Mis propios cuentos

Un cuento de Emilce Brusa

Tormenta

Relato de la serie FotoNarrativa. A partir de una foto he escrito la historia.

Primero se oscureció el día, luego una luz blanca iluminó el cielo, siguieron los truenos ensordecedores y al final la lluvia torrencial. La ciudad fue testigo. Y ellos aguardaban.

Adentro, las mesas de un bar estaban adornadas con floreros cachados y la soledad de las yerberas. En el techo una aureola húmeda y al cabo de un rato una gota, luego otra y otra más… en el piso un charco, alguien acomodó un balde verde atrapándolas. Ellos seguían atentos, dándole tiempo al tiempo.

Afuera las calles se cubrían de agua y se desagotaban por el paso de los vehículos que formaba oleajes. Las veredas se llenaron de agua y barro, charcos oscuros formaban figuras extrañas. Sobre los techos de las casas se escuchaban golpes como qué alquien o algo quería desesperadamente entrar. Desde las ventanas se veían los focos del alumbrado público encendidos, como una cortina de finas tiritas trasparentes.

Botas, capas, paraguas, bolsas de plástico, diarios todo sirvió para resguardarse, también cornisas, techos, marquesinas, negocios, bares. No purieron evitar que zapatos, medias, pies, pantalones, sacos, cabellos mojados,quedaran empapados. Un solo perfume flotaba en el aire. Aroma agrio, penetrante, ácido, repugnante. Todo encharcado. Y… ellos confiaban.

Al cabo de dos días todo terminó. Así, sí! cómo dice el dicho: “siempre que llovió, paró”, por fin, el sol salió. Y ellos, los que estuvieron atentos, los que daban tiempo, los que aguardaban… Ellos, los miserables mosquitos, salieron hambrientos a hacer lo que tenían que hacer.

Autora: Emilce Brusa

Puntuación: 1 de 5.