran todas esas palabras? En esta nota descubriremos que el SILENCIO es muy importante a la hora de ponerle voz a nuestros cuentos.

¡Silencio!

El Silencio está detrás, detrás de la palabra, de la música, del ruido, al otro lado de la noche, del muro, debajo de la tierra, más allá del horizonte, más alto que el cielo, en las profundidades del mar. Cuando la Humanidad llegó a la luna encontró sobre todo silencio. 

También había Silencio más cerca, más adentro, en su propio interior, mezcla de emociones, imágenes y pensamientos difusos, bordeando siempre el lenguaje. 

Como todo lo que existe, el silencio es relativo, está sujeto a circunstancias de todo tipo, también históricas. No posee la misma relevancia en la época de Bach, por ejemplo, que en la actualidad. En el s. XVIII los estímulos auditivos cotidianos se ubicaban más en la esfera de lo natural que de lo artificial (entendiendo este último término no peyorativamente con el sentido de “falso” o “ficticio” sino con el de “hecho por el ser humano”). Sometidos al trasiego diario de los ruidos naturales (por aquel entonces lo más cercano a la contaminación acústica procedente del desarrollo tecnológico debía andar entre el golpe de martillo y el rechinar del carruaje), la música se convertía en una experiencia sonora de carácter casi milagroso mientras que el silencio se ubicaba dentro del ámbito de lo rutinario. Hoy en día, sin embargo, sometidos entre otros muchos ruidos a la planicie auditiva del hilo musical y a la saturación de mensajes y opiniones, infinitos, el silencio se ha vuelto incómodo para algunas personas y absolutamente necesario para otras. Hasta se ha llegado a temerle al silencio. En nuestro oficio el silencio es necesario por muchas razones.

SilenciO, SilencioS e HistoriaS 

En el mundo de palabras por el que circulan los contadores de historias, es importante controlar esa predisposición natural al verbo. 

“La elocuencia no es una cuestión de palabras, sino también de silencios… “, dice David Le Bretón. 

Queda claro, la narración oral no sólo es decir, también callar y esta cualidad inherente a todo buen narrador otorga a la oralidad un punto de inflexión paradójico: las palabras silencian, las pausas dicen, y a través de esta aparente contradicción, la partitura de la historia va más allá de lo contado hasta crear un espacio propio, una oquedad, una quietud casi mítica.

SILENCIOS Y PALABRAS

[…] – ¿Qué son estos trocitos de cinta que tiene usted en esta lata?
Murke se ruborizó.
-Son… -dijo-. Es que colecciono un tipo especial de recortes.
-¿Qué tipo de recortes?

-Silencios -dijo Murke-, colecciono silencios.
Humkoke le miró interrogativamente y Murke continuó:

-Cuando tengo que cortar trozos de las cintas, donde los oradores han hecho una pausa, también suspiros, inspiraciones o silencios absolutos-, no los tiro al cesto de los papeles; me los guardo.

-¿Y qué hace usted con los recortes?

-Los uno, y me paso la cinta en casa por la noche. No es mucho; todavía no tengo más que tres minutos, pero es que la gente calla poco. […]

Fragmento extraído de “La colección de silencios del Dr. Murke” de
Heinrich Böll

En la comunicación diaria los silencios expresivos cumplen dos funciones diferentes. 

Por un lado actúan como la respiración de las palabras, impidiendo que los sonidos se apelotonen, creando un ritmo fluido en la elocución, evitando que el emisor se canse e introduciendo al oyente en una melodía hablada que facilita la recepción del mensaje, melodía cuyos puntos de apoyo se encontrarán tanto en la entonación como en el manejo inteligente de las pausas. 

En segundo lugar, permitirán amplificar el mensaje introduciendo elementos provenientes del lenguaje corporal: gestos y miradas.

El Silencio.

Siempre. 

El Silencio en el origen, aquel que se instaura en quien narra antes de comenzar el cuento y que llega a los oyentes a través de su presencia, como un presagio a las palabras. 

El relato que resuena en el silencio de la sala. 

Los silencios expresivos que dinamizan la historia aligerando su peso. 

El lenguaje gestual del narrador que incide de manera directa en el oyente: con una mirada se siente aludido, con una sonrisa, cómplice. 

El control de la información y de la afectividad que se ejerce a través de los silencios, para estimular la atención de los que escuchan. Cada pausa abre una ventana, una brecha de deseo, una impaciencia, la emoción de un posible descubrimiento, creando en el auditorio la tensión emotiva de la espera. 

Cuando la historia calla por un instante en los labios de quien cuenta, todo se paraliza menos la propia historia que de una forma misteriosa permanece en el aire creando sensaciones, imágenes, como un hilo finísimo que latiera a un tiempo en el interior de todos los presentes. 

Como contadores de historias decimos amar la palabra. Quizá de algún modo nos toque plantearnos de qué manera restaurar su valor. 

Lo dicho pasa. Sólo el Silencio perdura. 

Si algo se ha extirpado a la palabra es su capacidad de generar Silencio.

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Para leer un poco más los invito a leer en “Imaginaria” Revista quincenal sobre Literatura Infantil y Juvenil – n° 275 – 27/7/10 – La voz nace del silencio Por Celicia Bajour https://imaginaria.com.ar/2010/07/la-voz-nace-del-silencio/

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